
En este artículo
- La constelación que Europa vio y luego perdió
- Cómo se usa para encontrar el sur
- Las cinco estrellas, una a una
- El agujero negro que se ve sin telescopio
- Cuidado con la Falsa Cruz
- Desde dónde y cuándo se ve
- La constelación que más banderas ha conquistado
- Preguntas frecuentes sobre la Cruz del Sur
- ¿Cuál es la constelación más pequeña del cielo?
- ¿Cómo se encuentra el sur con la Cruz del Sur?
- ¿Existe una estrella polar del sur?
- ¿Se puede ver la Cruz del Sur desde España?
- ¿Qué es el Saco de Carbón?
- ¿Cómo distinguir la Cruz del Sur de la Falsa Cruz?
La Cruz del Sur es la más pequeña de las 88 constelaciones: ocupa 68,45 grados cuadrados, diecinueve veces menos que Hidra. Y sin embargo aparece en seis banderas nacionales y es la única figura del cielo que funciona como brújula, porque el hemisferio sur no tiene estrella polar. Lo que casi nadie sabe es que los griegos la veían perfectamente desde Atenas, que Ptolomeo catalogó sus estrellas, y que el cielo se la fue llevando hasta hacerla desaparecer de Europa hacia el año 400.
Lo esencial
Qué es: la constelación más pequeña del cielo, cinco estrellas en forma de cruz recortadas sobre la Vía Láctea austral.
Para qué sirve: prolongando su eje largo cuatro veces y media se llega al polo sur celeste. Es la brújula del hemisferio austral.
Desde dónde se ve: todo el año al sur del paralelo 35 S. Desde España, nunca.
El error habitual: confundirla con la Falsa Cruz, que es más grande, más apagada y apunta a ninguna parte.
La constelación que Europa vio y luego perdió
Hay una idea extendida y falsa: que la Cruz del Sur era desconocida en el Mediterráneo hasta que los navegantes portugueses llegaron al hemisferio austral. No es así. Hacia el año 1000 antes de Cristo, sus estrellas se veían con claridad desde la latitud de Atenas, bajas sobre el horizonte sur, y los griegos las consideraban parte de la constelación del Centauro. Ptolomeo, que trabajaba en Alejandría en el siglo II, las catalogó ahí dentro.
Lo que las borró fue la precesión del eje terrestre, ese bamboleo lentísimo que completa una vuelta cada 26.000 años y que va cambiando qué parte del cielo queda por encima del horizonte en cada lugar. Siglo a siglo, la cruz fue bajando. Hacia el año 400 de nuestra era ya no se levantaba sobre el horizonte de Atenas. Europa no la descubrió: la perdió.
El reencuentro llegó mil años después, con la navegación oceánica. El primer europeo que la dibujó correctamente fue el astrónomo portugués João Faras, médico del rey Manuel I, en una carta enviada al monarca desde Brasil el 1 de mayo de 1500. En 1516, el explorador italiano Andrea Corsali la describió ya como una figura propia, separada del Centauro. Su reconocimiento oficial como constelación independiente llegó a finales del siglo XVI, en los mapas celestes de Petrus Plancius.
POR QUÉ IMPORTÓ TANTO A LOS NAVEGANTES
En el hemisferio norte basta con encontrar la Estrella Polar para saber dónde está el norte y, de paso, tu latitud. El sur no tiene ese lujo: la estrella más próxima al polo sur celeste, Sigma Octantis, tiene magnitud 5,5 y es prácticamente invisible salvo en cielos muy oscuros. Sin una estrella polar equivalente a la de la Osa Menor, había que deducir el sur, y la herramienta para hacerlo era esta cruz.
Cómo se usa para encontrar el sur
El método es sencillo y no ha cambiado en cinco siglos. La cruz tiene un eje largo, el que va de Gacrux (la estrella de la cabeza, anaranjada) a Acrux (la del pie, la más brillante). Se traza mentalmente esa línea y se prolonga hacia abajo cuatro veces y media su propia longitud. Ahí está el polo sur celeste, un punto vacío del cielo. Bajando en vertical desde él hasta el horizonte, tienes el sur geográfico.
Hay un truco de comprobación que usan los observadores australes: muy cerca de la Cruz están Alfa y Beta Centauri, las llamadas estrellas punteras, dos astros brillantes y juntos que Alfa Centauri encabeza a 4,37 años luz de aquí. Si trazas la mediatriz entre ambas y la cruzas con la prolongación del eje de la Cruz, el punto donde se cortan es el polo sur. Con dos referencias en lugar de una, el error baja mucho.
