Actualizado en julio, 2026 por Manuel Sánchez Ruiz
Astronomía
Actualizado julio 2026
Un reloj de sol se apaga al anochecer. Y durante casi toda la historia de la astronomía, la mitad del trabajo se hacía justo entonces. La clepsidra —un recipiente con un agujero por el que el agua se escapa a un ritmo conocido— fue la respuesta a ese problema durante unos 2.700 años, desde el Egipto de Amenhotep III hasta que los escapes mecánicos la jubilaron hacia el año 1300. No era un juguete: era el único instrumento capaz de decirte cuánto tiempo llevabas mirando el cielo.
Lo esencial
Qué es: un reloj que mide el tiempo por la cantidad de agua que sale de un recipiente (o que entra en él) a través de un orificio calibrado.
Cuál es la más antigua: la clepsidra de Karnak, del reinado de Amenhotep III, hacia 1417-1379 a.C. En Babilonia hay tablillas que las describen desde el segundo milenio antes de Cristo.
Para qué servía en astronomía: para medir las horas de la noche, cuando el reloj de sol no funciona, y para cronometrar la duración de fenómenos celestes.
Su gran defecto: el agua no sale a ritmo constante y su viscosidad cambia con la temperatura. Un grado de diferencia bastaba para desviar el reloj media hora al día.
El detalle que casi nadie cuenta: Ptolomeo la probó para medir el tamaño aparente del Sol y de la Luna, y la descartó por imprecisa.
Qué es una clepsidra
La palabra viene del griego klepto (robar) e hydor (agua): literalmente, «ladrona de agua». Una clepsidra es cualquier dispositivo que convierte un caudal de agua en una lectura de tiempo. No mide el tiempo directamente —nada lo hace—, sino que aprovecha un proceso físico que avanza siempre igual y lo usa como referencia. Exactamente el mismo truco que hace hoy un reloj atómico, solo que con agua en lugar de átomos de cesio. Es uno de los objetos que mejor resume qué era hacer astronomía antes del telescopio: mucha paciencia y muy poca tecnología.
Hay dos familias, y conviene distinguirlas porque no tienen los mismos problemas:
De salida (o de flujo saliente). Un recipiente lleno con un orificio abajo. El agua se va y las marcas del interior indican cuánto tiempo ha pasado. Es la más antigua y la más simple. La egipcia y la babilónica son de este tipo.
De entrada (o de flujo entrante). El agua cae desde un depósito a un recipiente vacío graduado, y el nivel que sube marca la hora. Es más precisa, porque el depósito de arriba puede mantenerse siempre lleno hasta el mismo punto y así el chorro no pierde fuerza. Es la que perfeccionó Ctesibio de Alejandría en el siglo III a.C.
Por qué esto importaba tanto
Un instrumento astronómico antiguo te daba ángulos: a qué altura estaba una estrella, en qué dirección salía el Sol. Ninguno te daba duración. Sin un reloj, no puedes decir cuánto duró un eclipse, ni a qué ritmo se mueve un planeta, ni cuántas horas faltan para que salga la estrella que estás esperando. La clepsidra fue, durante milenios, el único cronómetro disponible.
Cómo funciona la clepsidra (y el problema que la persiguió siempre)
Aquí está la parte que casi ningún texto explica bien. Si llenas un cubo cilíndrico y le haces un agujero en el fondo, el agua no sale a velocidad constante. Sale rápido al principio, cuando hay mucha columna de agua empujando, y cada vez más despacio a medida que el nivel baja. Lo formalizó Torricelli en 1643, pero cualquiera que haya vaciado una bañera lo ha visto.
Consecuencia práctica: en una vasija recta, unas marcas separadas por la misma distancia no corresponden a intervalos iguales de tiempo. Las primeras horas pasarían volando y las últimas se harían eternas. Los artesanos egipcios lo resolvieron sin ecuaciones, a base de prueba y error: dieron a la vasija paredes inclinadas, más ancha arriba que abajo. Así, cuando el chorro se debilita, también hay menos sección que vaciar, y el nivel baja a ritmo casi constante.
POR QUÉ LAS CLEPSIDRAS SON CÓNICAS
Las cuatro marcas están a la misma distancia en las dos vasijas. Fíjate en cuándo las cruza el agua.
