Actualizado en marzo, 2026 por Manuel Sánchez Ruiz
Fenómenos Celestes
Actualizado marzo 2026
Una aurora boreal funciona exactamente igual que un tubo de neón: electrones acelerados golpean un gas, sus átomos se excitan y al volver a su estado natural emiten luz de un color muy concreto. La diferencia es la escala. En lugar de un tubo de vidrio de medio metro, el tubo es la atmósfera terrestre. Y en lugar de neón, el gas es oxígeno y nitrógeno a entre 95 y 400 km de altitud. En mayo de 2024, una tormenta geomagnética G5 encendió ese tubo sobre 55 países y los 7 continentes, y España vio auroras boreales por primera vez en 86 años. Así es cómo se forman las auroras boreales, por qué tienen esos colores y dónde puedes verlas tú.
Lo esencial
Qué son: Cortinas de luz en la alta atmósfera, causadas por electrones del viento solar que excitan átomos de oxígeno y nitrógeno.
Por qué tienen color: Cada gas emite un color específico: el oxígeno produce verde (557,7 nm) y rojo (630 nm), el nitrógeno azul y violeta.
Dónde verlas: Normalmente por encima de 65° N (Noruega, Islandia, Canadá). Con tormentas fuertes (Kp 7-9), bajan hasta latitudes de España.
Mejor momento: Equinoccios (septiembre-octubre y marzo-abril), cielos oscuros, y estamos en el máximo del Ciclo Solar 25.
Auroras boreales: cómo se forman paso a paso
Todo empieza en el Sol. Nuestra estrella no solo emite luz y calor: también expulsa un flujo continuo de partículas cargadas (protones y electrones) llamado viento solar, que viaja a entre 400 y 800 km/s. A esa velocidad, tarda entre 2 y 4 días en recorrer los 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol.
Cuando ese viento llega a la Tierra, choca con algo invisible pero esencial: la magnetosfera, el escudo magnético generado por el hierro fundido que gira en el núcleo terrestre. La magnetosfera desvía la mayor parte de las partículas. Pero no todas. Algunas se filtran por los polos magnéticos, donde las líneas de campo convergen y forman un embudo natural.
Una vez dentro, los electrones son acelerados por ondas electromagnéticas llamadas ondas de Alfvén. Un estudio publicado en Nature Communications (2021) demostró que estas ondas aceleran los electrones hasta unos 20.000 km/s, un 7% de la velocidad de la luz. Esos electrones hiperrápidos bajan hacia la atmósfera y colisionan con átomos de oxígeno y nitrógeno.
Y aquí viene la física del neón: cuando un electrón choca con un átomo de oxígeno, le transfiere energía y lo excita (eleva un electrón del átomo a un nivel energético superior). Ese electrón excitado no puede quedarse ahí arriba para siempre, así que vuelve a caer a su estado natural y, al hacerlo, emite un fotón: luz visible de un color muy preciso.
EL NEÓN GIGANTE DEL CIELO
Un tubo de neón de una cafetería y una aurora boreal funcionan con el mismo principio: electrones acelerados excitan átomos de un gas, y esos átomos devuelven la energía en forma de luz de un color específico. La diferencia es que el tubo del bar mide 60 cm y el de la aurora mide 300 km de alto.
Por qué las auroras boreales tienen esos colores
El color de una aurora no es aleatorio. Depende de dos factores: qué gas golpean los electrones y a qué altitud ocurre la colisión. Cada combinación produce una longitud de onda específica, igual que cada gas dentro de un tubo de neón genera un color distinto.
El verde es el color más común. Se produce cuando los electrones golpean átomos de oxígeno entre 100 y 300 km de altitud. El átomo excitado emite un fotón a exactamente 557,7 nm, una transición llamada «prohibida» porque el electrón tarda 0,7 segundos en caer a su estado base. ¿Por qué «prohibida»? Porque en condiciones normales de laboratorio (alta presión), otra molécula chocaría contra ese átomo antes de que pasara el medio segundo necesario, y la emisión nunca ocurriría. Pero a 150 km de altitud, la atmósfera es tan tenue que el átomo tiene tiempo de sobra.
El rojo aparece por encima de 300 km, donde la densidad del oxígeno es aún menor y permite una transición aún más lenta (a 630 nm). Por debajo de 95 km, la densidad es demasiado alta: las colisiones entre moléculas desexcitan el oxígeno antes de que pueda emitir su fotón verde. Ahí domina el nitrógeno, que produce tonos azules y violetas por debajo de los 100 km.
| Color | Gas responsable | Altitud | Longitud de onda |
|---|---|---|---|
| Verde | Oxígeno | 100-300 km | 557,7 nm |
| Rojo | Oxígeno | 300-400 km | 630,0 nm |
| Azul / Violeta | Nitrógeno | Por debajo de 100 km | 391-470 nm |
| Rosa / Magenta | Nitrógeno (borde inferior) | ~80-95 km | Mezcla N₂ + O₂ |
La próxima vez que veas una fotografía de aurora con la base rosa, el centro verde y la parte superior roja, ya sabes lo que estás viendo: la misma física del neón, operando a tres altitudes distintas con dos gases diferentes.
