
En este artículo
- ¿Qué es exactamente un agujero de gusano?
- Por qué el agujero de gusano de Einstein se cierra antes de que pase la luz
- La materia exótica: la factura de mantener abierto un agujero de gusano
- Una llamada de Carl Sagan puso en marcha toda esta física
- ¿Se podría viajar en el tiempo con un agujero de gusano?
- ER = EPR: la idea de que el entrelazamiento cuántico es un agujero de gusano
- Cómo se buscaría un agujero de gusano de verdad
- Lo que todavía no sabemos
- Preguntas frecuentes sobre los agujeros de gusano
- ¿Existen los agujeros de gusano?
- ¿Cuál es la diferencia entre un agujero negro y un agujero de gusano?
- ¿Cuánta energía haría falta para abrir un agujero de gusano?
- ¿Se puede viajar en el tiempo por un agujero de gusano?
- ¿Es cierto que Google creó un agujero de gusano en un ordenador cuántico?
- ¿Cómo era el agujero de gusano de la película Interstellar?
Los agujeros de gusano tienen un problema que casi nunca se cuenta bien: no es que sean difíciles de construir, es que se estrangulan solos. En 1962, Robert Fuller y John Wheeler calcularon cuánto aguanta abierto el túnel que sale de las ecuaciones de Einstein, y el resultado fue demoledor. Se cierra tan deprisa que ni siquiera un fotón, viajando a 299.792 km/s, llega a cruzarlo. No hace falta una nave mejor. Hace falta otra física.
LO ESENCIAL
Qué son: una solución matemática de la relatividad general que conecta dos regiones separadas del espacio-tiempo. Einstein y Nathan Rosen la publicaron en 1935.
Existen: en las ecuaciones, sí. En el cielo, ninguno. Cero detecciones, cero candidatos confirmados a fecha de 2026.
El obstáculo real: mantener la garganta abierta exige materia con energía negativa. Morris y Thorne calcularon en 1988 que haría falta el equivalente a la masa de Júpiter, en negativo, para un túnel de unas decenas de metros.
Por qué se estudian igual: porque son el mejor laboratorio teórico que tenemos para ver dónde chocan la relatividad y la mecánica cuántica.
¿Qué es exactamente un agujero de gusano?
Un agujero de gusano es un atajo. Coges dos puntos del universo que están lejísimos medidos por el camino normal, y los conectas por una garganta que los deja a unos pocos kilómetros el uno del otro. La analogía clásica —doblar una hoja de papel y perforarla— es imperfecta, pero captura lo esencial: no viajas más rápido que la luz, es que tu camino es más corto que el de la luz que va por fuera.
La idea no nació en la ciencia ficción. Nació de un error de interpretación en un artículo serio. En 1916, apenas unos meses después de que Einstein publicara la relatividad general, el físico austriaco Ludwig Flamm se dio cuenta de que la solución de Schwarzschild —la que describe qué es un agujero negro— tenía una segunda mitad, una especie de imagen especular. En 1935, Albert Einstein y Nathan Rosen retomaron esa estructura buscando un modelo de partícula elemental sin singularidades. De ahí el nombre técnico: puente de Einstein-Rosen.
La palabra «wormhole», agujero de gusano, la acuñó John Wheeler en 1957. La imagen que tenía en la cabeza es la de un gusano que atraviesa una manzana: la superficie es el camino largo; el túnel, el corto.
ANATOMÍA DE UN AGUJERO DE GUSANO
Diagrama de inmersión: cada superficie es una «rebanada» del espacio, curvada por la gravedad
El diagrama solo dibuja dos dimensiones del espacio de las tres que hay: la tercera se usa para representar la curvatura. Las bocas no son agujeros en el espacio, son esferas. espacioentrelazado.es
Por qué el agujero de gusano de Einstein se cierra antes de que pase la luz
Aquí está el problema que hunde la versión romántica. El puente de Einstein-Rosen no es una estructura estática: es dinámico. Nace, se estira, se estrangula y desaparece. Fuller y Wheeler lo demostraron en 1962 describiendo la geometría con coordenadas de Kruskal, que permiten ver la evolución completa del espacio-tiempo en lugar de una foto congelada.
El resultado: la garganta se pellizca hasta cerrarse más rápido de lo que la luz tarda en recorrerla. Cualquier cosa que entre —una nave, una partícula, un rayo de luz— queda atrapada en la singularidad que se forma al colapsar el túnel. En la práctica, el «atajo» tiene un horizonte de sucesos en cada extremo, con todo lo que eso implica: se entra, no se sale, y lo que te espera dentro es lo mismo que si cayeras en un agujero negro cualquiera.
