Galaxias

Colisión entre galaxias: las estrellas no llegan a chocar

Dos galaxias se atraviesan sin que colisione una sola estrella. Lo que sí choca es el gas, y eso desata todo lo demás. Cómo funciona una fusión galáctica.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 5 de enero de 2024 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 11 min de lectura
colisión entre galaxias - Espacio Entrelazado
colisión entre galaxias - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. Por qué las estrellas se esquivan sin querer
  2. Lo que sí choca: el gas
  3. Las colas: la firma inconfundible
  4. Cinco colisiones que puedes ir a ver
  5. Lo que la colisión le hace al centro
  6. Nuestra galaxia lleva haciéndolo toda la vida
  7. Lo que todavía no se entiende bien
  8. Preguntas frecuentes sobre las colisiones entre galaxias
  9. ¿Chocan las estrellas cuando colisionan dos galaxias?
  10. ¿Qué le pasa a una galaxia tras una colisión?
  11. ¿Cuánto dura una colisión entre galaxias?
  12. ¿Qué son las colas de marea?
  13. ¿Ha chocado la Vía Láctea con otras galaxias?
  14. ¿Es peligrosa una colisión galáctica para un planeta?

Cuando dos galaxias chocan, ninguna estrella llega a tocarse. Ni una. Las estrellas están tan separadas entre sí —millones de veces su propio diámetro— que las dos nubes se atraviesan como dos enjambres de mosquitos cruzándose. Lo que sí colisiona de verdad en una colisión entre galaxias es el gas, y de ese choque sale todo lo demás: los brotes de estrellas nuevas, las colas retorcidas y, al final, una galaxia distinta de las dos que había.

Lo esencial

Las estrellas no chocan: la separación entre ellas es unos 34 millones de veces el diámetro del Sol. Cabe todo sin tocarse.

El gas sí: las nubes de gas ocupan mucho volumen, se comprimen al chocar y desatan la formación de estrellas.

Cuánto dura: cientos de millones a miles de millones de años. Nadie ha visto una completa: vemos fotogramas de miles distintas.

Cómo acaba: dos espirales que se fusionan suelen dar una elíptica sin gas ni estrellas nuevas.

Por qué las estrellas se esquivan sin querer

Este es el dato que cambia toda la intuición. En nuestra zona de la galaxia, la distancia media entre estrellas ronda los cinco años luz, y el diámetro del Sol es de 1,4 millones de kilómetros. Divide una cosa entre la otra y sale que las estrellas están separadas unos 34 millones de veces su propio tamaño.

PARA VERLO CON ALGO DE CASA

Si el Sol fuera una pelota de tenis, la estrella más cercana sería otra pelota a 2.300 kilómetros: aproximadamente la distancia de Madrid a Estocolmo. Ahora imagina dos enjambres de pelotas repartidas así, cruzándose de lado a lado. La probabilidad de que dos lleguen a tocarse es tan pequeña que, en la práctica, no ocurre.

Pero que no haya impactos no significa que no pase nada. La gravedad actúa a distancia, y ahí está la clave: las estrellas no se golpean, se desvían. Cada una siente el tirón conjunto de las miles de millones que se le acercan, y sus órbitas, que llevaban miles de millones de años siendo ordenadas, se desbaratan por completo.

Lo que sí choca: el gas

Las nubes de gas no son puntos separados por vacío: son estructuras enormes y difusas que ocupan buena parte del volumen del disco. Cuando dos galaxias se atraviesan, esas nubes sí se encuentran de frente, y a velocidades de cientos de kilómetros por segundo.

El resultado es una compresión brutal. Y el gas comprimido hace exactamente lo que se espera de él: colapsa por su propia gravedad y empieza a fabricar estrellas a un ritmo que en condiciones normales sería imposible. A eso se le llama un brote de formación estelar, y una galaxia en pleno brote puede producir estrellas decenas de veces más rápido que una tranquila.

1 frente a 100

masas solares de estrellas nuevas al año

Lo que fabrica una galaxia tranquila como la Vía Láctea, frente a una en pleno brote tras un choque

Las cifras del proceso son todas desmesuradas. Las galaxias se cruzan a velocidades de varios cientos de kilómetros por segundo, las colas de marea que arrancan pueden superar los 500.000 años luz de longitud —cinco veces el diámetro de nuestra galaxia— y el brote estelar resultante llega a agotar en unos cientos de millones de años el gas que habría durado miles de millones.

Esa es la paradoja bonita del asunto: una colisión galáctica no destruye, crea. Los choques son uno de los principales motores de la formación y evolución de las galaxias, y buena parte de las estrellas del universo se han encendido gracias a encuentros de este tipo.

