Estrellas

Nebulosas oscuras: el agujero del cielo que no era un agujero

Herschel creyó que eran huecos vacíos entre las estrellas. Tardaron 135 años en demostrar que son nubes de polvo, y que ahí nacen las estrellas.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 13 de noviembre de 2023 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 11 min de lectura
nebulosas oscuras - Espacio Entrelazado
nebulosas oscuras - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. El agujero que resultó no ser un agujero
  2. Cómo algo tan tenue puede ser completamente opaco
  3. Barnard 68: el caso que lo demostró en dos fotos
  4. Por qué el frío es lo que permite nacer a las estrellas
  5. Los tipos que existen de verdad
  6. Las que puedes ver tú
  7. Lo que todavía no sabemos
  8. Preguntas frecuentes sobre las nebulosas oscuras
  9. ¿Qué es una nebulosa oscura?
  10. ¿Por qué las nebulosas oscuras son negras?
  11. ¿Por qué en ellas nacen estrellas?
  12. ¿Quién descubrió que no eran agujeros?
  13. ¿Existen nebulosas oscuras de emisión o de reflexión?
  14. ¿Se pueden ver a simple vista?

En 1784, William Herschel apuntó su telescopio a una región del cielo donde no aparecía ni una sola estrella y anotó una frase que se ha hecho famosa: «aquí hay verdaderamente un agujero en el cielo». Estaba convencido de que había encontrado un hueco vacío en la distribución de las estrellas. Se equivocaba, y tardaron 135 años en demostrárselo. Lo que hay en esos agujeros es lo contrario del vacío: son las nebulosas oscuras, y son el único sitio del universo donde se pueden formar estrellas nuevas.

Lo esencial

Qué son: nubes de gas y polvo tan densas y tan frías que bloquean por completo la luz de lo que hay detrás.

De qué están hechas: un 99% de gas y apenas un 1% de polvo. Ese 1% es lo que tapa la luz.

Qué temperatura tienen: entre 10 y 20 kelvin, unos 255 grados bajo cero. Y ese frío es la clave de todo.

Para qué sirven: son las guarderías estelares. Sin ellas no habría estrellas, ni planetas, ni nosotros.

El agujero que resultó no ser un agujero

La interpretación de Herschel era razonable con lo que se sabía entonces. Si mirando a un sitio del cielo no ves estrellas, la explicación sencilla es que ahí no hay ninguna. Durante más de un siglo, esas manchas negras figuraron en los catálogos como regiones desprovistas de estrellas, huecos genuinos en la estructura de la Vía Láctea.

Lo que cambió la respuesta fue una tecnología, no una teoría: la fotografía de larga exposición. A principios del siglo XX, el astrónomo estadounidense Edward Emerson Barnard empezó a fotografiar sistemáticamente la Vía Láctea con placas de horas de exposición, y las imágenes contaban otra historia. Las manchas oscuras tenían bordes definidos, formas irregulares con filamentos, y a veces se veían recortadas contra el brillo de una nebulosa luminosa que había detrás. Un hueco no tiene bordes: una nube sí.

Barnard publicó un primer listado con 182 manchas oscuras en 1919, y su catálogo definitivo, aparecido en 1927 tras su muerte, recogía 349 objetos con coordenadas, tamaños y descripción de cuánta luz tapaba cada uno. Todavía hoy se usa esa numeración: cuando lees «Barnard 33» o «B68», estás leyendo su catálogo.

Cómo algo tan tenue puede ser completamente opaco

Aquí está la parte contraintuitiva, y conviene ir con los números. Una nebulosa oscura es, en términos terrestres, un vacío extraordinario: su densidad ronda las diez mil a un millón de partículas por centímetro cúbico, frente a los veinticinco trillones que hay en el aire que respiras. Es más de diez billones de veces menos densa que la atmósfera. Cualquier laboratorio consideraría eso vacío absoluto.

Y sin embargo tapa la luz por completo. La explicación es el grosor: no estás mirando a través de unos metros, sino de varios años luz de esa nube. Acumulando partículas a lo largo de billones de kilómetros, hasta una densidad ridícula acaba bloqueando todo lo que pasa. En el centro de una nebulosa oscura densa, la luz visible se atenúa tanto que de cada mil millones de fotones que entran no sale ni uno.

El material que bloquea, además, es una minoría. En masa, una nebulosa oscura es aproximadamente un 99% de gas —hidrógeno molecular, sobre todo— y solo un 1% de polvo. Pero ese polvo son granos de silicatos y compuestos de carbono de menos de una micra, del tamaño de las partículas del humo de un cigarrillo, y son ellos los que absorben y dispersan la luz. El gas, por sí solo, sería transparente.

