Telescopios

Historia del telescopio: de Galileo al James Webb

El telescopio no lo inventó Galileo sino un óptico holandés en 1608. De aquellos 3,7 cm al espejo de 39 metros que se está montando ahora en Chile.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 20 de septiembre de 2026 12 min de lectura
historia del telescopio - Espacio Entrelazado
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En este artículo
  1. 1608: un óptico holandés y una patente denegada
  2. 1668: Newton cambia las lentes por un espejo
  3. Los Herschel y el salto a los espejos grandes
  4. Los telescopios que cambiaron la idea de universo
  5. Salir de la atmósfera
  6. Lo que se está construyendo ahora mismo
  7. Lo que todavía no sabemos
  8. Preguntas frecuentes sobre la historia del telescopio
  9. ¿Quién inventó el telescopio?
  10. ¿Qué descubrió Galileo con su telescopio?
  11. ¿Por qué los telescopios grandes usan espejos y no lentes?
  12. ¿Cuál es el telescopio más grande del mundo?
  13. ¿Por qué importa tanto el diámetro de un telescopio?
  14. ¿Por qué se ponen telescopios en el espacio si son más pequeños?

La historia del telescopio empieza con un malentendido que se repite en todas partes: Galileo no lo inventó. La primera solicitud de patente la presentó un óptico de Middelburg llamado Hans Lipperhey el 2 de octubre de 1608, y se la denegaron por considerar que el invento era demasiado fácil de copiar. Lo que hizo Galileo, un año después, fue algo distinto y más importante: apuntarlo hacia arriba. Desde aquel tubo con una lente de 3,7 centímetros hasta el espejo de 39 metros que se está montando en Chile, toda esta historia es en el fondo la historia de un solo número.

LO ESENCIAL

Quién lo inventó: Hans Lipperhey pidió la patente en 1608. Galileo lo mejoró y, sobre todo, lo usó para mirar el cielo en 1609.

El cambio decisivo: Newton sustituyó las lentes por un espejo en 1668. Todos los telescopios grandes de hoy son descendientes de aquel.

Por qué importa el diámetro: duplicarlo cuadruplica la luz recogida. Por eso la historia es una carrera por hacerlos más grandes.

Lo que viene: el ELT, con 39 metros y 798 segmentos, hará su primera observación en marzo de 2029.

1608: un óptico holandés y una patente denegada

Lipperhey fabricaba gafas en Middelburg, en los Países Bajos, y el 2 de octubre de 1608 pidió una patente por un aparato «para ver cosas lejanas como si estuvieran cerca». Los Estados Generales se la denegaron: en cuanto examinaron el invento, dos lentes en un tubo, concluyeron que cualquier competente podría replicarlo. Tenían razón, y por eso el diseño se extendió por Europa en meses.

La noticia llegó a Venecia en el verano de 1609. Galileo Galilei, que no había visto ninguno, dedujo cómo debía funcionar y construyó el suyo, primero de tres aumentos y en pocos meses de veinte o treinta. Se lo vendió al Senado veneciano como instrumento militar para avistar barcos, que era el uso obvio. Y luego hizo lo que a nadie se le había ocurrido de forma sistemática: en el otoño de 1609 lo dirigió a la Luna.

Lo que vio en unos meses

Publicó los resultados en marzo de 1610 en un librito de 60 páginas, Sidereus Nuncius. Dentro había tres bombas: la Luna tiene montañas y cráteres, y por tanto no es una esfera perfecta; Júpiter tiene cuatro lunas girando a su alrededor, así que no todo orbita la Tierra; y la Vía Láctea, esa mancha lechosa, se resuelve en estrellas incontables. En cuatro meses, un tubo de 3,7 centímetros desmontó veinte siglos de cosmología.

1668: Newton cambia las lentes por un espejo

Los telescopios de lentes tenían un defecto insalvable: el vidrio desvía cada color de forma distinta, así que las imágenes salían rodeadas de halos de colores. Es la aberración cromática, y durante décadas se combatió alargando los tubos hasta extremos absurdos, con telescopios de treinta metros colgados de mástiles.

