Actualizado en julio, 2026 por Manuel Sánchez Ruiz
Tecnología espacial
Actualizado julio 2026
Cada reloj atómico que vuela en un satélite GPS sale de fábrica deliberadamente estropeado. Lo ajustan para que vaya lento antes de subirlo al cohete, porque una vez arriba, a 20.200 kilómetros de altura, el tiempo pasa más deprisa que aquí abajo. Si nadie hubiera corregido eso, tu móvil te situaría cada día diez kilómetros más lejos de donde estás. Los satélites de navegación son el sistema civil más masivo jamás construido que depende, literalmente, de que Einstein tuviera razón.
Lo esencial
Qué son: satélites que no te localizan a ti. Solo emiten la hora y su propia posición. Quien calcula dónde estás es tu receptor.
Cuántos hay: 31 operativos en el GPS estadounidense, y alrededor de 130 satélites de navegación activos sumando las cuatro constelaciones globales.
Dónde están: a 20.200 km en el caso del GPS, en seis planos orbitales inclinados 55 grados. Dan una vuelta cada 11 horas y 58 minutos.
Cuántos necesitas: cuatro a la vista. Tres para las coordenadas y uno más para corregir el reloj barato que llevas en el bolsillo.
Precisión real: entre 3 y 5 metros con un móvil normal. Menos de un centímetro con equipos profesionales y correcciones en tierra.
Qué son los satélites de navegación (y qué no hacen)
Empecemos por deshacer el malentendido más extendido. Los satélites de navegación no te ven, no te siguen y no saben que existes. No reciben nada de tu teléfono. Su trabajo es mucho más aburrido y mucho más elegante: repiten sin descanso un mensaje de radio que dice, en esencia, «soy el satélite número tal, estoy exactamente en estas coordenadas y en mi reloj son las 14:03:22,000000117».
Eso es todo. La señal viaja hacia abajo y cualquiera con una antena puede escucharla. Quien hace el trabajo de calcular es el chip de tu móvil, que compara la hora que trae el mensaje con la hora a la que le llega y deduce cuánto ha tardado. Como la señal viaja a la velocidad de la luz, ese retraso se convierte en distancia.
POR QUÉ LA PRECISIÓN DEL RELOJ LO ES TODO
La luz recorre 30 centímetros en mil millonésimas de segundo. Traducido: si el reloj del sistema se equivoca en una millonésima de segundo, tu posición se equivoca en 300 metros. Un error de una milésima te manda a 300 kilómetros. Por eso cada satélite lleva a bordo relojes atómicos de cesio o rubidio, y por eso el GPS es, antes que un sistema de posicionamiento, un sistema de distribución de la hora exacta.
Esta familia es solo una de las que orbitan sobre tu cabeza. Comparten el cielo con los satélites de comunicaciones que retransmiten televisión y datos, con los meteorológicos, con los observatorios que estudian el universo desde el espacio y con los satélites de reconocimiento militar. Lo que distingue a los de navegación es que su producto no son imágenes ni ancho de banda: es tiempo.
Cómo te localiza el GPS en cuatro pasos
Tu receptor escucha y mide el retraso
Capta el mensaje de un satélite y compara la marca de tiempo que viene dentro con su propio reloj. La diferencia, multiplicada por la velocidad de la luz, da la distancia. Un satélite del GPS está a unos 20.200 km, así que su señal tarda alrededor de 67 milésimas de segundo en llegar.
Con esa distancia dibuja una esfera
Saber que estás a 20.200 km de un satélite concreto te sitúa en algún punto de una esfera gigante centrada en él. Todavía no sirve de nada, pero es el primer corte.
Repite con un segundo y un tercer satélite
Dos esferas se cortan en una circunferencia. Tres se cortan en dos puntos, y uno de ellos suele estar dentro de la Tierra o disparado hacia el espacio, así que se descarta solo. Esto es la trilateración, y no tiene nada que ver con la triangulación de ángulos que se usa en topografía.