Una nebulosa oscura, en cifras

DENSIDAD

10.000 a un millón de partículas por cm³

El aire que respiras tiene 25 trillones. Es un vacío mucho mejor que el de cualquier laboratorio corriente.

TEMPERATURA

Entre 10 y 20 kelvin

Unos 255 grados bajo cero. Están entre los sitios más fríos que existen de forma natural.

COMPOSICIÓN

99% gas, 1% polvo

Solo el 1% bloquea la luz. Granos de menos de una micra, del tamaño de partículas de humo.

GROSOR

De medio año luz a decenas de parsecs

Esa longitud es lo que convierte un gas casi inexistente en una pared opaca.

LO QUE
SÍ ATRAVIESA

El infrarrojo

Los granos de polvo bloquean la luz visible pero dejan pasar ondas más largas. Por eso se mira en infrarrojo.

La combinación de frío extremo y opacidad total no es una casualidad: una cosa causa la otra, como se explica más abajo.

Barnard 68: el caso que lo demostró en dos fotos

Si hay un objeto que zanjó el debate de Herschel de forma visual, es Barnard 68, un glóbulo situado a unos 407 años luz en dirección a la constelación de Ofiuco. Tiene aproximadamente dos masas solares de material repartidas en medio año luz de diámetro, y su interior está a unos 16 kelvin.

Fotografiado en luz visible es un agujero perfecto: una mancha negra con forma de gota, sin una sola estrella dentro, exactamente lo que Herschel habría llamado un hueco en el cielo. Pero cuando el Very Large Telescope lo observó en longitudes de onda más largas que las que ve el ojo, aparecieron detrás unas 3.700 estrellas de la Vía Láctea, de las cuales alrededor de 1.000 solo son visibles en infrarrojo.

Esas dos imágenes puestas una al lado de la otra son la refutación completa. No había ningún hueco: había mil estrellas tapadas por una nube de polvo, y bastaba con cambiar de longitud de onda para verlas.

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Por qué el frío es lo que permite nacer a las estrellas

Esta es la razón por la que las nebulosas oscuras importan, y encaja como un mecanismo de relojería. Para que una nube de gas se convierta en estrella tiene que colapsar sobre sí misma por su propia gravedad. Lo que se lo impide es la presión térmica: un gas caliente se agita, empuja hacia fuera y aguanta la gravedad indefinidamente. Cuanto más frío está el gas, menos empuja, y menos masa hace falta para que la gravedad gane la partida.

Ahí es donde el polvo cierra el círculo. Al bloquear la radiación ultravioleta de las estrellas cercanas, que es la que calentaría el gas, el propio polvo mantiene el interior a diez o veinte grados sobre el cero absoluto. Y a esa temperatura la nube ya no puede sostenerse: se fragmenta y colapsa en grumos, y cada grumo es una estrella en construcción. La oscuridad no es un efecto secundario de la nebulosa, es la condición que hace posible el proceso completo de formación de estrellas dentro de una nebulosa.

Ese mismo blindaje tiene un segundo efecto de mucho alcance: protegido de la radiación, dentro de una nebulosa oscura los átomos pueden unirse sin que nada los rompa. Se han identificado más de doscientas moléculas distintas en el medio interestelar, muchas de ellas orgánicas, y se forman precisamente en estos sitios. La química que después acaba en cometas y en planetas empieza en el interior de una mancha negra.

Los tipos que existen de verdad

Conviene aclarar algo que circula bastante y que no tiene sentido: no existen las «nebulosas oscuras de emisión» ni las «nebulosas oscuras de reflexión». Es una contradicción en los términos. Emisión, reflexión y oscura son las tres categorías en que se dividen las nebulosas según lo que hacen con la luz, y son excluyentes: una emite luz propia, otra refleja la de una estrella cercana y la tercera absorbe la de detrás. Puedes ver la diferencia con detalle en la guía de nebulosas de emisión. Lo que sí existe es una clasificación por tamaño.

TipoTamañoMasaQué produce
Nube molecular giganteDecenas de años luzHasta un millón de solesCúmulos enteros de estrellas
Glóbulo de BokMenos de un año luzDe 2 a 50 solesUna o dos estrellas, a veces un sistema doble
Glóbulo cometarioFracciones de año luzPocos solesEstrellas pequeñas; tiene cola por la erosión de la radiación
Glóbulo diminutoMuy pequeñoMenos de una masa solarEnanas marrones y objetos de masa planetaria

Los glóbulos cometarios son especialmente reveladores: tienen esa forma de renacuajo porque una estrella masiva cercana les está evaporando el lado expuesto y arrastrando el material hacia atrás. Es lo mismo que da forma a la nebulosa Trompa de Elefante y a los cientos de grumos negros que salpican la nebulosa Roseta.