Vasija rectaEl agua cae rápido y se frena. Las horas salen cada vez más largas.
Vasija cónicaAl estrecharse, compensa la pérdida de empuje. Las horas salen iguales.
espacioentrelazado.es
La solución egipcia no es una anécdota decorativa: es una corrección física deducida por observación, siglos antes de que existiera la hidrodinámica. La vasija de Karnak tiene las paredes abiertas hacia arriba y un pequeño orificio junto a la base, exactamente como pide el problema.
La clepsidra de Karnak y el misterio de las doce columnas
La clepsidra más antigua que se conserva salió del recinto de Amón-Ra, en Karnak, y se fecha en el reinado de Amenhotep III, hacia 1417-1379 a.C. Una inscripción en la tumba de un funcionario llamado Amenemhat, del siglo XVI a.C., se atribuye la invención del aparato, así que la idea es todavía más antigua que el ejemplar que ha llegado hasta nosotros.
Lo interesante está dentro. La vasija no lleva una escala de marcas, sino doce columnas de marcas distintas. Y ahí hay una pregunta que merece la pena hacerse: ¿por qué doce escalas para medir lo mismo?
Porque en Egipto una hora no duraba siempre lo mismo. La noche se dividía en doce partes iguales entre sí, pero la noche de diciembre es mucho más larga que la de junio. Con ese sistema —las llamadas horas temporales o desiguales—, una hora nocturna de invierno podía durar un 40 % más que una de verano. Una escala por mes era la única forma de que el reloj siguiera dando «la hora correcta» todo el año.
TRADUCIDO A ALGO QUE PUEDAS IMAGINAR
Imagina que tu reloj de pulsera tuviera que cambiar de esfera cada mes porque la hora se estira en invierno y se encoge en verano. Eso es exactamente lo que resolvía la clepsidra de Karnak con sus doce escalas grabadas por dentro. La hora fija de 60 minutos que damos por supuesta es un invento posterior, y llegó con los relojes mecánicos.
Los sacerdotes usaban el aparato para saber en qué momento exacto de la noche tocaba cada rito del templo. Y para calibrarlo tenían un sistema astronómico paralelo: los decanos, 36 grupos de estrellas cuya salida por el horizonte iba marcando el avance de la noche. El reloj de agua y el reloj estelar se corregían mutuamente. En Babilonia, las tablillas registran un uso más prosaico pero igual de revelador: pagar a los guardias según las horas de vigilancia diurna y nocturna que habían cubierto.
| Cuándo | Quién / dónde | Qué aportó |
|---|---|---|
| s. XX-XVI a.C. | Babilonia | Clepsidras cilíndricas de salida descritas en tablillas de arcilla |
| h. 1400 a.C. | Karnak, Egipto | Paredes inclinadas y doce escalas internas, una por mes |
| 190-120 a.C. | Hiparco de Nicea | Reloj anafórico: cuerdas y poleas movidas por agua que hacían girar un astrolabio |
| 285-222 a.C. | Ctesibio de Alejandría | Clepsidra de entrada con regulación de nivel, y esfera con aguja indicadora |
| s. I a.C. | Torre de los Vientos, Atenas | Ocho relojes de sol y una clepsidra mecanizada alimentada por un manantial de la Acrópolis |
| 78-139 d.C. | Zhang Heng, China | Agua aplicada al movimiento de instrumentos de observación |
| 1088 | Su Song, China | Torre de más de 9 m con escape y cadena de transmisión que movía una esfera armilar de bronce |
| 1206 | Al-Yazari | Reloj del castillo, de unos 3,4 m, con zodiaco y órbitas del Sol y la Luna programables |
Por qué la clepsidra es un instrumento astronómico
Esta es la parte que se suele contar como historia de la relojería y que en realidad es historia de la astronomía. Los relojes de sol y los gnómones miden la posición del Sol; funcionan de día y con cielo despejado. La esfera armilar y los anillos graduados miden ángulos, no duraciones. Cuando un astrónomo antiguo quería saber cuánto había durado algo, solo tenía el agua.