El cuarto satélite arregla tu reloj
Aquí está la jugada maestra del diseño. Tu móvil no lleva un reloj atómico de 50.000 euros, lleva un oscilador de cuarzo que se desvía constantemente. Con un satélite más, el sistema tiene cuatro ecuaciones y cuatro incógnitas: latitud, longitud, altitud y el error de tu propio reloj. Lo resuelve todo a la vez. Por eso tu teléfono, sin proponérselo, mantiene la hora con precisión atómica.
Las cuatro constelaciones globales
El GPS dejó de estar solo hace tiempo. Hoy hay cuatro sistemas con cobertura mundial completa, cada uno construido por una potencia que no quería depender de la infraestructura militar de otra. En marzo de 2026 sumaban en torno a 130 satélites activos.
GPS
Estados Unidos · operativo desde 1995
SATÉLITES OPERATIVOS
31 (base de diseño: 24)
ALTURA
20.200 km
VUELTA COMPLETA
11 h 58 min
SEÑAL CIVIL ABIERTA
Sí, desde el año 2000
Galileo
Unión Europea · civil por diseño
SATÉLITES
Constelación de unos 30
ALTURA
23.222 km (la más alta)
VUELTA COMPLETA
14 h 7 min
RASGO PROPIO
Único bajo control civil
GLONASS
Rusia · heredero soviético
SATÉLITES
24 en 3 planos
ALTURA
19.100 km (la más baja)
VUELTA COMPLETA
11 h 15 min
INCLINACIÓN
64,8 grados, la mayor
BeiDou
China · global desde 2020
SATÉLITES
Unos 50 en servicio
ÓRBITAS
Mezcla media, geoestacionaria e inclinada
EN 2026
Renovación a 37 satélites de tercera generación
RASGO PROPIO
Mensajería corta bidireccional
Las cuatro constelaciones globales de navegación por satélite. BeiDou es la única que combina tres tipos de órbita distintos, lo que le da cobertura reforzada sobre Asia. Fuentes: gps.gov, Agencia de la UE para el Programa Espacial y navipedia (ESA). espacioentrelazado.es
Dónde orbitan los satélites de navegación
Los 20.200 kilómetros del GPS no son un capricho. Esa altura pone al satélite en una órbita media terrestre, y ahí se resuelve un compromiso: más abajo se moverían tan rápido sobre tu cabeza que harían falta cientos para mantener la cobertura, y más arriba la señal llegaría demasiado débil y la geometría empeoraría.
A esa altura, cada satélite da exactamente dos vueltas por día sidéreo. La consecuencia práctica es que la constelación entera repite su geometría sobre un punto de la Tierra cada 23 horas y 56 minutos, cuatro minutos antes que el día anterior. Es lo que permite predecir con antelación qué satélites estarán visibles y desde dónde.
| Tipo de órbita | Altura | Quién vive ahí | Vuelta completa |
|---|---|---|---|
| Baja (LEO) | 160 – 2.000 km | Estación Espacial Internacional, Starlink, satélites de observación | 90 – 120 min |
| Media (MEO) | 19.100 – 23.222 km | GPS, Galileo, GLONASS y el grueso de BeiDou | 11 – 14 h |
| Geoestacionaria (GEO) | 35.786 km | Televisión, meteorología, parte de BeiDou | 23 h 56 min |
Esa franja media tiene un inquilino incómodo. A 20.200 km, los satélites de navegación atraviesan de lleno el cinturón de radiación exterior de Van Allen, una región donde el campo magnético terrestre atrapa partículas cargadas a energías capaces de degradar la electrónica. Por eso su equipamiento va endurecido contra radiación y por eso duran menos de lo que durarían en las órbitas mucho más benignas de la franja baja donde vuelan Starlink y la ISS o en la cinta geoestacionaria de los 35.786 km.