Las que puedes ver tú

Tienen una ventaja curiosa sobre las nebulosas luminosas: como se ven por contraste contra un fondo brillante, algunas se distinguen a simple vista sin ningún instrumento, siempre que el cielo esté verdaderamente oscuro.

La más espectacular es el Saco de Carbón, pegado a la Cruz del Sur, y solo visible desde el hemisferio sur. Es tan evidente que varias culturas construyeron con él y con otras manchas negras sus propias figuras celestes, dibujadas con los huecos en lugar de con las estrellas. En el hemisferio norte, la Nebulosa Pipa, en Ofiuco, se aprecia también sin ayuda desde un cielo limpio, y a su lado está la Nebulosa de la Serpiente.

La más famosa, en cambio, no se ve a ojo: la Cabeza de Caballo, catalogada por Barnard con el número 33, está en la constelación de Orión y necesita fotografía o un filtro específico, porque su contraste contra la nebulosa roja de fondo es bajo. Casi todo el mundo la conoce por imágenes y muy poca gente la ha visto por un ocular.

Lo que todavía no sabemos

La pregunta grande abierta es por qué son tan ineficientes. Una nube molecular gigante tiene material para fabricar cientos de miles de estrellas y, sin embargo, en cada ciclo convierte en estrellas apenas un pequeño porcentaje de su masa antes de disgregarse. Algo está frenando el colapso: se apunta a los campos magnéticos que atraviesan la nube y a la turbulencia interna, pero medir cuánto aporta cada uno es endiabladamente difícil.

Tampoco está claro qué dispara el proceso. Unas veces parece bastar con que la nube acumule masa suficiente; otras hace falta un empujón externo, como la onda de choque de una supernova cercana o la presión de un cúmulo recién formado al lado. Distinguir entre las dos cosas mirando el resultado final, millones de años después, es el tipo de problema que se resuelve con estadística y no con una sola observación. Tienes más contexto en la sección de estrellas y astrofísica.

Preguntas frecuentes sobre las nebulosas oscuras

¿Qué es una nebulosa oscura?

Una nube de gas y polvo interestelar tan densa y fría que absorbe la luz de las estrellas situadas detrás, y por eso se ve como una mancha negra recortada sobre el fondo. No emite luz propia ni refleja la de otras: solo bloquea. Está compuesta en un 99% por gas y en un 1% por polvo, y es ese 1% el que tapa.

¿Por qué las nebulosas oscuras son negras?

Porque sus granos de polvo, de menos de una micra, absorben y dispersan la luz visible. Individualmente son insignificantes, pero al mirar a través de varios años luz de nube se acumulan lo suficiente para bloquearlo todo. En infrarrojo, cuyas ondas son más largas, la nube deja de ser opaca y se ven las estrellas de detrás.

¿Por qué en ellas nacen estrellas?

Porque están a 10-20 kelvin, unos 255 grados bajo cero. Un gas caliente se agita y su presión aguanta a la gravedad; uno frío no puede, así que colapsa y se fragmenta en grumos que acaban siendo estrellas. Y lo que mantiene ese frío es el propio polvo, que bloquea la radiación ultravioleta que calentaría la nube.

¿Quién descubrió que no eran agujeros?

William Herschel las interpretó en 1784 como huecos vacíos entre las estrellas. La demostración de que eran nubes llegó con la fotografía de larga exposición, y en particular con el trabajo de Edward Emerson Barnard, que publicó 182 manchas oscuras en 1919 y un catálogo de 349 objetos en 1927.

¿Existen nebulosas oscuras de emisión o de reflexión?

No. Es una confusión frecuente: emisión, reflexión y oscura son las tres categorías en que se clasifican las nebulosas según qué hacen con la luz, y son excluyentes. Una nebulosa oscura, por definición, no emite ni refleja: absorbe. Lo que sí existe es una clasificación por tamaño, de nubes moleculares gigantes a glóbulos de Bok.

¿Se pueden ver a simple vista?

Algunas sí, porque se aprecian por contraste contra la Vía Láctea. El Saco de Carbón, junto a la Cruz del Sur, es evidente desde el hemisferio sur, y la Nebulosa Pipa se distingue desde el norte con cielo oscuro. La Cabeza de Caballo, la más famosa de todas, en cambio necesita fotografía o filtro.

Las manchas negras del cielo son lo más lleno que hay ahí arriba

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