
En este artículo
- Primero, la parte imposible: que te elijan
- Doce meses aprendiendo lo básico
- La piscina donde se ensayan los paseos espaciales
- Entrenar la cabeza, que es lo que falla
- El cuerpo se estropea, y hay que contrarrestarlo
- El cambio de 2022: el primer parastronauta
- Lo que aún no se sabe entrenar
- Preguntas frecuentes sobre el entrenamiento de astronautas
- ¿Cuánto dura el entrenamiento de un astronauta?
- ¿Qué requisitos hay que cumplir para ser astronauta?
- ¿Cuántas personas se presentan a una convocatoria?
- ¿Cómo se practican los paseos espaciales?
- ¿Tienen que aprender ruso los astronautas?
- ¿Puede ser astronauta una persona con discapacidad?
A la última convocatoria de la Agencia Espacial Europea se presentaron más de 22.500 personas. Se eligieron 17. Y ese fue solo el trámite de entrada: después vienen doce meses de entrenamiento básico, el ruso obligatorio, la centrifugadora y años de espera hasta que te toque volar, si te toca. El entrenamiento de astronautas es menos heroico y mucho más largo de lo que parece en las películas.
Lo esencial
Entrar es lo más difícil: en la selección europea de 2022 se aceptó a 17 de más de 22.500 aspirantes. Menos de uno de cada mil.
Cuánto dura: doce meses de entrenamiento básico, y luego el específico de cada misión. Entre la selección y el primer vuelo suelen pasar varios años.
Dónde se entrena de verdad: en una piscina gigante. Siete horas sumergido por cada hora prevista de paseo espacial.
Lo que ha cambiado: desde 2022 hay un astronauta con discapacidad física en el cuerpo europeo, y en 2025 se declaró viable que vuele.
Primero, la parte imposible: que te elijan
Las cifras de una convocatoria dan vértigo. En la selección europea de 2021-2022 se presentaron más de 22.500 candidatos válidos, y salieron 17 plazas repartidas entre astronautas de carrera y reserva. Eso deja una tasa de aceptación por debajo del 0,1%: bastante más selectivo que cualquier universidad del mundo.
El proceso duró más de un año y fue eliminando por fases: revisión de expedientes, pruebas psicotécnicas y de razonamiento, exámenes médicos muy exigentes, entrevistas de grupo y entrevistas finales. Hay un detalle que sorprende: no se busca al más fuerte ni al más brillante, sino a alguien capaz de trabajar en un espacio del tamaño de un piso pequeño con la misma gente durante seis meses sin que la convivencia se rompa. La cabeza pesa más que el bíceps.
22.500 a 17
candidatos frente a plazas en la selección europea de 2022
Entre ellos, 1.361 solicitudes de personas con discapacidad, admitidas por primera vez
Sobre los requisitos formales hay bastante mitología. No hace falta ser piloto militar —eso era así en los años sesenta y dejó de serlo hace décadas—, ni medir una estatura concreta, ni tener la vista perfecta: hoy se admiten correcciones. Lo que sí se pide es una titulación universitaria en ciencias, ingeniería o medicina, experiencia profesional posterior, buena salud y un inglés sólido.
Doce meses aprendiendo lo básico
El entrenamiento básico dura un año y es el mismo para todos, hayan sido cirujanos o pilotos de caza. Se estudia mecánica orbital, sistemas de la estación, fisiología del vuelo espacial, robótica y operaciones científicas, porque un astronauta de la ISS pasa buena parte del tiempo ejecutando experimentos que ha diseñado otra persona.
Y se aprende ruso. No es opcional ni un adorno cultural: los mandos y la documentación del segmento ruso de la estación están en ruso, y hasta 2020 el único camino de ida y vuelta pasaba por una nave Soyuz. Los cosmonautas rusos, a su vez, aprenden inglés. Es de los pocos sitios donde la cooperación se ha mantenido pase lo que pase abajo.
Dónde se aprende cada cosa
La piscina
Siete horas sumergido en una réplica de la estación por cada hora de paseo espacial real. Flotar en agua es lo más parecido a la ingravidez que existe en la Tierra.
El avión de gravedad cero
Un avión describe parábolas y en cada caída libre regala unos 20-25 segundos de ingravidez auténtica. Se encadenan decenas por vuelo. Es la única forma de practicar de verdad, y sienta fatal al estómago.
La centrifugadora
Prepara para las aceleraciones del lanzamiento y, sobre todo, de una reentrada de emergencia, donde una Soyuz puede someter a la tripulación a ocho veces su peso.
La supervivencia en invierno
Días en los bosques nevados de Rusia y prácticas en el mar. Una cápsula puede aterrizar lejos de donde se espera, y el rescate tarda.