Las cuatro fases de una fusión

FASE 1
Aproximación

Todavía intactas

Se acercan durante cientos de millones de años. La gravedad ya empieza a deformar los bordes exteriores, que son los peor sujetos.

FASE 2
Primer paso

Se atraviesan y salen despedidas

Las mareas gravitatorias arrancan colas de estrellas y gas de cientos de miles de años luz. El gas se comprime y arranca el brote estelar.

FASE 3
Vuelta atrás

La gravedad las devuelve

No escapan: vuelven a caer una hacia la otra y repiten el encuentro, cada vez más juntas. Aquí es donde el gas cae al centro y puede encender el núcleo.

FASE 4
Fusión

Una sola galaxia, y distinta

Los discos han desaparecido. Queda una elíptica con las estrellas en órbitas desordenadas, poco gas y poca formación estelar nueva.

El proceso completo dura entre cientos de millones y varios miles de millones de años. Cada imagen que vemos es un instante congelado de una fase distinta, en galaxias distintas.

Las colas: la firma inconfundible

Si ves una galaxia con un apéndice largo y curvado saliendo de ella, estás viendo una colisión. Esas colas de marea se forman porque la gravedad de la galaxia intrusa tira con más fuerza del lado cercano del disco que del lejano, y esa diferencia estira el material hasta arrancarlo.

Es el mismo mecanismo que provoca las mareas del mar, solo que aplicado a una galaxia entera y con resultados de cientos de miles de años luz de largo. En muchos casos aparecen dos colas simétricas, una por cada galaxia, apuntando en direcciones opuestas. Y también puentes: hilos de estrellas y gas que unen las dos galaxias mientras se separan.

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Cinco colisiones que puedes ir a ver

Como el proceso dura eones, la única manera de estudiarlo es reunir muchos casos en distintas fases y ordenarlos, igual que un forense reconstruye una secuencia a partir de fotografías sueltas. Estos son algunos de los ejemplares de referencia:

CasoDistanciaEn qué fase está
Galaxias Antena (NGC 4038/4039)Unos 60 millones de años luzTras el primer paso. Dos colas larguísimas y brote estelar intenso
Galaxia del Remolino (M51)Unos 27 millones de años luzInteracción en curso con una compañera pequeña
Par M81 y M82Unos 12 millones de años luzRoce pasado. M82 quedó con un brote estelar violento
Galaxias anilloVaríaImpacto casi frontal y centrado
Galaxia del Ojo Negro (M64)Unos 17 millones de años luzFusión antigua ya digerida, con rastro en el gas

El caso más didáctico es la galaxia del Remolino, donde se ve con claridad una espiral grande y su compañera pequeña unidas por un puente de material. El par de la galaxia de Bode y la galaxia del Cigarro enseña la otra cara: la pequeña salió del encuentro convertida en una fábrica de estrellas desbocada, con vientos de gas saliendo por sus polos.

Las galaxias con forma de anillo merecen mención aparte, porque son el resultado de un impacto muy poco probable: una galaxia pequeña atravesando a otra casi por el centro y casi perpendicularmente. Eso lanza una onda de densidad hacia fuera, como la que provoca una piedra en un estanque, y el gas comprimido en esa onda forma un anillo de estrellas jóvenes alrededor de un centro vaciado.

Y la galaxia del Ojo Negro es un caso de fusión ya terminada pero con la huella todavía visible: parte de su gas gira en sentido contrario al resto de la galaxia, algo que no puede ocurrir de forma natural y que delata material absorbido de otra galaxia hace mucho tiempo.

Lo que la colisión le hace al centro

Hay un efecto que ocurre lejos de las colas espectaculares y que tiene consecuencias enormes. El gas de una galaxia tranquila orbita a gusto y no cae hacia el centro; una colisión lo desestabiliza, le quita momento angular y lo precipita hacia dentro.

Si ahí hay un agujero negro supermasivo —y lo hay en prácticamente todas las galaxias grandes—, ese gas es combustible. El núcleo se enciende y la galaxia puede convertirse en una galaxia activa, con un centro que brilla más que todas sus estrellas juntas. Es una de las razones de que muchos núcleos activos muestren señales de fusión reciente.

Y los dos agujeros negros centrales acaban juntándose. Se van acercando en espiral durante millones de años hasta fusionarse en uno solo, un proceso que emite ondas gravitacionales de baja frecuencia que se intenta detectar con redes de púlsares.

