Cosmología
Actualizado julio 2026
En 1998, un grupo de astrónomos descubrió algo que nadie esperaba y que aún hoy nadie entiende: el universo no solo se expande, sino que lo hace cada vez más rápido. Algo está acelerando esa expansión, empujando las galaxias a separarse contra la gravedad que debería frenarlas. A ese «algo» lo llamamos energía oscura, y representa el 68% de todo lo que existe. Es, literalmente, el mayor componente del universo, y no tenemos ni idea de qué es.
Lo esencial
Qué es: Una forma de energía que impregna todo el espacio y actúa como una fuerza repulsiva, acelerando la expansión del universo.
Cuánta hay: El 68% del universo. Es su componente dominante, muy por encima de la materia (normal y oscura).
Cómo se descubrió: En 1998, midiendo supernovas lejanas. El hallazgo ganó el Nobel de Física en 2011.
Novedad: Datos recientes (DESI, 2024-2025) sugieren que quizá no sea constante, sino que se esté debilitando.
El universo se expande (y se acelera)
Desde hace un siglo sabemos que el universo se expande: las galaxias se alejan unas de otras, y cuanto más lejos están, más rápido se separan. Es la huella del Big Bang, la gran expansión que dio origen a todo. Lo lógico sería pensar que esa expansión se va frenando poco a poco, porque la gravedad de toda la materia debería tirar hacia dentro y ralentizarla, como una pelota lanzada al aire que sube cada vez más despacio.
Pues no. En 1998, dos equipos que medían supernovas muy lejanas descubrieron que la expansión, lejos de frenarse, se está acelerando. Es como si lanzaras esa pelota al aire y, en vez de caer, saliera disparada hacia arriba cada vez más rápido. Algo tiene que estar empujando. Aquí lo tienes: cada punto es una galaxia alejándose de las demás, cada vez más deprisa.
La expansión acelerada del universo · espacioentrelazado.es
Ese empujón misterioso es la energía oscura. Y lo desconcertante es su magnitud: para acelerar todo el universo hace falta una cantidad enorme de ella. Cuando los cosmólogos hicieron las cuentas, salió que la energía oscura supone el 68% del contenido total del cosmos.
¿Cómo se mide la expansión del universo?
La pregunta es lógica: ¿cómo se mide algo tan gigantesco? El truco está en las supernovas de tipo Ia, un tipo especial de explosión estelar que siempre alcanza casi el mismo brillo máximo. Al ser todas igual de luminosas, funcionan como «velas patrón»: comparando su brillo real conocido con lo tenues que las vemos, se calcula a qué distancia están. Y midiendo cuánto se ha estirado su luz (el corrimiento al rojo), se sabe a qué velocidad se alejan. Es una de las herramientas más potentes de la cosmología moderna.
Precisamente comparando esas supernovas a distintas distancias (y por tanto en distintas épocas del pasado del universo) es como los equipos de 1998 descubrieron que la expansión se acelera: las supernovas más lejanas estaban más apagadas de lo esperado, señal de que el universo se había expandido más de lo que la sola gravedad permitiría. Fue un resultado tan inesperado que los propios investigadores tardaron en creérselo.
El hallazgo tiene además una historia bonita de rivalidad científica: dos equipos independientes y competidores, uno liderado por Saul Perlmutter y otro por Brian Schmidt y Adam Riess, llegaron por separado a la misma conclusión asombrosa, lo que la hizo mucho más creíble. Cuando dos rivales que se vigilan de reojo obtienen el mismo resultado imposible, la comunidad se lo toma en serio. Trece años después, en 2011, los tres compartieron el Premio Nobel de Física por haber revelado que el universo se acelera. Pocas veces un descubrimiento tan contraintuitivo se ha confirmado tan rápido.