Hiparco de Nicea, el mismo que compiló el primer catálogo estelar serio, construyó un reloj anafórico: un mecanismo de cuerdas y poleas accionado por agua que hacía girar un astrolabio, de modo que el disco reproducía el giro real del cielo. Es la primera vez que un reloj no solo cuenta el tiempo, sino que simula el movimiento celeste. Mil doscientos años después, Su Song llevó la idea al extremo en Kaifeng: su torre de 1088 medía más de nueve metros, funcionaba con un escape hidráulico y movía a la vez una esfera armilar de bronce para observar y un globo celeste que giraba solo. La astronomía de la antigua China llevaba siglos usando el agua como motor de sus instrumentos.
2.700
años midiendo el tiempo con agua
Desde la clepsidra de Karnak (h. 1400 a.C.) hasta los escapes mecánicos europeos (h. 1300 d.C.)
Cuando Ptolomeo dijo que no se fiaba
Aquí está el dato que casi nunca aparece en los artículos sobre la clepsidra, y que dice más sobre el instrumento que cualquier elogio.
Para medir el tamaño aparente del Sol y de la Luna en el cielo hay un método que parece elegante: cronometrar lo que tardan en salir por el horizonte y compararlo con lo que tarda el cielo entero en dar una vuelta. Astrónomos anteriores a Ptolomeo lo intentaron midiendo ese tiempo con el flujo de agua de una clepsidra. En el Almagesto, Ptolomeo revisa el procedimiento y lo descarta explícitamente por no ser suficientemente preciso: prefiere medir el ángulo directamente con una dioptra, un instrumento de visado. Puedes ver cómo encajaba esa decisión en el conjunto de su modelo del cosmos.
Que el mejor astrónomo de la Antigüedad rechazara el reloj de agua para su medición más delicada no es un desprecio: es una evaluación honesta de un instrumento cuyos límites conocía muy bien. Para saber a qué hora empezaba un rito, la clepsidra sobraba. Para medir 33 minutos de arco —el tamaño aparente de la Luna que dio Hiparco, 1/650 de circunferencia—, no llegaba.
El enemigo silencioso: la temperatura
La viscosidad del agua cambia de forma brutal con el calor: entre 0 °C y 100 °C varía en un factor de siete. En la práctica, una clepsidra que funcionara un grado Celsius más fría o más caliente de lo previsto se desviaba alrededor de media hora al día. Para que fuera fiable habría hecho falta controlar la temperatura con una precisión de una treintava parte de grado, algo imposible entonces. Lo que salvaba al sistema era la rutina: cada día se volvía a poner en hora con el reloj de sol, y el error no llegaba a acumularse.
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Cómo se hace una clepsidra que funcione
Si quieres construir una en casa —es un experimento excelente para entender por qué medir el tiempo es difícil—, estos son los pasos y la razón física de cada uno.
Elige un recipiente que se estreche hacia abajo
Una maceta de barro o un vaso cónico sirven. La forma es lo que compensa la pérdida de presión: si usas un bote recto, las horas te saldrán desiguales.
Haz un orificio pequeño y limpio junto al fondo
Cuanto más pequeño, más lento y más medible. Un agujero irregular genera turbulencias y arruina la regularidad del chorro.
Calibra con un reloj de verdad, no con una regla
Llénalo, tapa el agujero, destápalo y marca el nivel cada cinco minutos exactos. Las marcas te saldrán a distancias distintas, y esa desigualdad es justo el dato interesante.
Repite la prueba en un día frío
Comprobarás en tu propia cocina el defecto que traía de cabeza a los egipcios: con el agua más fría, el reloj se retrasa.
Por qué desapareció y qué la sustituyó
En Europa, hacia el año 1300, aparecen los relojes mecánicos con escape de rueda de corona. Un escape no depende de un fluido: divide el tiempo en golpes discretos e iguales, y eso resuelve de un plumazo tanto la caída de presión como la viscosidad. La clepsidra pierde su función principal en cuestión de décadas.
La idea de fondo, en cambio, no se ha perdido nunca. Un reloj sigue siendo un proceso físico regular que se cuenta: gotas, oscilaciones de un péndulo, vibraciones de un cuarzo, transiciones de un átomo de cesio. Cada salto ha significado ganar precisión, y cada salto ha permitido hacer astronomía que antes no se podía hacer. Los relojes atómicos que llevan a bordo los satélites GPS se desvían menos de un segundo en varios millones de años, y sin esa precisión no habría posicionamiento por satélite. Es la misma pregunta de la vasija de Karnak, resuelta con otra física.
