Actualizado en julio, 2026 por Manuel Sánchez Ruiz
Agujeros Negros
Actualizado julio 2026
No todos los agujeros negros son iguales. Los hay del peso de una estrella y los hay tan monstruosos que uno solo pesa más que todas las estrellas de la Vía Láctea juntas. Entre el más pequeño confirmado y el mayor conocido hay un factor de más de 20.000 millones. Vamos a ordenar ese zoo cósmico en sus cuatro familias.
Lo esencial
Estelares: de 3 a 100 masas solares. Nacen del colapso de estrellas masivas.
De masa intermedia: de 100 a 100.000 masas solares. El eslabón perdido, difícil de detectar.
Supermasivos: de millones a miles de millones. Uno en el centro de casi cada galaxia.
Primordiales: hipotéticos, formados en el Big Bang. Aún no se ha confirmado ninguno.
Si aún no tienes claro qué es exactamente uno de estos objetos, empieza por la guía sobre qué es un agujero negro y cómo se forma. Aquí, dentro de todo lo que cubrimos sobre agujeros negros, nos centramos en clasificarlos por su masa, ordenados de menor a mayor.
La clave para entender esta clasificación es que un agujero negro se define por muy pocos parámetros: básicamente su masa y su giro. Y la masa lo cambia todo: determina el tamaño del horizonte de sucesos (la frontera de no retorno), cómo se formó y dónde vive. Un agujero negro no tiene una «superficie» ni un tamaño material; cuando hablamos de que uno es «más grande» que otro, nos referimos a que su horizonte de sucesos abarca más espacio porque contiene más masa.
LOS 4 TIPOS, DE MENOR A MAYOR
Estelar
3 – 100 masas solares
Ej: Cygnus X-1 (21 soles)
Intermedio
100 – 100.000 masas solares
Ej: cúmulo Omega Centauri
Supermasivo
millones – miles de millones
Ej: M87* (6.500 M soles)
Primordial
hipotético
Del Big Bang · sin confirmar
Tamaños representativos, no a escala real · espacioentrelazado.es
1. Agujeros negros estelares
Son los más comunes y los mejor entendidos. Se forman cuando una estrella muy masiva muere en una supernova: si el núcleo que queda supera unas 2,5-3 masas solares, nada puede frenar el colapso gravitatorio y se forma un agujero negro. Su masa típica va de 3 a unas 100 masas solares.
Ese umbral no es un capricho. Cuando una estrella masiva agota su combustible, su núcleo colapsa y solo hay dos finales posibles. Si el resto pesa menos de unas 2,5 masas solares, la presión de los neutrones detiene el hundimiento y queda una estrella de neutrones, un objeto tan denso que una cucharadita pesaría como una montaña. Pero si supera ese límite (el llamado límite de Tolman-Oppenheimer-Volkoff), ni siquiera esa presión aguanta: el colapso es imparable y nace un agujero negro. Por eso las estrellas que dan lugar a agujeros negros estelares deben partir de al menos unas 20 veces la masa del Sol; las más ligeras terminan como estrellas de neutrones o enanas blancas.
Solo en la Vía Láctea se estima que hay entre 10 millones y 1.000 millones de ellos. El primero identificado, en 1971, fue Cygnus X-1, a 7.000 años luz, con unas 21 masas solares. No lo vemos directamente: lo delata su estrella compañera, cuyo gas es arrancado y forma un disco que se calienta a millones de grados y emite rayos X justo antes de cruzar el horizonte. Ese resplandor en rayos X es la firma clásica de un agujero negro estelar devorando materia.
Desde 2015 tenemos una segunda forma de detectarlos: cuando dos agujeros negros estelares giran uno alrededor del otro y acaban fusionándose, sacuden el espacio-tiempo y generan ondas gravitacionales. Los detectores LIGO y Virgo han «oído» ya decenas de estas colisiones, algunas de agujeros sorprendentemente pesados (de 80 o 90 masas solares) que desafían los modelos de cómo mueren las estrellas. Cada fusión libera, en una fracción de segundo, más energía que todas las estrellas del universo observable juntas.