Energía oscura y materia oscura: no son lo mismo
Es la confusión más habitual, y conviene dejarla clara. La materia oscura (27% del universo) tiene gravedad y agrupa las cosas: es el pegamento que mantiene unidas las galaxias. La energía oscura (68%) hace exactamente lo contrario: es repulsiva y separa, acelerando la expansión. Materia oscura y energía oscura son como dos fuerzas enfrentadas: una tira hacia dentro, la otra empuja hacia fuera. Y por ahora, gana la energía oscura.
Juntas, estas dos incógnitas suman el 95% del universo. Todo lo que conocemos —galaxias, estrellas, planetas, tú— es apenas el 5% restante. Vivimos en la fina capa visible de un cosmos dominado por dos cosas que no entendemos.
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El «mayor error» de Einstein que resultó ser genial
Aquí hay un giro histórico delicioso. Cuando Einstein formuló su teoría de la relatividad general en 1917, sus ecuaciones predecían un universo que debía expandirse o contraerse. Pero en su época se creía que el universo era estático, así que Einstein añadió a mano un término, la constante cosmológica, una especie de fuerza repulsiva que mantenía el equilibrio. Cuando después se descubrió que el universo sí se expandía, Einstein retiró la constante y la llamó su «mayor error».
La ironía es enorme: ocho décadas después, el descubrimiento de la energía oscura resucitó aquella constante cosmológica, porque describe casi exactamente ese empuje repulsivo que acelera el universo. El «error» de Einstein resultó ser una de sus intuiciones más proféticas. Hoy, la explicación más sencilla de la energía oscura es precisamente que sea esa constante: una energía intrínseca del propio espacio vacío, que empuja por el simple hecho de existir.
«El peor cálculo de la historia de la física»
Si la energía oscura es la energía del espacio vacío, la física cuántica debería poder calcular cuánta hay. Y aquí llega uno de los mayores bochornos de la ciencia moderna. Cuando los físicos calculan cuánta energía debería tener el vacío según la teoría cuántica, el resultado es un número descomunal: unas 10 elevado a 120 veces mayor que el valor que realmente observamos. Es decir, la predicción y la medida difieren en 120 órdenes de magnitud, un 1 seguido de 120 ceros de diferencia.
Se ha llegado a llamar «el peor cálculo de la historia de la física», y no es una exageración: es probablemente el mayor desajuste entre teoría y observación que existe en toda la ciencia. Que el universo no se haya desgarrado al instante, como predeciría ese número gigantesco, significa que algo cancela casi por completo esa energía del vacío con una precisión pasmosa. Nadie sabe por qué. Resolver esta paradoja es uno de los santos griales de la física teórica.
La gran novedad: ¿y si la energía oscura se está debilitando?
Aquí está la noticia que ha revolucionado la cosmología en 2024 y 2025. Un gran proyecto llamado DESI, que ha cartografiado la posición de decenas de millones de galaxias para reconstruir la historia de la expansión, ha encontrado indicios de que la energía oscura quizá no sea constante después de todo, sino que podría estar debilitándose con el tiempo.
Si se confirmara, sería un terremoto: significaría que la energía oscura no es la simple constante cosmológica de Einstein, sino algo más dinámico y extraño, que cambia a lo largo de la historia del cosmos. De momento es solo un indicio fuerte, no una certeza: los datos apuntan en esa dirección con bastante confianza, pero aún no alcanzan el nivel de prueba definitiva que exige la física. Los próximos años, con más datos de DESI y otros telescopios, dirán si estamos ante un descubrimiento histórico o ante una pista que se desvanece.
Por qué importa tanto
Saber cómo se comporta la energía oscura no es un detalle: determina el destino del universo. Si sigue acelerando para siempre, el cosmos acabará frío, oscuro y vacío. Si cambia, ese final podría ser muy distinto. Estamos, literalmente, intentando averiguar cómo termina todo.