El mito más repetido
«Si entras en un agujero negro, sales por un agujero blanco en otra parte del universo.» No. Un agujero negro real, formado por el colapso de una estrella, no contiene un puente de Einstein-Rosen: la solución con puente describe un agujero negro eterno, que ni se formó ni se formará. Los que hay ahí fuera nacieron de estrellas que murieron, y esa historia rompe la simetría que hace falta para que exista el túnel.
La materia exótica: la factura de mantener abierto un agujero de gusano
En 1988, Michael Morris y Kip Thorne publicaron en el American Journal of Physics el artículo que fundó esta rama entera. Su pregunta era distinta: en vez de estudiar el túnel que sale solo de las ecuaciones, se preguntaron qué haría falta poner ahí para que un ser humano pudiera cruzarlo vivo. Es lo que se conoce como agujero de gusano atravesable.
La respuesta tiene una condición innegociable: para que la garganta no se estrangule hay que violar la llamada condición de energía nula. Traducido: hace falta materia cuya densidad de energía sea negativa medida por quien la atraviesa. Materia que gravite al revés, empujando en lugar de atrayendo, y que apuntale las paredes del túnel como el hormigón de un tunel de metro.
1 masa de Júpiter
de energía negativa, para una garganta de unas decenas de metros
Estimación de Morris y Thorne (1988). Júpiter tiene 1,9 x 10^27 kg: 318 veces la Tierra.
Y aquí es donde se pone interesante, porque la energía negativa no es un invento para salir del paso: existe y se ha medido. El efecto Casimir, predicho en 1948 y verificado en laboratorio, hace que dos placas conductoras paralelas separadas por menos de un micrómetro se atraigan, porque el vacío entre ellas tiene menos energía que el vacío de fuera. Eso es densidad de energía negativa, real, medible.
El problema es la escala. El efecto Casimir produce cantidades ridículamente pequeñas de energía negativa, y la física cuántica impone además límites muy estrictos —las llamadas desigualdades cuánticas— sobre cuánta puedes concentrar y durante cuánto tiempo. Cuanto más intensa, menos dura. Nadie ha encontrado la manera de esquivar ese peaje.
| Tipo | Quién lo propuso | ¿Se puede cruzar? | Qué lo bloquea |
|---|---|---|---|
| Puente de Einstein-Rosen | Einstein y Rosen, 1935 | No, ni la luz | Se estrangula solo (Fuller y Wheeler, 1962) |
| Atravesable de Morris-Thorne | Morris y Thorne, 1988 | Sí, en teoría | Exige materia exótica que nadie sabe fabricar |
| De Casimir | Varios grupos, desde 2019 | Sobre el papel | La energía negativa disponible es minúscula |
| Humanamente atravesable | Maldacena y Milekhin, 2020 | Sobre el papel | Necesita física fuera del Modelo Estándar |
| Observado en el cielo | Nadie | Cero casos | No hay ni un candidato en 2026 |
Una llamada de Carl Sagan puso en marcha toda esta física
La historia es real y es buena. En 1985, Carl Sagan tenía terminada su novela Contact y la protagonista viajaba a Vega metiéndose en un agujero negro. Antes de mandarla a imprenta llamó a Kip Thorne, en Caltech, para que le dijera si aquello se sostenía. Thorne le contestó que no: lo que necesitaba era un agujero de gusano, no un agujero negro. Y se puso a hacer las cuentas.
Sagan lo dejó escrito en la nota del autor: Thorne se tomó la molestia de generar «cincuenta líneas de ecuaciones» sobre el sistema de transporte galáctico de la novela. De ese encargo salió el artículo de 1988 que hoy citan miles de papers. Thorne lo ha dicho muchas veces: sin la llamada de Sagan nunca se habría metido en los agujeros de gusano ni en las máquinas del tiempo.
EL AGUJERO DE GUSANO DE INTERSTELLAR, EN NÚMEROS
Thorne asesoró también la película de 2014, y su equipo publicó los parámetros exactos que se usaron para renderizarla: radio de la garganta, 1 kilómetro; longitud del túnel, 10 metros; anchura de lente gravitatoria, 50 metros. Es decir: una esfera de un kilómetro de radio flotando cerca de Saturno, y un túnel más corto que una piscina olímpica. Nolan lo eligió corto a propósito, porque un túnel largo daba una travesía visualmente aburrida.
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¿Se podría viajar en el tiempo con un agujero de gusano?
En teoría, sí, y la receta es sorprendentemente sencilla. Coges un agujero de gusano atravesable, dejas una boca quieta y te llevas la otra de paseo a velocidades cercanas a la de la luz. Por la dilatación temporal de la relatividad especial, la boca viajera envejece menos. Cuando la traes de vuelta, las dos bocas están desincronizadas: entras por una y sales por la otra en un momento distinto. Acabas de fabricar una máquina del tiempo.