A esto se suman cientos de horas en simuladores idénticos a la nave y a los módulos de la estación, donde los instructores provocan averías a propósito.
El camino completo, desde que echas la solicitud hasta que despegas, se reparte en fases con duraciones bastante estables:
| Fase | Duración típica | En qué consiste |
|---|---|---|
| Selección | Más de un año | Expediente, psicotécnicos, pruebas médicas y entrevistas. De 22.500 a 17 |
| Entrenamiento básico | 12 meses | Sistemas de la estación, mecánica orbital, robótica, ruso, buceo y supervivencia |
| Entrenamiento avanzado | Alrededor de un año | Vehículos y módulos concretos, con simuladores y prácticas en varios países |
| Preparación de la misión | Unos 18 meses | Empieza al ser asignado: los experimentos, las salidas y las emergencias de esa misión |
| La espera | Variable, a veces años | Estar entrenado no da plaza: hay que esperar a que llegue una asignación |
La piscina donde se ensayan los paseos espaciales
El sitio donde de verdad se entrena para salir al vacío es un edificio con una piscina descomunal en Houston. Dentro hay una réplica sumergida de los módulos de la estación a tamaño real, y el astronauta trabaja con un traje lastrado hasta quedar en flotabilidad neutra: ni sube ni baja, exactamente como si estuviera en caída libre.
El ratio que se maneja es de siete horas de piscina por cada hora prevista de actividad extravehicular. Una salida típica dura entre seis y siete horas, así que hablamos de más de cuarenta horas de ensayo bajo el agua para una sola salida, repitiendo cada movimiento hasta automatizarlo.
Y hay una razón muy concreta para tanta insistencia: en el vacío, el traje presurizado se comporta como un globo rígido. Cerrar el puño cuesta un esfuerzo real y sostenido, y lo que más se cansa son las manos y los antebrazos. Por eso buena parte del entrenamiento consiste en aprender a hacer las cosas despacio y a no agotarse, no en ganar fuerza.
Lo que la piscina no puede simular
El agua imita la ingravidez, pero no la elimina: sigue habiendo resistencia al moverse, y el cuerpo nota perfectamente dónde está el arriba. Tampoco reproduce el vacío, ni los saltos de temperatura entre sol y sombra, ni la sensación de tener el planeta entero girando bajo los pies. Los astronautas suelen decir que lo primero que sorprende del paseo espacial real es que todo va más suave de lo ensayado.
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Entrenar la cabeza, que es lo que falla
La parte psicológica no es un complemento: es donde están los problemas reales de una misión larga. Seis meses encerrado en un volumen habitable pequeño, con las mismas cinco o seis personas, sin poder salir a despejarse, sin intimidad y con la Tierra vigilando cada tarea programada al minuto.
Para eso existen entrenamientos específicos de aislamiento y confinamiento, en los que grupos pequeños conviven en instalaciones cerradas durante semanas mientras se observa cómo se reparten el trabajo, cómo gestionan el desacuerdo y quién se hunde cuando algo sale mal. También se usan cuevas y entornos extremos: la idea es meter a la gente en sitios incómodos, con riesgo real y sin escapatoria fácil, y ver qué pasa.
Ese trabajo se nota luego arriba. Astronautas como Chris Hadfield han contado que la clave no es la valentía sino la preparación obsesiva: haber ensayado tantas veces lo que puede ir mal que, cuando va mal, el cuerpo ya sabe qué hacer. Cómo es esa convivencia día a día está contado en la vida a bordo de la Estación Espacial Internacional.
El cuerpo se estropea, y hay que contrarrestarlo
Parte del entrenamiento no prepara para el viaje, sino para resistirlo. Sin gravedad, el esqueleto deja de recibir carga y empieza a perder densidad mineral; los músculos que sostienen el cuerpo dejan de trabajar y se atrofian; los fluidos se redistribuyen hacia la cabeza y presionan el ojo, lo que puede alterar la visión de forma duradera.
La contramedida principal es sosa pero funciona: unas dos horas de ejercicio diario, todos los días, con máquinas de resistencia, cinta con arnés y bicicleta. No es para mantenerse en forma, es para frenar un deterioro que ocurre igualmente. Y el entrenamiento en tierra incluye aprender a usar ese equipo y a seguir el protocolo sin saltárselo, porque la tentación de recortar cuando vas con retraso es enorme.
Sobre lo que el cuerpo aguanta hay datos de sobra gracias a estancias muy largas: la astronauta Peggy Whitson acumuló más tiempo en órbita que ningún otro estadounidense, y ese historial médico vale su peso en oro para planificar un viaje a Marte. El resto de riesgos de los viajes espaciales tripulados —radiación incluida— se entrena igual: sabiendo exactamente a qué te expones.
