Fugaces

Tipos de estrellas fugaces: esporádicas, bólidos y rasantes

La clasificación real de los meteoros: por origen, por brillo y por velocidad. Y por qué el color te dice de qué metal está hecho el que ves.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 10 de diciembre de 2023 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 10 min de lectura
tipos de estrellas fugaces - Espacio Entrelazado
tipos de estrellas fugaces - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. Primero, la clasificación que importa: esporádicos o de lluvia
  2. Por brillo: cuándo un meteoro pasa a llamarse bólido
  3. Por velocidad: por qué ninguno va a menos de 11 ni a más de 72
  4. La velocidad explica el carácter de cada lluvia
  5. Por qué una misma lluvia no da lo mismo todos los años
  6. Dos casos especiales que merecen nombre propio
  7. Cómo aprovechar todo esto una noche cualquiera
  8. Preguntas frecuentes sobre los tipos de estrellas fugaces
  9. ¿Cuántos tipos de estrellas fugaces hay?
  10. ¿Qué es un bólido exactamente?
  11. ¿Por qué las estrellas fugaces tienen colores distintos?
  12. ¿Cuál es la diferencia entre un meteoro esporádico y uno de lluvia?
  13. ¿A qué velocidad entran las estrellas fugaces?
  14. ¿Cuánto material cae a la Tierra cada día?

Cuando ves una estrella fugaz de color verdoso estás viendo magnesio ionizándose a más de mil grados; si es amarilla anaranjada, es sodio; si tira a violeta, calcio. El color no es un adorno: es un análisis químico gratuito de una piedra que probablemente tenía el tamaño de un grano de arena. Los tipos de estrellas fugaces se clasifican por tres criterios reales —de dónde vienen, cuánto brillan y a qué velocidad entran—, y cada uno de ellos te dice algo distinto de lo que acabas de ver.

Lo esencial

Por origen: esporádicos (sueltos, a cualquier hora del año) o de lluvia (de un enjambre concreto, en fechas fijas).

Por brillo: meteoro normal, bólido (más brillante que Venus) o superbólido, que puede llegar a explotar.

Por velocidad: entre 11 y 72 km/s. Esos dos límites no son casuales, y se explican abajo.

Cuánto cae: unas 100 toneladas de material al día, casi todo en forma de partículas diminutas.

Primero, la clasificación que importa: esporádicos o de lluvia

Esta es la división básica y la que más consecuencias tiene para quien mira el cielo. Un meteoro esporádico es una partícula suelta que llevaba millones de años orbitando el Sol por su cuenta y que se ha cruzado con la Tierra por casualidad. No tiene horario ni dirección preferente: puede aparecer cualquier noche del año y desde cualquier punto del cielo. En una noche oscura y sin luna, un observador ve del orden de cinco a diez por hora solo de este tipo.

Un meteoro de lluvia pertenece a un enjambre: un río de partículas que un cometa fue dejando a lo largo de su órbita durante siglos. Como la Tierra cruza ese río por el mismo punto todos los años, las lluvias tienen fecha en el calendario. Y como todas las partículas viajan en paralelo, al entrar parecen salir de un mismo punto del cielo por efecto de la perspectiva. A ese punto se le llama radiante, y es lo que da nombre a cada lluvia: las Perseidas radian de Perseo y las Leónidas, de Leo.

La utilidad práctica de saber esto es inmediata: si trazas mentalmente hacia atrás la trayectoria del meteoro que acabas de ver y llega al radiante de la lluvia de esa noche, pertenece a ella. Si no, es un esporádico que pasaba por ahí. Las fechas de cada enjambre están en el calendario completo de lluvias de meteoros.

Por brillo: cuándo un meteoro pasa a llamarse bólido

Aquí hay un umbral concreto y no una impresión subjetiva. Se llama bólido a todo meteoro que supera la magnitud -4, es decir, que brilla más que Venus en el cielo del amanecer o del anochecer. Por debajo de ese umbral es simplemente un meteoro.

Los bólidos más potentes reciben el nombre de superbólidos y hacen cosas que un meteoro corriente no: iluminan el paisaje como si fuera de día durante un segundo, dejan una estela persistente que puede durar minutos y a veces terminan en una explosión audible, cuando la presión del aire fragmenta la roca de golpe a decenas de kilómetros de altura. Ese último caso es el que deja fragmentos en el suelo, y ahí es donde la palabra cambia: lo que llega abajo ya no es un meteoro sino un meteorito, una distinción que se explica en el artículo sobre meteoritos y estrellas fugaces.