2. Agujeros negros de masa intermedia
Aquí está el gran misterio. Los de masa intermedia, con entre 100 y 100.000 masas solares, son el «eslabón perdido» entre los estelares y los supermasivos. Durante décadas apenas había candidatos, y entenderlos es clave: podrían ser las semillas a partir de las cuales crecieron los monstruos supermasivos.
El problema es de detección. No suelen tener una estrella compañera que los delate en rayos X, y son demasiado ligeros para mover galaxias enteras de forma evidente. Los mejores candidatos aparecen de dos maneras: como fuentes de rayos X ultraluminosas en galaxias lejanas, y a través de eventos en los que una estrella se acerca demasiado y es despedazada por las fuerzas de marea, un «destello» que revela la masa del agujero oculto. Confirmar cada caso cuesta años de observación, y por eso esta categoría sigue siendo la peor poblada del catálogo pese a que, en teoría, deberían ser abundantes.
¿Por qué son tan escurridizos?
Son demasiado pequeños para dominar el centro de una galaxia y demasiado grandes para venir de una sola estrella. Se cree que se esconden en el corazón de los cúmulos globulares y de las galaxias enanas. En 2024 se reforzaron las pruebas de uno en Omega Centauri, el mayor cúmulo estelar de nuestra galaxia.
3. Agujeros negros supermasivos
Son los reyes. Con masas de millones a miles de millones de soles, hay uno en el centro de prácticamente todas las grandes galaxias. El de nuestra Vía Láctea, llamado Sagitario A*, tiene 4,3 millones de masas solares y es relativamente tranquilo. El de la galaxia M87, el primero fotografiado (2019), ronda los 6.500 millones.
Lo desconcertante es cómo se hicieron tan grandes tan pronto: el telescopio James Webb ha encontrado agujeros negros supermasivos que ya existían cuando el universo tenía menos de 1.000 millones de años. No hubo tiempo material para que crecieran poco a poco desde uno estelar, lo que apunta a que quizá nacieron ya grandes, por colapso directo de nubes de gas gigantes.
Cuando uno de estos gigantes se pone a devorar gas a lo bestia, el disco que lo rodea brilla más que toda su galaxia: es lo que llamamos un cuásar, el tipo de objeto más luminoso del universo. Pero no todo es destrucción. Los supermasivos también moldean a sus galaxias: la masa del agujero negro central y la de las estrellas de la galaxia guardan una relación tan ajustada que los astrónomos creen que crecen juntos, regulándose mutuamente. En cierto sentido, cada gran galaxia y su agujero negro central son una pareja que ha evolucionado de la mano durante miles de millones de años.
66.000.000.000
masas solares: el agujero negro TON 618
Más masa que todas las estrellas de la Vía Láctea juntas
El mayor conocido es TON 618, un cuásar a 10.800 millones de años luz. Su masa estimada, unos 66.000 millones de soles (algunas revisiones la bajan a 40.700 millones), es tan descomunal que los astrónomos tuvieron que inventar el término «ultramasivo». Su horizonte de sucesos mide unas 30-40 veces el diámetro de todo el sistema solar. En 2025, además, se midió con gran precisión otro de 36.000 millones de masas solares en la Herradura Cósmica, gracias a una lente gravitacional.
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4. Agujeros negros primordiales
Estos son distintos: no nacen de estrellas, sino que, en teoría, se habrían formado en los primeros instantes tras el Big Bang, cuando el universo era tan denso que ciertas regiones pudieron colapsar directamente. Podrían tener cualquier masa, desde la de un asteroide hasta miles de soles. Son hipotéticos: no se ha confirmado ninguno.
¿Por qué nos importan entonces? Porque si existieran, podrían explicar parte de la materia oscura, ese 27% del universo cuya naturaleza desconocemos. Los astrónomos los buscan por sus efectos de microlente gravitacional sobre estrellas lejanas: si uno pasara por delante de una estrella, su gravedad actuaría como una lupa y la haría brillar más durante un instante. Se han hecho campañas de observación de millones de estrellas buscando ese parpadeo delator. De momento, la caza sigue abierta y los límites que se van poniendo descartan que la materia oscura sea, al menos, solo agujeros primordiales.