El precio son las paradojas de siempre. Si puedes volver atrás, puedes impedir que el propio agujero de gusano se construya, y entonces no podrías haber vuelto. Stephen Hawking se tomó esto tan en serio que en 1992 formuló su conjetura de protección cronológica: las leyes de la física conspiran para impedir los bucles temporales. Su argumento técnico es que las fluctuaciones cuánticas del vacío se amplificarían sin límite en el instante en que la máquina fuera a funcionar, destruyéndola. Ojo con esto: es una conjetura, no un teorema. Nadie la ha demostrado, y demostrarla exigiría una teoría cuántica de la gravedad que todavía no existe.
Si quieres el panorama completo de lo que la física permite y lo que prohíbe en este terreno, lo desarrollamos en el artículo sobre si los viajes en el tiempo son posibles.
ER = EPR: la idea de que el entrelazamiento cuántico es un agujero de gusano
1935 fue un año raro para Einstein. Publicó dos artículos que parecían no tener nada que ver: el del puente con Rosen (ER) y el de la paradoja del entrelazamiento con Podolsky y Rosen (EPR), esa «acción fantasmal a distancia» que le parecía inaceptable.
En 2013, Juan Maldacena y Leonard Susskind propusieron algo que suena a broma y no lo es: que los dos artículos describen lo mismo. Su conjetura, conocida como ER = EPR, dice que dos partículas entrelazadas están conectadas por un agujero de gusano microscópico. No uno que puedas cruzar —esos siguen sin ser atravesables—, pero sí una conexión geométrica real. Si es cierta, el espacio-tiempo no es el escenario donde ocurre la cuántica: está hecho de entrelazamiento cuántico. Es una de las pistas más prometedoras hacia una teoría del todo.
«Crearon un agujero de gusano en un ordenador cuántico»: lo que pasó de verdad
En noviembre de 2022, un equipo liderado por Daniel Jafferis publicó en Nature un experimento con el procesador Sycamore de Google que titulares de medio mundo tradujeron como «físicos crean un agujero de gusano». No se creó nada en el espacio: se simuló, con 9 cúbits, un sistema cuántico cuyo equivalente matemático en otra descripción teórica se comporta como un túnel.
Y en marzo de 2023 llegó el jarro de agua fría. Bryce Kobrin, Thomas Schuster y Norman Yao demostraron que el modelo simplificado usado en el experimento perdía justo las propiedades que lo hacían parecer gravitatorio. Cinco expertos independientes consultados por Quanta Magazine coincidieron en que la interpretación como agujero de gusano quedaba seriamente comprometida.
Cómo se buscaría un agujero de gusano de verdad
Que no haya ninguno detectado no significa que no se busquen. Hay al menos tres estrategias sobre la mesa, y una de ellas podría dar resultado en esta generación.
Tirones gravitatorios en las estrellas del centro galáctico
Si Sagitario A*, el agujero negro central de la Vía Láctea, fuera en realidad la boca de un agujero de gusano, la gravedad de los objetos del otro lado se notaría aquí. Dai y Stojkovic propusieron en 2019 buscar desviaciones minúsculas en la órbita de S2, la estrella que más se acerca al centro. La precisión actual no llega, pero seguir midiendo S2 una o dos décadas más sí podría bastar.
Lentes gravitatorias al revés
Una masa normal concentra la luz de lo que hay detrás. Una masa negativa la dispersa, y deja una firma característica en el brillo de la estrella de fondo: un doble pico con un valle en medio, en lugar de una única subida suave. Buscar ese patrón en los sondeos de microlentes es rastrear materia exótica directamente.
Ecos en las ondas gravitacionales
Cuando dos objetos compactos chocan, un agujero negro se traga la señal final. Un agujero de gusano, al no tener horizonte auténtico, devolvería «ecos» retardados después de la fusión. LIGO y Virgo han buscado esos ecos en sus catálogos: hasta hoy, nada estadísticamente sólido.

Lo que todavía no sabemos
La honestidad aquí es obligatoria: todo lo anterior son matemáticas. Ningún telescopio ha visto jamás algo que se comporte como un agujero de gusano, y varias de las líneas más activas apuntan a que quizá nunca lo haga.
En 2020, Juan Maldacena y Alexey Milekhin describieron un agujero de gusano que una persona podría cruzar sin morir despedazada, construido pegando dos agujeros negros con carga magnética opuesta; la energía negativa se la dan fermiones sin masa, un efecto tipo Casimir. El truco es que solo funciona dentro del modelo de Randall-Sundrum, una extensión del Modelo Estándar con dimensiones extra que nadie ha confirmado. Y aun así hay que hacer el objeto enorme: por debajo de unos 10.000 kilómetros de radio, las fuerzas de marea despedazarían al viajero.