Isaac Newton dio con la salida en 1668: si en vez de atravesar una lente la luz rebota en un espejo curvo, todos los colores se reflejan igual y el problema desaparece. Su primer reflector tenía un espejo de apenas 3,3 centímetros y cabía en la palma de la mano, pero el principio era el correcto. Todos los grandes telescopios construidos desde entonces, incluido el James Webb, son reflectores.

CUATRO SIGLOS EN UNA COLUMNA DE NÚMEROS

El diámetro del objetivo, que es lo que determina cuánta luz se recoge

1609 Galileo 3,7 cm 1668 Newton 3,3 cm 1789 Herschel 1,26 m 1917 Hooker 2,5 m 1948 Hale, Palomar 5,1 m 1990 Hubble 2,4 m pequeño, pero en órbita 1993 Keck 10 m el primero segmentado 2021 James Webb 6,5 m 18 segmentos, en el espacio 2029 ELT 39 m 798 segmentos

Los círculos no están a escala entre sí: si lo estuvieran, el de Galileo sería invisible junto al del ELT. espacioentrelazado.es

Esa columna de números explica toda la historia. La cantidad de luz que recoge un telescopio depende del área de su objetivo, así que duplicar el diámetro multiplica por cuatro la luz captada. Entre la lente de Galileo y el espejo del ELT hay un factor de mil en diámetro, lo que significa recoger alrededor de un millón de veces más luz. Comparado con la pupila de tu ojo, unos 7 milímetros, el ELT juntará unos treinta millones de veces más.

De aquella bifurcación entre lentes y espejos salen las familias de telescopios que siguen conviviendo hoy, cada una con su oficio.

TipoCómo recoge la luzSu punto fuerteSu límite
RefractorLentes, como el de GalileoImagen limpia y casi sin mantenimientoHalos de color y tamaño máximo de un metro
ReflectorUn espejo curvo, como el de NewtonSin halos y mucho más barato por centímetroHay que realinear los espejos de vez en cuando
CatadióptricoEspejos y lentes combinadosMuy compacto para lo que rindeMás caro y algo menos luminoso
RadiotelescopioUna antena, no luz visibleAtraviesa el polvo y funciona de día y con nubesPoco detalle, salvo combinando varios
EspacialCualquiera de los anteriores, en órbitaSin atmósfera que estorbe, y todo el espectroCarísimo y casi siempre irreparable

Los Herschel y el salto a los espejos grandes

En 1781, un músico alemán afincado en Inglaterra encontró con un telescopio casero un objeto que se movía entre las estrellas. Era Urano, el primer planeta descubierto en la historia: los otros cinco se conocían desde la antigüedad. William Herschel fabricaba sus propios espejos fundiendo bronce, y en 1789 culminó con uno de 1,26 metros montado en una estructura de doce metros que fue durante medio siglo el mayor telescopio del mundo.

Trabajaba con él su hermana Caroline Herschel, que llevaba los registros, hacía los cálculos y acabó descubriendo ocho cometas por su cuenta. Fue la primera mujer que cobró un salario por hacer ciencia en Inglaterra, y una de las que aparecen en el repaso de las astrónomas que hicieron historia.

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Los telescopios que cambiaron la idea de universo

El siglo XX trajo dos máquinas que reescribieron la cosmología. La primera fue el Hooker, de 2,5 metros, inaugurado en 1917 en el Monte Wilson. Con él, Edwin Hubble identificó cefeidas en Andrómeda en 1924 y demostró que estaba fuera de la Vía Láctea, y cinco años después encontró que las galaxias se alejan tanto más rápido cuanto más lejos están: la ley de Hubble, el primer indicio de que el universo se expande. Ese método de medición sigue siendo el segundo peldaño de la escalera de distancias cósmicas.

La segunda fue el Hale, de 5,1 metros, terminado en Monte Palomar en 1948 tras veinte años de obra. Mantuvo el récord de tamaño durante 45 años, y esa larga meseta no fue casualidad: con la tecnología de la época, un espejo mayor se deformaba por su propio peso. Hacía falta otra idea.

La idea llegó en 1993 con el Keck, en Hawái: en lugar de un espejo único, 36 segmentos hexagonales de 1,8 metros ajustados por ordenador para funcionar como una sola superficie de 10 metros. Ese es el truco que hace posible todo lo grande que vino después, del James Webb al ELT. Poco después, el VLT europeo añadió otro: cuatro telescopios de 8,2 metros que pueden combinar su luz y funcionar como uno mucho mayor, la misma técnica de interferometría que permitió fotografiar un agujero negro.