Lo llamativo es lo poco que hace falta para producir el espectáculo. La inmensa mayoría de los meteoros que ves a simple vista los provocan partículas de entre un miligramo y un gramo: granos de arena. Lo que los hace visibles a cien kilómetros de distancia no es su tamaño sino su velocidad.

Por velocidad: por qué ninguno va a menos de 11 ni a más de 72

Los dos extremos del rango están fijados por la física orbital, y entenderlos explica de golpe por qué unas lluvias son lentas y majestuosas y otras, rayas rapidísimas.

El mínimo son 11,2 km/s, que es la velocidad de escape de la Tierra. Aunque una partícula estuviera parada respecto a nosotros, nuestra gravedad la aceleraría hasta esa cifra antes de que llegara a la atmósfera. Es imposible entrar más despacio.

El máximo, unos 72 km/s, sale de sumar dos cosas: la velocidad máxima que puede llevar un objeto ligado al Sol a nuestra distancia, unos 42 km/s, más los 30 km/s a los que la Tierra recorre su órbita. Ese tope solo se alcanza en un choque frontal, cuando el enjambre orbita en sentido contrario al nuestro y nos lo encontramos de cara.

Qué elemento estás viendo arder, según el color

NARANJA
AMARILLO

Sodio. El color más frecuente en los meteoros brillantes.

AMARILLO

Hierro. Habitual en los fragmentos de origen asteroidal.

VERDE
AZULADO

Magnesio. El verde llamativo de muchos bólidos sale de aquí.

VIOLETA

Calcio. Poco común y difícil de apreciar a simple vista.

ROJIZO

El aire, no la piedra. Nitrógeno y oxígeno atmosféricos excitados por el paso.

Cuanto más rápido entra el meteoro, más energía deposita y más se ionizan tanto sus metales como el aire que atraviesa.

¿Te gusta el cielo contado con los datos delante?

Cada semana un artículo. Sin spam.

Quiero seguir aprendiendo

La velocidad explica el carácter de cada lluvia

Con esos límites en la cabeza, las diferencias entre lluvias dejan de ser caprichos y pasan a ser geometría orbital pura.

LluviaVelocidad de entradaQué se vePor qué
Leónidas71 km/sRayas rapidísimas, muchas con estela persistenteSu enjambre orbita al revés que la Tierra: choque frontal
Perseidas59 km/sRápidas y brillantes, con bólidos frecuentesÓrbita muy inclinada, entrada casi de frente
Gemínidas35 km/sRitmo medio, trazos amarillentos y densosProceden de un asteroide, no de un cometa
Táuridas28 km/sPocas y lentas, pero con bólidos espectacularesVan casi en nuestra misma dirección: nos alcanzan despacio

Las Gemínidas son el caso interesante de la tabla: son la única lluvia mayor que no viene de un cometa sino de un objeto rocoso, y eso se nota. Sus partículas son más densas, aguantan más tiempo antes de desintegrarse y producen trazos largos y consistentes en lugar de destellos rápidos.

Por qué una misma lluvia no da lo mismo todos los años

Un enjambre no es un río uniforme. El cometa que lo generó deja material cada vez que pasa cerca del Sol, así que la corriente está formada por filamentos de distintas edades, unos densos y otros casi vacíos, y las órbitas de esos filamentos se van desplazando por el tirón gravitatorio de los planetas. Que la Tierra atraviese este año un filamento reciente o un tramo agotado marca la diferencia entre ver diez meteoros por hora o cien.

El caso extremo son las tormentas de meteoros, y el ejemplo canónico es el de 1833. Aquella noche de noviembre las Leónidas alcanzaron tasas estimadas en decenas de miles por hora sobre Norteamérica, con testigos describiendo el cielo entero en movimiento. Aquel espectáculo tuvo una consecuencia científica de primer orden: al comparar observaciones desde sitios distintos se comprobó que todos los meteoros parecían venir del mismo punto entre las estrellas, y eso demostró que el fenómeno no era meteorológico, como decía su nombre, sino que llegaba de fuera de la atmósfera.

Las Leónidas repiten esos picos aproximadamente cada 33 años, que es lo que tarda su cometa de origen en dar una vuelta al Sol y reponer la parte densa del enjambre. Hubo tormentas notables en 1866, en 1966 y entre 1999 y 2002. Fuera de esas ventanas, la misma lluvia se queda en unos quince meteoros por hora. Por eso conviene mirar las previsiones del año concreto y no fiarse de la fama histórica de un enjambre.