Nuestra galaxia lleva haciéndolo toda la vida

Las colisiones no son un accidente raro: son el mecanismo normal por el que crecen las galaxias grandes. La Vía Láctea llegó a su tamaño actual comiéndose otras más pequeñas, y todavía se le notan las digestiones.

Ahora mismo está desmembrando una galaxia enana en Sagitario, cuyas estrellas se extienden en una corriente que rodea nuestro disco. Y en el halo hay un grupo enorme de estrellas con órbitas y composición distintas a las locales: los restos de una galaxia que se fusionó con la nuestra hace unos diez mil millones de años, cuando la Vía Láctea era joven.

En el futuro le toca a la galaxia de Andrómeda, que está a 2,5 millones de años luz y se acerca a unos 110 kilómetros por segundo. Durante décadas se dio por hecho que el choque era inevitable dentro de unos 4.500 millones de años, pero trabajos recientes que incorporan el movimiento lateral —mucho más difícil de medir que el de acercamiento— rebajan bastante esa certeza. Puede que sea una fusión, puede que sea un roce a distancia.

Dónde chocan más

No en cualquier sitio. Las colisiones son mucho más frecuentes en los nodos densos de la red cósmica, donde hay más galaxias por volumen. Ahí, además, muchas quedan sin gas de tanto interactuar, y por eso los centros de los grandes cúmulos están llenos de elípticas viejas y vacías.

Lo que todavía no se entiende bien

Cuánto de la formación estelar depende de las fusiones. Está claro que los choques disparan brotes, pero cuantificar qué fracción de todas las estrellas del universo nacieron así, frente a las que se formaron en discos tranquilos, sigue siendo objeto de discusión.

El problema del último pársec. Los dos agujeros negros centrales se acercan bien hasta quedar a cierta distancia, y ahí los modelos se atascan: cuesta explicar cómo pierden la energía necesaria para completar los últimos pasos y fusionarse. Se han propuesto varias soluciones y ninguna está confirmada.

Puedes ver el resto de tipos y casos en la sección de galaxias, donde están descritas una a una las que aparecen en este artículo.

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Preguntas frecuentes sobre las colisiones entre galaxias

¿Chocan las estrellas cuando colisionan dos galaxias?

Prácticamente nunca. Las estrellas están separadas unos 34 millones de veces su propio diámetro, así que las dos galaxias se atraviesan sin impactos directos. Si el Sol fuera una pelota de tenis, la estrella más cercana sería otra pelota a unos 2.300 kilómetros. Lo que sí choca es el gas.

¿Qué le pasa a una galaxia tras una colisión?

Se deforma, pierde su estructura ordenada y desarrolla colas de marea de cientos de miles de años luz. El gas comprimido dispara un brote de formación estelar, y parte cae al centro y puede encender el agujero negro supermasivo. Cuando dos espirales terminan de fusionarse, el resultado suele ser una galaxia elíptica.

¿Cuánto dura una colisión entre galaxias?

Entre cientos de millones y varios miles de millones de años. Nadie ha observado una completa: lo que se hace es reunir imágenes de muchas galaxias en fases distintas y ordenarlas para reconstruir la secuencia, igual que se reconstruye un proceso a partir de fotografías sueltas.

¿Qué son las colas de marea?

Apéndices largos y curvados de estrellas y gas arrancados de una galaxia durante un encuentro. Se forman porque la gravedad de la otra galaxia tira con más fuerza del lado cercano que del lejano, y esa diferencia estira el material. Es el mismo mecanismo que produce las mareas oceánicas, a escala galáctica.

¿Ha chocado la Vía Láctea con otras galaxias?

Varias veces: así es como creció. Ahora mismo está desmembrando una galaxia enana en Sagitario, y en su halo hay restos de otra que se fusionó con ella hace unos diez mil millones de años, identificables porque sus estrellas tienen órbitas y composición distintas a las locales.

¿Es peligrosa una colisión galáctica para un planeta?

Muy poco, al menos por impacto directo: la probabilidad de que dos estrellas choquen es despreciable, así que lo más probable es que un sistema planetario sobreviva intacto. Lo que sí cambia es su órbita alrededor del centro galáctico, que puede quedar completamente alterada, y el cielo nocturno, que se llenaría de estrellas nuevas.

FUENTES Y PARA SABER MÁS

— NASA / ESA: imágenes y estudios de las Galaxias Antena (NGC 4038/4039) y del par M81-M82

— ESA / misión Gaia: identificación de corrientes estelares y restos de fusiones antiguas en el halo de la Vía Láctea

— Simulaciones de fusiones galácticas y formación de colas de marea (modelos numéricos de N cuerpos)

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