El cambio de 2022: el primer parastronauta
La convocatoria europea de 2022 hizo algo que ninguna agencia había hecho: aceptar candidaturas de personas con discapacidad física. Se recibieron 1.361, y de ahí salió la selección de John McFall, exatleta paralímpico y cirujano, que perdió la pierna derecha en un accidente de moto a los 19 años.
No fue un gesto simbólico. McFall entró en un proyecto de viabilidad para estudiar en serio qué habría que cambiar —en el traje, en los procedimientos, en el asiento de la nave, en la evacuación de emergencia— para que alguien con una prótesis pueda volar y trabajar en la estación. En 2025 ese estudio concluyó que su vuelo es viable, lo que convierte una pregunta abierta durante sesenta años en un asunto de ingeniería resuelto.
Es la continuación lógica de un proceso largo. El cuerpo de astronautas empezó siendo un grupo cerrado de pilotos militares y se fue abriendo a científicos, a mujeres —con retraso vergonzoso—, a tripulaciones internacionales y ahora a personas con discapacidad. Cada apertura vino con la misma objeción previa y el mismo desenlace. Los hitos de ese recorrido están en los récords y logros de los viajes espaciales.
Lo que aún no se sabe entrenar
Un viaje a Marte. Todo lo descrito está pensado para la órbita baja, donde la Tierra está a unas horas y el campo magnético terrestre aún protege parcialmente de la radiación. Un viaje a Marte son años, sin rescate posible, sin comunicación inmediata —los mensajes tardan minutos en cada sentido— y con una exposición a radiación cósmica que no se sabe cómo compensar. Nadie ha entrenado nunca para eso, porque nadie sabe todavía qué hay que entrenar.
La autonomía completa. Hoy un astronauta trabaja con un control de misión que responde en segundos. En cuanto la distancia introduce retardos de minutos, la tripulación tiene que decidir sola, y eso cambia por completo el perfil de quién debería ir y cómo prepararlo. Es uno de los problemas abiertos que condicionan el diseño de las naves tripuladas del futuro.
Puedes ver cómo ha evolucionado todo esto en la historia de los viajes tripulados, desde las primeras cápsulas hasta la era de el transbordador espacial, que fue quien más gente distinta llevó al espacio.
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Cada semana un nuevo artículo sobre astronomía y astrofísica. Sin jerga innecesaria.
Preguntas frecuentes sobre el entrenamiento de astronautas
¿Cuánto dura el entrenamiento de un astronauta?
El entrenamiento básico dura doce meses y es común para todos los seleccionados. Después viene la preparación específica de cada misión, que puede añadir uno o dos años más. Entre la selección y el primer vuelo suelen pasar varios años, y algunos astronautas esperan mucho más.
¿Qué requisitos hay que cumplir para ser astronauta?
Una titulación universitaria en ciencias, ingeniería o medicina, experiencia profesional posterior, buen estado de salud e inglés sólido. Ya no hace falta ser piloto militar ni tener visión perfecta: se admiten correcciones. Lo que más pesa en las fases finales es la capacidad de convivir y trabajar en equipo bajo presión.
¿Cuántas personas se presentan a una convocatoria?
En la selección de la Agencia Espacial Europea de 2021-2022 se presentaron más de 22.500 candidatos válidos y se eligieron 17, entre astronautas de carrera y de reserva. La tasa de aceptación queda por debajo del 0,1%, muy por debajo de la de cualquier universidad.
¿Cómo se practican los paseos espaciales?
En una piscina enorme con una réplica sumergida de los módulos de la estación, donde el traje se lastra hasta lograr flotabilidad neutra. Se calculan unas siete horas de piscina por cada hora prevista de salida real, así que una sola actividad extravehicular puede exigir más de cuarenta horas de ensayo bajo el agua.
¿Tienen que aprender ruso los astronautas?
Sí, es obligatorio para quien vaya a la Estación Espacial Internacional. Los sistemas y la documentación del segmento ruso están en ruso, y durante casi una década la única forma de llegar y volver fue una nave Soyuz. Los cosmonautas rusos, por su parte, aprenden inglés.
¿Puede ser astronauta una persona con discapacidad?
Desde 2022, sí. La Agencia Espacial Europea abrió su convocatoria a personas con discapacidad física, recibió 1.361 solicitudes y seleccionó a John McFall, exatleta paralímpico y cirujano. En 2025 se concluyó que su vuelo a la Estación Espacial Internacional es viable tras estudiar las adaptaciones necesarias.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— ESA: selección de astronautas 2021-2022 y programa de entrenamiento básico del Centro Europeo de Astronautas
— ESA: Parastronaut Feasibility Project y conclusión de 2025 sobre la viabilidad del vuelo de John McFall
— NASA: laboratorio de flotabilidad neutra de Houston y protocolos de preparación de actividades extravehiculares