Las cinco estrellas, una a una
De la más brillante a la más discreta
mag. 0,8
El pie de la cruz
Blanquiazul, a 321 años luz. No es una estrella sino un sistema triple, y es la 13ª más brillante del cielo.
mag. 1,3
El brazo izquierdo
Gigante azul a 353 años luz. Es una de las estrellas más calientes que se ven a simple vista.
mag. 1,6
La cabeza, y la vecina
Gigante roja a solo 88 años luz: con diferencia la más cercana de las cinco. Su tono anaranjado se aprecia a ojo.
mag. 2,8
El brazo derecho
Blanquiazul, a 345 años luz. La más débil de las cuatro que forman la cruz propiamente dicha.
mag. 3,6
La quinta, la que delata
Gigante naranja a 228 años luz, dentro del cuadrilátero. Es la que no tiene la Falsa Cruz.
Las cuatro principales parecen estar juntas, pero Gacrux está casi cuatro veces más cerca que las demás: la figura es un efecto de perspectiva, no un grupo real.
Ese último detalle merece pararse un segundo. La cruz que ves no existe como objeto: Gacrux está a 88 años luz y Mimosa a 353, cuatro veces más lejos. Si pudieras desplazarte unos cientos de años luz de lado, la figura se deshace. Lo mismo pasa con cualquier otra constelación, pero aquí la diferencia de distancias es especialmente descarada.
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El agujero negro que se ve sin telescopio
Junto a la Cruz hay una mancha oscura inconfundible, como si alguien hubiera recortado un trozo de la Vía Láctea. Es el Saco de Carbón, la nebulosa oscura más prominente del cielo: una nube de polvo y gas frío a unos 590 años luz que se extiende siete grados por cinco y que no emite luz, sino que tapa la de las estrellas que hay detrás.
No hace falta instrumental: a simple vista, desde un cielo oscuro del hemisferio sur, se ve como un vacío negro pegado a la constelación. Los pueblos andinos lo integraron en su propio sistema de constelaciones oscuras, figuras trazadas no con estrellas sino con las manchas negras de la Vía Láctea, y a esta la llamaron Yutu, la perdiz. Es una forma de leer el cielo distinta a la nuestra y perfectamente coherente. Tienes más ejemplos en el artículo sobre las nebulosas oscuras.
Los pueblos aborígenes australianos hicieron algo parecido y todavía más ambicioso. Para varias de sus culturas, el Saco de Carbón es la cabeza de un emú gigante cuyo cuerpo y patas se extienden a lo largo de las manchas oscuras de la Vía Láctea, decenas de grados más allá, hasta la zona de Escorpio y Sagitario. La figura no está hecha de estrellas sino de los huecos entre ellas, y su posición en el cielo a lo largo del año servía como calendario para saber cuándo los emúes reales ponían huevos. Es astronomía práctica, con un uso concreto, construida sobre lo que nosotros ni siquiera consideramos objetos.
Merece la pena quedarse con la idea: dos culturas separadas por un océano, sin contacto entre ellas, miraron la misma mancha negra y decidieron independientemente que el cielo también se dibuja con lo oscuro. La tradición europea, en cambio, tardó hasta finales del siglo XIX en aceptar siquiera que esos huecos eran nubes de polvo y no regiones realmente vacías de estrellas.
Al lado, y esta vez sí con prismáticos, está NGC 4755, un cúmulo abierto de magnitud 4,2 y unos 7 millones de años de edad, situado a 6.400 años luz. John Herschel lo bautizó como el Joyero al ver que sus estrellas más brillantes tenían colores distintos, con una supergigante roja destacando entre astros azules. Es uno de los cúmulos más bonitos del cielo austral.
Cuidado con la Falsa Cruz
Es el error más común de quien busca la Cruz del Sur por primera vez, y no es ninguna tontería: la Falsa Cruz ha desviado rumbos de navegación reales. Se forma con cuatro estrellas de la constelación de Carina y de Vela: Avior y Aspidiske por un lado, Delta y Kappa Velorum por otro. Está a unos veinte grados de la auténtica y también parece una cruz.
| Señal | Cruz del Sur | Falsa Cruz |
|---|---|---|
| Tamaño | Compacta, cabe en un puño | Notablemente más grande |
| Brillo | Dos estrellas por debajo de magnitud 1,3 | Ninguna llega a magnitud 1,7 |
| Quinta estrella | Sí, Ginan, dentro de la figura | No tiene |
| Estrellas punteras | Alfa y Beta Centauri al lado | Nada equivalente cerca |
| Fondo | Vía Láctea densa y el Saco de Carbón | Zona mucho más vacía |
La regla rápida: si no ves las dos punteras brillantes al lado, y si no distingues una quinta estrella dentro del cuadrilátero, no es la Cruz del Sur.