Y en enero de 2026, Enrique Gaztanaga, del Instituto de Cosmología y Gravitación de la Universidad de Portsmouth, publicó una lectura completamente distinta del puente de Einstein-Rosen. Su propuesta es que no es un túnel espacial en absoluto, sino un espejo temporal: las dos mitades serían dos componentes de un mismo estado cuántico en los que el tiempo corre en direcciones opuestas. Si tiene razón, el puente no conecta dos lugares, conecta dos flechas del tiempo, y eso ofrecería una salida a la paradoja de la información de los agujeros negros. También implicaría que el Big Bang fue una transición entre dos fases con el tiempo invertido, una idea emparentada con lo que discutimos al hablar de las singularidades del espacio-tiempo.
Es una propuesta reciente y minoritaria, todavía por contrastar. Pero ilustra bien dónde estamos: después de noventa años, seguimos discutiendo qué es exactamente lo que Einstein y Rosen encontraron en 1935. Mientras tanto, la lista de objetos que sí hemos confirmado no para de crecer, y ahí están los distintos tipos de agujeros negros como ejemplo de lo que pasa cuando una predicción teórica acaba apareciendo en el cielo. Puedes ver todo lo que hemos publicado sobre ellos en la sección de agujeros negros de Espacio Entrelazado.
Preguntas frecuentes sobre los agujeros de gusano
¿Existen los agujeros de gusano?
Existen como solución matemática de las ecuaciones de la relatividad general desde 1935, pero no se ha detectado ninguno. A fecha de 2026 no hay ni un solo candidato observacional confirmado. Que las ecuaciones permitan algo no garantiza que la naturaleza lo construya.
¿Cuál es la diferencia entre un agujero negro y un agujero de gusano?
Un agujero negro es una región de la que nada sale y está confirmado: hay imágenes directas de dos de ellos, M87* en 2019 y Sagitario A* en 2022. Un agujero de gusano sería un túnel con dos bocas por el que se podría entrar y salir, y sigue siendo hipotético. Además, un agujero negro real formado por el colapso de una estrella no contiene ningún túnel dentro.
¿Cuánta energía haría falta para abrir un agujero de gusano?
Morris y Thorne estimaron en 1988 que un túnel de unas decenas de metros necesitaría el equivalente a la masa de Júpiter, unos 1,9 x 10^27 kilogramos, pero en forma de energía negativa. El efecto Casimir produce energía negativa real y medida, aunque en cantidades tan pequeñas que la diferencia con lo necesario es de muchos órdenes de magnitud.
¿Se puede viajar en el tiempo por un agujero de gusano?
Las ecuaciones lo permiten si mueves una de las bocas a una velocidad cercana a la de la luz: las dos quedan desincronizadas y el túnel se convierte en una máquina del tiempo. Hawking propuso en 1992 su conjetura de protección cronológica, según la cual efectos cuánticos destruirían el dispositivo antes de que funcionara. Sigue siendo una conjetura sin demostrar.
¿Es cierto que Google creó un agujero de gusano en un ordenador cuántico?
No. En 2022 se simuló con 9 cúbits del procesador Sycamore un sistema cuántico cuyo equivalente teórico se comporta como un túnel, y los titulares exageraron el resultado. En marzo de 2023, un análisis independiente mostró que el modelo simplificado perdía las propiedades gravitatorias clave, y varios expertos consideraron comprometida esa interpretación.
¿Cómo era el agujero de gusano de la película Interstellar?
Kip Thorne asesoró la película y su equipo publicó los parámetros usados en la simulación: una garganta esférica de 1 kilómetro de radio, un túnel de 10 metros de longitud y una anchura de lente gravitatoria de 50 metros. La esfera brillante que se ve en pantalla no es un agujero en el espacio: es la imagen del cielo del otro lado, deformada por la curvatura.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Morris, M. y Thorne, K.: Wormholes in spacetime and their use for interstellar travel, American Journal of Physics 56, 395 (1988)
— Fuller, R. y Wheeler, J.: Causality and Multiply Connected Space-Time, Physical Review 128, 919 (1962)
— Maldacena, J. y Susskind, L.: Cool horizons for entangled black holes (arXiv:1306.0533, 2013)
— Maldacena, J. y Milekhin, A.: Humanly traversable wormholes, Physical Review D 103, 066007 (arXiv:2008.06618)
— James, O., von Tunzelmann, E., Franklin, P. y Thorne, K.: Visualizing Interstellar’s Wormhole, American Journal of Physics 83, 486 (arXiv:1502.03809)
— Jafferis, D. et al.: Traversable wormhole dynamics on a quantum processor, Nature 612 (2022), y la réplica de Kobrin, Schuster y Yao (arXiv:2302.07897, 2023)
— NASA Chandra X-ray Observatory: imagen del centro galáctico (chandra.harvard.edu)