Y el vínculo entre tiempo y cielo tampoco se ha roto. La escala UT1, que sigue usándose en astronomía y geodesia, se define por la rotación real de la Tierra, medida hoy con radiotelescopios. Cuando la Tierra se desacompasa de los relojes atómicos, se añade un segundo intercalar. Seguimos, en el fondo, ajustando el reloj al cielo.
Lo que todavía no sabemos
No está claro quién inventó la clepsidra. La inscripción de Amenemhat se lo atribuye, pero las tablillas babilónicas describen aparatos comparables en fechas parecidas o anteriores, y no hay forma de saber si hubo una invención única que viajó o varias independientes. La astronomía antigua tiene bastantes casos así.
Tampoco sabemos con certeza cómo mostraba la hora la clepsidra de la Torre de los Vientos de Atenas. Se conserva el edificio octogonal, con sus indicaciones del recorrido del Sol y sus ocho relojes de sol exteriores, y se sabe que en su interior había un mecanismo alimentado por un manantial de la Acrópolis. Pero el mecanismo no está: se discute si movía una varilla vertical, si hacía sonar una campana mediante un autómata, o alguna otra cosa. Y de la desigualdad de las horas antiguas queda un rastro curioso en el cielo actual: la diferencia entre el mediodía del reloj y el mediodía solar real, que dibuja la figura de ocho del analema solar.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente una clepsidra?
Es un reloj que mide el tiempo mediante el paso de agua por un orificio calibrado. Las hay de dos tipos: de salida, donde el nivel baja en un recipiente marcado, y de entrada, donde el agua cae a un recipiente graduado y el nivel sube. El nombre viene del griego y significa «ladrona de agua».
¿Cuál es la clepsidra más antigua que se conserva?
La de Karnak, hallada en el recinto de Amón-Ra y fechada en el reinado de Amenhotep III, hacia 1417-1379 a.C. En Babilonia se describen relojes de agua cilíndricos en tablillas del segundo milenio antes de Cristo, de modo que la tecnología es al menos igual de antigua allí.
¿Por qué las clepsidras tienen forma cónica?
Porque el agua sale más despacio a medida que baja el nivel: hay menos columna empujando. Si la vasija fuera recta, las horas irían alargándose. Al estrecharse hacia abajo, queda menos volumen que vaciar justo cuando el chorro se debilita, y el nivel desciende a ritmo casi constante.
¿Qué precisión tenía un reloj de agua?
Bastante peor de lo que suele decirse. Su punto débil es la temperatura: la viscosidad del agua varía en un factor de siete entre 0 °C y 100 °C, y un solo grado de diferencia desviaba el reloj alrededor de media hora al día. El error no se acumulaba porque cada jornada se volvía a ajustar con un reloj de sol.
¿Para qué usaban los astrónomos la clepsidra?
Para medir duraciones cuando el reloj de sol no servía, es decir, de noche y con mal tiempo: horas de vigilia, ritos de templo, duración de fenómenos celestes. Hiparco llegó a construir un reloj anafórico movido por agua que hacía girar un astrolabio, y Su Song, en 1088, usó un escape hidráulico para mover una esfera armilar de bronce y un globo celeste.
¿Por qué se dejaron de usar los relojes de agua?
Porque hacia 1300 aparecieron en Europa los relojes mecánicos con escape de rueda de corona, que dividen el tiempo en golpes iguales y no dependen ni de la presión del líquido ni de su temperatura. La clepsidra perdió su ventaja principal y quedó relegada a usos ceremoniales y decorativos.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Ptolomeo: Almagesto, libros IV y V (discusión del método de medida del diámetro aparente y uso de la dioptra)
— Encyclopaedia Britannica: Clepsydra — Water Clock, Ancient Timepiece (britannica.com/technology/clepsydra)
— Historical development of water-powered mechanical clocks, Mechanical Sciences 12, 203 (2021), Copernicus Publications
— Museo Egipcio de El Cairo: clepsidra de Karnak, reinado de Amenhotep III