Desde dónde y cuándo se ve
Al sur del paralelo 35 S —Buenos Aires, Santiago de Chile, Melbourne, Ciudad del Cabo— la Cruz es circumpolar: se ve todas las noches del año, dando vueltas alrededor del polo sin ponerse nunca. Desde latitudes tropicales del hemisferio norte, como el sur de México, Cuba o Canarias en condiciones muy favorables, asoma baja sobre el horizonte durante los meses de primavera. Desde la Península Ibérica no se ve, y no se verá: haría falta esperar unos cuantos miles de años a que la precesión la devuelva.
El mejor momento en el hemisferio sur es alrededor de mayo, cuando culmina en lo alto a horas cómodas de la noche. Vale la pena buscarla desde un sitio sin contaminación lumínica: el contraste entre las cinco estrellas, la Vía Láctea de fondo y el hueco negro del Saco de Carbón es una de las mejores vistas a simple vista que da el cielo. Puedes ver el resto en la sección de todas las constelaciones y en la guía de las 88 constelaciones oficiales.
La constelación que más banderas ha conquistado
Ninguna otra figura del cielo ha tenido tanto éxito como emblema nacional. La Cruz del Sur aparece en las banderas de Australia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Samoa, Niue y Brasil, en este último caso dentro de la esfera celeste del escudo, junto a otras veintiséis estrellas que representan los estados.
Tiene su lógica: para cualquier país del hemisferio sur es el símbolo más inmediato de «aquí abajo». Y es un caso curioso de algo que ocurre poco, que una constelación pequeña, invisible desde medio mundo y sin mitología clásica detrás, acabe siendo la más representada de todas. Otras figuras australes, como la Corona Austral, no corrieron la misma suerte.
Preguntas frecuentes sobre la Cruz del Sur
¿Cuál es la constelación más pequeña del cielo?
La Cruz del Sur, con 68,45 grados cuadrados, el 0,166% de la esfera celeste. Es diecinueve veces menor que Hidra, la más grande, que ocupa 1.302,84 grados cuadrados. Que sea la más pequeña no le quita reconocimiento: probablemente sea la figura austral más identificable de todas.
¿Cómo se encuentra el sur con la Cruz del Sur?
Se prolonga el eje largo de la cruz, el que va de Gacrux a Acrux, unas cuatro veces y media su propia longitud. Ese punto es el polo sur celeste; bajando en vertical desde él llegas al sur en el horizonte. Para afinar, se cruza esa línea con la mediatriz entre Alfa y Beta Centauri.
¿Existe una estrella polar del sur?
No una útil. La estrella más cercana al polo sur celeste es Sigma Octantis, pero tiene magnitud 5,5 y resulta prácticamente invisible salvo en cielos muy oscuros y sin luna. Por eso en el hemisferio sur hay que deducir el polo mediante la Cruz, en lugar de señalarlo directamente.
¿Se puede ver la Cruz del Sur desde España?
Desde la Península, no. Desde Canarias, en condiciones excepcionales, apenas asoma su parte superior en primavera. En la Antigüedad sí se veía desde el Mediterráneo: la precesión del eje terrestre la fue hundiendo hasta desaparecer del horizonte de Atenas hacia el año 400.
¿Qué es el Saco de Carbón?
Una nebulosa oscura situada a unos 590 años luz, junto a la Cruz del Sur. Es la más prominente del cielo: una nube de polvo frío de siete grados por cinco que bloquea la luz de las estrellas del fondo y se ve a simple vista como un agujero negro recortado en la Vía Láctea.
¿Cómo distinguir la Cruz del Sur de la Falsa Cruz?
Por tres señales. La auténtica es más compacta y más brillante; tiene una quinta estrella, Ginan, dentro de la figura; y lleva al lado las dos punteras, Alfa y Beta Centauri. La Falsa Cruz, formada por estrellas de Carina y Vela, es mayor, más apagada y no tiene ninguna de esas dos cosas.
Medio cielo no se ve desde aquí, y merece la pena conocerlo
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