Simulación de cortina auroral
espacioentrelazado.es
Animación CSS de una aurora boreal: las ondas verdes representan oxígeno a 100-300 km, el violeta superior es oxígeno a mayor altitud y nitrógeno en la base · espacioentrelazado.es
El ciclo solar 25 y por qué ahora es el mejor momento para ver auroras
La actividad auroral depende directamente del Sol. Y el Sol tiene un ciclo de actividad magnética de aproximadamente 11 años, durante el cual pasa de un mínimo (pocas manchas solares, pocas erupciones) a un máximo (muchas manchas, erupciones frecuentes, más eyecciones de masa coronal).
Estamos en el Ciclo Solar 25, y ha resultado ser mucho más activo de lo previsto. La NASA y la NOAA predijeron un máximo con un número de manchas solares (SSN) de unas 115. La realidad: en octubre de 2024 se alcanzó un SSN de 161, un 40% por encima de lo esperado. El resultado ha sido una serie de tormentas geomagnéticas que han regalado auroras en latitudes donde no se veían desde hacía décadas.
161
manchas solares en octubre de 2024 (SSN)
Se esperaban 115. Un 40% más de lo previsto — NASA/NOAA, diciembre 2024
¿Qué significa esto para ti? Que entre 2024 y 2027 tienes la mejor ventana para ver auroras de los últimos 20 años. Y las tormentas recientes lo confirman.
La noche que España vio auroras por primera vez en 86 años
El 10 de mayo de 2024, una serie de eyecciones de masa coronal (CME) golpearon la magnetosfera terrestre y desencadenaron la tormenta geomagnética más intensa desde 2003: una tormenta G5, la categoría máxima en la escala de la NOAA. La densidad de electrones en la ionosfera cayó un 98%, un colapso casi total del escudo superior de la atmósfera.
El óvalo auroral, que normalmente se sitúa a unos 67-68° de latitud geomagnética, se expandió hasta cubrir latitudes de 40° N e incluso inferiores. En la práctica: aurora boreal visible desde Madrid, Barcelona, Mallorca e incluso partes de Andalucía. No había ocurrido desde 1938.
Y no fue un caso aislado. En noviembre de 2025, otra tormenta G4 con CMEs a velocidades de 1.500 km/s volvió a traer auroras a cielos españoles. En enero de 2025, una G4 produjo fotografías de auroras desde Ávila y Almería. Los observadores en el Observatorio del Roque de los Muchachos en La Palma también registraron el fenómeno.
¿Cómo se mide la intensidad de una tormenta?
Se usa el índice Kp (0-9), que mide la perturbación del campo magnético terrestre. Un Kp de 5 (tormenta G1) basta para ver auroras en Escandinavia. Con Kp 7 (G3), se ven desde Londres o Chicago. Con Kp 9 (G5), llegan hasta España, México o el norte de África. En mayo de 2024, el Kp tocó el techo de la escala.
Auroras boreales: dónde verlas y cuál es el mejor mes
En condiciones normales (sin tormentas fuertes), necesitas estar dentro o cerca del óvalo auroral, una franja que rodea los polos magnéticos entre los 65° y los 72° de latitud. Los mejores destinos son aquellos con cielos oscuros, noches largas y acceso al óvalo auroral.
Los mejores meses para ver auroras boreales son los equinoccios: septiembre-octubre y marzo-abril. Esto no es casualidad. Durante los equinoccios, el eje magnético de la Tierra queda orientado de forma que las grietas en la magnetosfera son mayores, permitiendo que más partículas solares penetren. Además, necesitas oscuridad: desde finales de septiembre hasta finales de marzo tienes noches lo bastante largas en latitudes altas.
| Destino | Latitud | Mejor época | Kp mínimo necesario |
|---|---|---|---|
| Tromsø (Noruega) | 69° N | Sep – Mar | Kp 2-3 |
| Islandia (Reikiavik) | 64° N | Sep – Abr | Kp 3 |
| Rovaniemi (Finlandia) | 66° N | Sep – Mar | Kp 2-3 |
| Fairbanks (Alaska) | 65° N | Sep – Abr | Kp 2-3 |
| Yellowknife (Canadá) | 62° N | Sep – Abr | Kp 3 |
| Escocia (Highlands) | 57° N | Oct – Mar | Kp 5 (G1) |
| España (centro-norte) | 40° N | Máximo solar | Kp 8-9 (G4-G5) |
Si planeas un viaje específico para ver auroras, la regla de oro es: cuanto más al norte, más probabilidad. En Tromsø o Fairbanks, un cielo despejado en temporada te da una probabilidad superior al 80% si te quedas tres noches. En Islandia o Finlandia, ronda el 70%. Desde España, necesitas una tormenta G4 o G5, algo que ocurre unas pocas veces por ciclo solar.