El detalle que casi nadie cuenta: la relatividad
Aquí es donde el GPS deja de ser ingeniería y se convierte en el experimento de física más caro que usas a diario. Un reloj en órbita no marca el mismo tiempo que uno en tu cocina, y no por un fallo: porque el tiempo mismo transcurre distinto. Y ocurren dos cosas a la vez, en direcciones opuestas.
| Efecto | Causa | Qué le hace al reloj |
|---|---|---|
| Relatividad general | La gravedad es más débil a 20.200 km que en la superficie | Se adelanta 45 microsegundos al día |
| Relatividad especial | El satélite se mueve a unos 14.000 km/h respecto a ti | Se retrasa 7 microsegundos al día |
| Resultado neto | 45 menos 7 | Se adelanta 38 microsegundos al día |
Treinta y ocho microsegundos suena a nada. Pero recuerda la equivalencia: la luz recorre 300 metros en una millonésima de segundo. En 38 millonésimas recorre más de once kilómetros. Un sistema que acumulara ese desfase iría empeorando su cálculo día tras día.
10 km
de error acumulado cada día si no se corrigiera la relatividad
La solución de los ingenieros de los años setenta: fabricar los relojes desincronizados, latiendo algo más lentos que su frecuencia nominal de 10,23 MHz, para que al llegar a la órbita marquen el ritmo correcto
Lo que hace especial esta historia es el orden de los acontecimientos. Einstein publicó la relatividad general en 1915 como una reformulación abstracta de la gravedad, sin ninguna aplicación práctica a la vista. Sesenta años después, unos ingenieros militares tuvieron que meterla en el firmware de un satélite para que un excursionista pudiera encontrar el camino de vuelta.
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Por qué tu móvil ya no usa solo el GPS
Si tienes un teléfono comprado en los últimos años, ahora mismo no está escuchando al GPS. Está escuchando a los cuatro sistemas a la vez, y probablemente también a los regionales japonés e indio. Se llama recepción multiconstelación y cambió la experiencia de usar un navegador en ciudad más que ninguna otra mejora.
El motivo es geométrico. Con solo 31 satélites GPS repartidos por todo el planeta, desde un punto concreto ves unos nueve, y si estás en una calle estrecha entre edificios altos, los edificios te tapan la mayoría. Con 130 satélites disponibles, la probabilidad de tener cuatro bien repartidos por el trozo de cielo que te queda visible se dispara.
Conviene poner esos 130 en perspectiva dentro del conjunto de la tecnología espacial en órbita. Es una cifra minúscula al lado de los miles de satélites de la constelación Starlink, y ese contraste explica bastante: los de navegación no necesitan ser muchos porque están altos y cada uno cubre casi medio hemisferio, mientras que las constelaciones de internet vuelan bajo para reducir la latencia y por eso hacen falta a millares.
Un dato para discutir en la sobremesa
Hasta el 1 de mayo del 2000, Estados Unidos degradaba a propósito la señal civil del GPS con un sistema llamado disponibilidad selectiva. Los civiles tenían una precisión de unos 100 metros; los militares, de metros. Bill Clinton ordenó apagarlo esa noche y la precisión de todos los receptores del mundo mejoró unas veinte veces de golpe, sin que nadie tocara un solo aparato.
Dónde falla la navegación por satélite
La señal que llega a tu antena es extraordinariamente débil: sale del satélite con la potencia de una bombilla de bajo consumo y se reparte por medio planeta. Cuando alcanza el suelo es más tenue que el ruido de fondo de la propia electrónica del receptor. Eso explica casi todos sus problemas.
Bajo techo, deja de funcionar, porque una losa de hormigón basta para bloquearla. Entre rascacielos aparece el efecto multitrayecto: la señal rebota en las fachadas y llega dos veces, una directa y otra con retraso, y el receptor calcula una distancia mayor de la real. Y en la ionosfera, entre 50 y 1.000 km de altura, las partículas cargadas frenan ligeramente la señal, un error que los receptores de doble frecuencia corrigen comparando cómo afecta a dos bandas distintas.