¿Cómo se «ven» si son invisibles?
Un agujero negro no emite luz, así que nunca lo observamos directamente: lo detectamos por lo que le hace a su entorno. Hay tres grandes métodos, y cada uno funciona mejor para un tipo distinto.
Por la materia que devoran
El gas que cae forma un disco que se calienta a millones de grados y emite rayos X. Así se cazan los estelares en sistemas binarios y se detectan los cuásares supermasivos a miles de millones de años luz.
Por cómo mueven a las estrellas
Siguiendo las órbitas de las estrellas del centro galáctico se calcula la masa invisible que las gobierna. Ese trabajo con Sagitario A* ganó el Nobel de Física en 2020.
Por su sombra y sus ondas
El Event Horizon Telescope fotografió la «sombra» de M87* (2019) y de Sgr A* (2022). Y las fusiones se detectan por las ondas gravitacionales que emiten, sin necesidad de luz alguna.
Los 4 tipos de un vistazo
| Tipo | Masa (soles) | Cómo se forma | Ejemplo |
|---|---|---|---|
| Estelar | 3 – 100 | Colapso de estrella masiva | Cygnus X-1 |
| Intermedio | 100 – 100.000 | Fusiones en cúmulos (incierto) | Omega Centauri |
| Supermasivo | millones – miles de millones | Crecimiento y fusiones galácticas | Sagitario A*, M87*, TON 618 |
| Primordial | cualquiera (teórico) | Densidad extrema del Big Bang | Ninguno confirmado |
Lo que todavía no sabemos
Los agujeros negros de masa intermedia siguen siendo difíciles de cazar, y sin ellos falta un capítulo de la historia. Tampoco entendemos del todo cómo los supermasivos crecieron tan rápido en el universo temprano, ni por qué la masa de cada uno encaja tan bien con la de su galaxia. Y los primordiales podrían no existir en absoluto, o ser la pieza que resuelva el enigma de la materia oscura. Ni siquiera sabemos con certeza qué ocurre en el centro de cualquiera de ellos, donde la física que conocemos deja de funcionar. Cada respuesta que consigue el James Webb o los detectores de ondas gravitacionales abre dos preguntas nuevas. Si te pica la curiosidad de lo que se sentiría al acercarse a uno, mira qué pasaría si cayeras en un agujero negro.
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Preguntas frecuentes
¿Cuántos tipos de agujeros negros hay?
Cuatro: estelares (3-100 masas solares), de masa intermedia (100-100.000), supermasivos (millones a miles de millones) y primordiales (hipotéticos, del Big Bang). Los tres primeros están confirmados; el cuarto aún no.
¿Cuál es el agujero negro más grande conocido?
TON 618, con una masa estimada de unos 66.000 millones de soles (algunas revisiones la sitúan en 40.700 millones). Es un cuásar a 10.800 millones de años luz y su horizonte de sucesos mide más que todo el sistema solar.
¿Qué agujero negro hay en el centro de la Vía Láctea?
Sagitario A*, un supermasivo de unos 4,3 millones de masas solares. Está a 27.000 años luz y fue fotografiado por el Telescopio del Horizonte de Sucesos en 2022. Es relativamente tranquilo comparado con los de otras galaxias.
¿Existen los agujeros negros primordiales?
Son una hipótesis: se habrían formado en el Big Bang, no de estrellas. No se ha confirmado ninguno, pero si existieran podrían explicar parte de la materia oscura. Los astrónomos los buscan por sus efectos de microlente gravitacional.
¿Por qué son tan raros los de masa intermedia?
Porque son demasiado grandes para venir de una sola estrella y demasiado pequeños para dominar el centro de una galaxia. Se cree que se ocultan en cúmulos globulares y galaxias enanas, y son el posible eslabón entre estelares y supermasivos.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— NASA: Types of Black Holes (science.nasa.gov/black-holes)
— Event Horizon Telescope: Imágenes de M87* (2019) y Sgr A* (2022)
— ESA/Hubble y NASA/JWST: Agujeros negros supermasivos en el universo temprano