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Aurora boreal vs. aurora austral: no son espejos perfectos
Existe una creencia popular de que las auroras boreales (polo norte) y las auroras australes (polo sur) son reflejos exactos la una de la otra, como si miraras el cielo en un espejo. Durante mucho tiempo, los científicos también lo asumían.
Pero en 2009, observaciones simultáneas desde ambos hemisferios demostraron que no son simétricas. Las diferencias se deben a que el campo magnético terrestre no es un dipolo perfecto: su eje está inclinado unos 11° respecto al eje de rotación, y la geometría del viento solar interactúa de forma ligeramente distinta con cada polo. Las auroras boreales y australes pueden tener formas, intensidades y posiciones diferentes al mismo tiempo.
Mito frecuente
«Las auroras boreales y australes son siempre iguales, solo que en polos opuestos.» Falso. Desde 2009 sabemos que son asimétricas. Pueden diferir en forma, posición e intensidad porque el campo magnético terrestre no es un dipolo perfecto y el viento solar interactúa de forma distinta con cada polo.
La aurora austral es más difícil de ver simplemente por geografía: en el hemisferio sur, las latitudes altas caen sobre la Antártida y el Océano Antártico, donde no hay mucha gente mirando al cielo. Los mejores lugares para verla son Tasmania, el sur de Nueva Zelanda y la Patagonia argentina, pero requieren tormentas más fuertes que las de Escandinavia.
STEVE: la aurora que no es una aurora
En 2016, un grupo de cazadores de auroras canadienses fotografió una banda estrecha de luz púrpura y verdosa que no encajaba con ningún patrón auroral conocido. La llamaron STEVE (Strong Thermal Emission Velocity Enhancement), un nombre que empezó como broma y terminó siendo oficial en los papers científicos.
STEVE no es una aurora convencional. Mientras que las auroras las causan electrones que golpean la atmósfera, STEVE es un flujo de plasma a 3.000 °C que se desplaza a 6 km/s a una altitud de unos 450 km, con solo 25 km de ancho. Los datos del satélite Swarm de la ESA confirmaron su naturaleza única. Se ve como una franja de color malva o verdoso que cruza el cielo de este a oeste, normalmente a latitudes ligeramente menores que el óvalo auroral.
STEVE en números
Ancho: solo 25 km (una aurora puede cubrir cientos de km)
Altitud: ~450 km (más alto que las auroras verdes)
Temperatura del plasma: 3.000 °C
Velocidad del flujo: 6 km/s (21.600 km/h)
Auroras en otros planetas: Júpiter rompe todas las escalas
La Tierra no es el único planeta con auroras. Cualquier mundo con campo magnético y atmósfera puede producirlas. Pero Júpiter está en otra liga. Sus auroras son cientos de veces más brillantes que las terrestres y permanentes: no necesitan tormentas solares porque el planeta gigante del sistema solar tiene sus propias fuentes de partículas cargadas, sobre todo volcanes de azufre de su luna Ío.
En 2025, el telescopio James Webb (JWST) reveló estructuras de temperatura en las auroras jovianas que nunca se habían observado. Las imágenes en infrarrojo mostraron capas de calor organizadas de forma que los modelos anteriores no predecían. Saturno, Urano y Neptuno también tienen auroras, pero las de Urano son especialmente curiosas: como su eje de rotación está inclinado 98°, las auroras no aparecen en los polos, sino casi en el ecuador.
Incluso Marte, que perdió su campo magnético global hace unos 4.000 millones de años, muestra auroras localizadas en zonas donde la corteza conserva magnetización residual. La sonda MAVEN de la NASA las ha observado en ultravioleta. La Vía Láctea y sus miles de millones de estrellas albergan sin duda innumerables mundos con auroras propias, cada uno con colores que dependen de la composición de su atmósfera.
Lo que todavía no sabemos sobre las auroras boreales
A pesar de siglos de observación, las auroras siguen guardando preguntas abiertas. La confirmación de que las ondas de Alfvén aceleran los electrones aurorales llegó en 2021, pero el mecanismo exacto por el que esas ondas se generan en la magnetosfera durante las subtormentas magnéticas sigue siendo objeto de debate.