Mito frecuente
«El GPS gasta datos móviles». No. La señal de los satélites es de solo bajada y gratuita: un receptor sin tarjeta SIM y en modo avión sigue calculando tu posición. Lo que consume datos es descargar el mapa sobre el que se dibuja esa posición, y el llamado GPS asistido, que baja por internet las órbitas previstas de los satélites para acortar el primer enganche de varios minutos a unos segundos.
Lo que todavía no está resuelto
La vulnerabilidad es el problema serio, y no es teórico. Como la señal es tan débil, un transmisor barato puede taparla en un radio de kilómetros. Eso es interferencia. La versión sofisticada es la suplantación: emitir señales falsas bien construidas para que el receptor calcule una posición equivocada creyendo que todo va bien. Los organismos de aviación llevan años registrando incidentes de ambos tipos en varias regiones del mundo.
La respuesta técnica va por dos caminos. Uno es la autenticación criptográfica de la señal civil, que Galileo ha desplegado para que el receptor pueda comprobar que el mensaje viene de quien dice. El otro es dejar de depender de un solo sistema: navegación inercial a bordo, relojes atómicos miniaturizados y referencias terrestres que tomen el relevo cuando el cielo falla.
Y hay una dependencia que casi nadie ve. Las redes eléctricas, las telecomunicaciones y los mercados financieros no usan estos satélites para saber dónde están —no se mueven— sino para saber qué hora es. La marca de tiempo de una transacción bursátil o la sincronización entre dos antenas de telefonía vienen de la misma constelación que te lleva a casa. Un apagón prolongado del sistema sería un problema mucho mayor que perderse conduciendo.
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Preguntas frecuentes
¿Cuántos satélites de navegación hay en órbita?
El GPS estadounidense mantiene 31 satélites operativos sobre una base de diseño de 24. Sumando las cuatro constelaciones globales —GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou— había alrededor de 130 satélites de navegación activos en marzo de 2026, sin contar los sistemas regionales de Japón y la India.
¿A qué altura orbitan los satélites GPS?
A unos 20.200 kilómetros sobre la superficie, lo que equivale a un radio orbital de unos 26.600 km medido desde el centro de la Tierra. Están repartidos en seis planos orbitales con una inclinación aproximada de 55 grados y completan una vuelta cada 11 horas y 58 minutos, medio día sidéreo.
¿Cuántos satélites necesita el GPS para ubicarte?
Cuatro a la vista. Tres bastarían para calcular latitud, longitud y altitud si tu receptor tuviera un reloj perfecto, pero no lo tiene. El cuarto satélite aporta la ecuación que permite resolver también el error de tu propio reloj. Desde cualquier punto del planeta suele haber unos nueve satélites GPS visibles.
¿Qué precisión tiene el GPS de un móvil?
Entre 3 y 5 metros en condiciones despejadas con un teléfono corriente. En ciudad, con rebotes en los edificios, puede degradarse a decenas de metros. Los equipos profesionales con doble frecuencia y correcciones desde estaciones terrestres bajan del centímetro, que es lo que usan la topografía y la agricultura de precisión.
¿Es mejor Galileo que el GPS?
No compiten: se suman. Tu móvil usa los dos a la vez y gana con ello. Galileo tiene dos ventajas propias: es el único sistema global bajo control civil en lugar de militar, y ofrece autenticación criptográfica de su señal abierta, lo que dificulta que alguien la suplante.
¿Puede alguien saber dónde estoy a través del GPS?
No a través de los satélites, que solo emiten y nunca reciben nada de tu dispositivo. Tu posición sale de tu teléfono cuando una aplicación la calcula y decide enviarla por internet. El seguimiento, cuando existe, es cosa del software que has instalado, no de la constelación.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Gobierno de Estados Unidos: GPS.gov, Space Segment (constelación, planos orbitales y precisión)
— ESA: Navipedia, fichas técnicas de Galileo, GLONASS y BeiDou
— R. W. Pogge (Ohio State University): Real-World Relativity: The GPS Navigation System
— Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacial (EUSPA): servicio de autenticación de mensaje de navegación de Galileo