Otro enigma pendiente: la tensión de Hubble
La energía oscura no es el único misterio de la expansión. Hay un segundo rompecabezas que trae de cabeza a los cosmólogos: la tensión de Hubble. Resulta que cuando medimos la velocidad a la que se expande el universo hoy (observando estrellas y galaxias cercanas, algunas dentro de nuestra propia Vía Láctea y su vecindario) obtenemos un número. Pero cuando calculamos esa misma velocidad a partir de la luz del universo primitivo, obtenemos otro distinto. Y las dos medidas, cada vez más precisas, se niegan a coincidir.
Esa discrepancia no debería existir si entendiéramos bien el cosmos. Puede que haya un error de medida en alguna parte, o puede que sea una grieta que apunte a física nueva, quizá relacionada con la propia energía oscura. Junto con las pistas de DESI, la tensión de Hubble sugiere que nuestro modelo del universo, con ser extraordinariamente exitoso, todavía esconde algo que se nos escapa. Y ese «algo» podría ser una de las grandes revoluciones científicas de las próximas décadas.
¿Cómo terminará el universo?
La energía oscura marca el desenlace. El escenario más aceptado es el «Gran Enfriamiento»: si la expansión sigue acelerando, las galaxias se alejarán tanto que dejarán de verse entre sí, las estrellas se apagarán una a una y el universo quedará helado, oscuro y vacío dentro de billones de años. Es un final tranquilo pero melancólico.
Hay un escenario más dramático, el «Gran Desgarro»: si la energía oscura se hiciera cada vez más intensa, llegaría a desgarrar primero las galaxias, luego los sistemas solares, luego los planetas y finalmente los átomos. Y si, como sugiere DESI, la energía oscura se está debilitando, incluso podría haber finales aún no imaginados. Que el mayor componente del universo siga siendo un misterio significa que ni siquiera sabemos con certeza cómo acabará la historia. Y hay algo honesto y hermoso en admitirlo.
Piénsalo un momento: hemos cartografiado el universo hasta sus confines, hemos medido su edad con enorme precisión y hemos reconstruido su historia desde el primer segundo. Y sin embargo, el 68% de todo lo que existe, la fuerza que decide su destino, sigue sin tener nombre ni rostro. La energía oscura es el recordatorio más humilde que tiene la ciencia: por mucho que sepamos, la mayor parte del cosmos todavía nos es completamente desconocida. Y eso, más que frustrante, es una invitación a seguir mirando.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es la energía oscura en palabras simples?
Es una energía misteriosa que llena todo el espacio y actúa como una fuerza repulsiva, acelerando la expansión del universo. Supone el 68% del cosmos, es su componente dominante, y aún no sabemos qué es realmente.
¿En qué se diferencia de la materia oscura?
La materia oscura (27%) tiene gravedad y agrupa la materia, manteniendo unidas las galaxias. La energía oscura (68%) es repulsiva y separa, acelerando la expansión del universo. Son fuerzas opuestas y misterios distintos.
¿Cómo se descubrió la energía oscura?
En 1998, dos equipos que medían supernovas muy lejanas descubrieron que la expansión del universo se está acelerando, no frenando. Ese hallazgo inesperado, atribuido a la energía oscura, ganó el Premio Nobel de Física en 2011.
¿Es verdad que la energía oscura podría estar cambiando?
Datos recientes del proyecto DESI (2024-2025) sugieren que la energía oscura podría no ser constante, sino estar debilitándose con el tiempo. Es un indicio fuerte pero aún no confirmado. Si se demostrara, cambiaría nuestra idea del destino del universo.
¿Cómo afecta la energía oscura al final del universo?
Determina su destino. Si la expansión sigue acelerando, el universo acabará frío y oscuro (el «Gran Enfriamiento»). En escenarios más extremos podría llegar a desgarrarlo todo (el «Gran Desgarro»). Por eso entenderla es clave para saber cómo terminará todo.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— DESI (Dark Energy Spectroscopic Instrument): resultados 2024-2025 (desi.lbl.gov)
— Premio Nobel de Física 2011: Perlmutter, Schmidt y Riess
— ESA: Misión Euclid · NASA: Dark Energy (science.nasa.gov)