Dos casos especiales que merecen nombre propio

Hay dos fenómenos que no encajan en las categorías anteriores y que, si los ves, no se olvidan.

Los meteoros rasantes entran en la atmósfera con un ángulo tan bajo que en lugar de caer la rozan y vuelven a salir, o recorren un trayecto larguísimo antes de consumirse. Duran varios segundos en vez de una fracción, cruzan medio cielo y se ven muy despacio. Se producen sobre todo cuando el radiante de la lluvia está justo en el horizonte, así que la mejor hora para cazarlos es a primera hora de la noche, antes de que el radiante suba.

Las estelas persistentes son el rastro que a veces queda flotando después de que el meteoro haya desaparecido: una línea tenue y retorcida que puede durar desde unos segundos hasta varios minutos. Es gas ionizado que tarda en recombinarse, y los vientos de la alta atmósfera lo van deformando mientras se apaga. Se dan sobre todo en meteoros muy rápidos, y por eso las Leónidas son famosas por ellas.

Cómo aprovechar todo esto una noche cualquiera

Saber clasificar cambia bastante la experiencia de mirar. Con el ojo adaptado a la oscuridad —hacen falta unos veinte minutos sin mirar el móvil— y tumbado boca arriba para abarcar el máximo de cielo, puedes anotar de cada meteoro tres cosas: de dónde venía, cuánto brilló comparado con las estrellas de alrededor y de qué color era. Con eso ya sabes si era de la lluvia o esporádico, si fue un bólido y qué metal viste arder.

Lo único que de verdad hace falta es cielo oscuro, así que merece la pena consultar los mapas de contaminación lumínica antes de elegir sitio. Y si quieres llevarte imágenes, en la guía de astrofotografía para principiantes está lo básico: gran angular, exposiciones largas encadenadas y paciencia. Puedes ver otros fenómenos observables a simple vista y los casos históricos más llamativos en las estrellas fugaces más famosas, dentro de la sección de estrellas fugaces.

Preguntas frecuentes sobre los tipos de estrellas fugaces

¿Cuántos tipos de estrellas fugaces hay?

Se clasifican por tres criterios distintos, no por uno. Por origen: esporádicos o de lluvia. Por brillo: meteoro corriente, bólido si supera la magnitud -4 y superbólido en los casos extremos. Y por velocidad de entrada, entre 11 y 72 km/s, que es lo que determina si se ven rápidos o lentos.

¿Qué es un bólido exactamente?

Un meteoro que brilla más que magnitud -4, aproximadamente el brillo de Venus. Los más intensos iluminan el paisaje durante un segundo, dejan estela persistente y a veces terminan explotando en la atmósfera por la presión del aire, lo que puede dejar fragmentos en el suelo.

¿Por qué las estrellas fugaces tienen colores distintos?

Porque cada elemento emite en su propia longitud de onda al ionizarse. El naranja y el amarillo intenso indican sodio; el amarillo, hierro; el verde azulado, magnesio; y el violeta, calcio. El tono rojizo, en cambio, no viene de la piedra sino del nitrógeno y el oxígeno del aire excitados a su paso.

¿Cuál es la diferencia entre un meteoro esporádico y uno de lluvia?

El esporádico es una partícula suelta que se cruza con la Tierra por casualidad, sin fecha ni dirección preferente. El de lluvia pertenece a un enjambre dejado por un cometa, así que aparece en fechas fijas del año y todos sus meteoros parecen salir de un mismo punto del cielo, el radiante.

¿A qué velocidad entran las estrellas fugaces?

Entre 11 y 72 kilómetros por segundo. El mínimo es la velocidad de escape terrestre, porque la gravedad acelera a cualquier partícula hasta esa cifra. El máximo se alcanza solo en choque frontal, sumando los 42 km/s máximos de un objeto ligado al Sol a nuestra distancia y los 30 km/s de la órbita terrestre.

¿Cuánto material cae a la Tierra cada día?

Se estima que entran unas 100 toneladas diarias de material meteórico, pero casi todo en forma de partículas microscópicas que se frenan sin producir ningún destello. Los meteoros que sí se ven a simple vista los provocan granos de entre un miligramo y un gramo.

La próxima que veas, fíjate en el color

Cada semana un artículo. Sin spam.

Quiero seguir aprendiendo

¿Te has quedado con ganas de más?

Cada semana un artículo. Sin spam.

Quiero seguir aprendiendo