Tampoco entendemos del todo STEVE. Sabemos que no es una aurora convencional, pero no hay consenso sobre qué mecanismo físico produce su emisión de luz visible. ¿Es simplemente incandescencia del plasma caliente? ¿O hay una componente de excitación atómica que no hemos identificado?
La predicción de tormentas geomagnéticas también tiene un techo. Podemos detectar una CME cuando sale del Sol y estimar cuándo llegará (2-4 días), pero la orientación del campo magnético que trae (el llamado componente Bz) solo se conoce cuando la CME pasa por los satélites en el punto L1, unos 30-60 minutos antes del impacto. Y ese componente Bz es el que determina si la tormenta será suave o brutal. Predecir auroras con más de una hora de antelación sigue siendo uno de los grandes retos de la meteorología espacial.
LA PARADOJA DE LA PREDICCIÓN
Podemos ver una eyección de masa coronal salir del Sol y calcular que llegará en 2-3 días. Pero si será una tormenta G1 aburrida o una G5 histórica solo lo sabremos cuando la CME pase por los satélites del punto L1, a 1,5 millones de km de la Tierra. Eso nos da entre 30 y 60 minutos de aviso real. Es como saber que viene un tren, pero no saber si es un cercanías o un AVE hasta que lo ves llegar a la estación.
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Preguntas frecuentes
¿Se pueden ver auroras boreales desde España?
Sí, pero solo durante tormentas geomagnéticas muy intensas (G4 o G5, con un índice Kp de 8-9). En mayo de 2024 se vieron desde Madrid, Barcelona, Mallorca y Andalucía por primera vez desde 1938. En noviembre de 2025 y enero de 2025 también hubo avistamientos desde el centro y sur de España.
¿Cuál es el mejor mes para ver auroras boreales?
Los equinoccios son estadísticamente los mejores periodos: septiembre-octubre y marzo-abril. Durante los equinoccios, la orientación del campo magnético terrestre respecto al viento solar facilita que más partículas penetren en la magnetosfera. Además, las noches son largas sin llegar a la claridad perpetua del verano ártico.
¿Por qué las auroras boreales son verdes?
El verde es el color más común porque lo produce el oxígeno atómico a entre 100 y 300 km de altitud. Los electrones del viento solar excitan el oxígeno, que emite un fotón a 557,7 nm (verde) al volver a su estado fundamental. Esta transición tarda 0,7 segundos, algo que solo es posible en la tenue atmósfera de esa altitud.
¿La aurora boreal y la aurora austral son iguales?
No exactamente. Desde 2009 se sabe que son asimétricas. Aunque ambas se generan por el mismo proceso físico, el campo magnético terrestre no es un dipolo perfecto, y el viento solar interactúa de forma ligeramente distinta con cada polo. Las auroras de ambos hemisferios pueden tener formas, intensidades y posiciones diferentes al mismo tiempo.
¿Qué es STEVE y en qué se diferencia de una aurora?
STEVE (Strong Thermal Emission Velocity Enhancement) es una banda estrecha de luz púrpura-verdosa que no es una aurora convencional. Mientras las auroras las causan electrones golpeando la atmósfera, STEVE es un flujo de plasma a 3.000 °C que se mueve a 6 km/s a unos 450 km de altitud. Fue confirmado como fenómeno independiente por el satélite Swarm de la ESA.
¿Tienen auroras otros planetas del sistema solar?
Sí. Júpiter tiene las más espectaculares: cientos de veces más brillantes que las terrestres y permanentes, alimentadas por partículas de su luna Ío. Saturno, Urano y Neptuno también las tienen. Incluso Marte muestra auroras localizadas en zonas donde su corteza conserva campo magnético residual, detectadas por la sonda MAVEN.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— NASA: Auroras — Sun-Earth Connection (science.nasa.gov/sun/auroras)
— NASA Earth Observatory: Aurora During May 2024 Geomagnetic Storm (earthobservatory.nasa.gov)
— NASA/NOAA: Solar Cycle 25 Update, December 2024 — SSN 161 en octubre 2024
— Schroeder, J. W. R. et al. (2021): Laboratory measurements of the physics of auroral electron acceleration by Alfvén waves. Nature Communications, 12, 3103
— Canadian Space Agency: The Science Behind Auroral Colours (asc-csa.gc.ca)
— ESA Swarm Mission: STEVE — A New Type of Optical Phenomenon (esa.int)
— SpaceWeatherLive: Kp Index and Auroral Visibility (spaceweatherlive.com)
— NASA JWST: Jupiter Aurora Observations 2025 (webbtelescope.org)
— Østgaard, N. et al. (2009): Conjugate observations of auroral asymmetry. Science/AAAS