Salir de la atmósfera

Por muy grande que sea un telescopio, tiene encima cien kilómetros de aire en movimiento que emborronan la imagen. Es lo que hace titilar a las estrellas y lo que limita el detalle desde tierra. La solución radical es evidente y carísima: poner el telescopio fuera.

El Hubble se lanzó en abril de 1990 con 2,4 metros de espejo, modesto para su época, y empezó con un desastre: sus primeras imágenes salían borrosas porque el espejo se había pulido con una forma equivocada por unas dos micras. La NASA tardó tres años en organizar una misión de reparación, que en diciembre de 1993 le instaló lo que en la práctica eran unas gafas correctoras. A partir de ahí funcionó durante tres décadas.

El James Webb, lanzado el 25 de diciembre de 2021, llevó las dos ideas a la vez: 6,5 metros repartidos en 18 segmentos hexagonales de berilio que tuvieron que desplegarse en el espacio, a un millón y medio de kilómetros de la Tierra, sin posibilidad de reparación. Observa en infrarrojo, que es la única forma de ver la luz de las primeras galaxias, estirada por la expansión del universo.

Lo que se está construyendo ahora mismo

En junio de 2025 entró en escena una máquina de otro tipo. El observatorio Vera Rubin, en Chile, publicó sus primeras imágenes tomadas con la mayor cámara digital jamás construida: 3.200 megapíxeles, capaz de captar en un solo disparo un área 45 veces mayor que la Luna llena y de repetirlo cada 40 segundos. Su objetivo no es mirar muy lejos, sino fotografiar el cielo austral entero cada pocas noches durante diez años, para detectar todo lo que cambia: asteroides, supernovas, estrellas variables.

EL ELT, EN OBRAS AHORA MISMO

En el cerro Armazones, en el desierto de Atacama, el Observatorio Europeo Austral está terminando el Extremely Large Telescope: un espejo de 39 metros formado por 798 segmentos hexagonales que deberán encajar en una parábola perfecta con una precisión de unas decenas de nanómetros. La estructura principal debe quedar lista a finales de 2026 y la cúpula a principios de 2027. La primera luz técnica está prevista para marzo de 2029 y la primera luz científica para diciembre de 2030. Cuando funcione, será capaz de ver directamente planetas de otras estrellas.

Lo que todavía no sabemos

No sabemos dónde está el límite de tamaño en tierra. Cada salto ha necesitado una idea nueva —el espejo, la segmentación, la óptica adaptativa que corrige la atmósfera en tiempo real— y con 39 metros ya se está en el borde de lo que la ingeniería sabe hacer. Los proyectos de 100 metros que se plantearon hace veinte años se abandonaron por inviables.

Y hay una amenaza nueva que no existía en 1608: el cielo se está llenando. Las constelaciones de satélites de comunicaciones dejan trazas en las exposiciones largas, y el resplandor de las ciudades sigue avanzando. Por eso los grandes observatorios se construyen en Atacama o en Canarias, donde el aire es seco y estable, como el Roque de los Muchachos, uno de los observatorios españoles que están entre los mejores emplazamientos del planeta.

Queda una cosa que no ha cambiado en cuatro siglos: cualquiera puede repetir lo de Galileo. Un telescopio de aficionado de cien euros supera con creces al suyo, y con él se ven las montañas de la Luna y las cuatro lunas de Júpiter exactamente igual que las vio él en 1609. Cómo empezar está en la guía de astrofotografía para principiantes, y el resto de lo publicado, en la sección de telescopios de Espacio Entrelazado.

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Preguntas frecuentes sobre la historia del telescopio

¿Quién inventó el telescopio?

La primera solicitud de patente conocida la presentó el óptico holandés Hans Lipperhey el 2 de octubre de 1608, y se la denegaron porque el invento era fácil de copiar. Galileo no lo inventó: construyó el suyo en 1609 a partir de las descripciones que llegaron a Italia, lo mejoró hasta veinte o treinta aumentos y fue el primero en usarlo de forma sistemática para observar el cielo.

¿Qué descubrió Galileo con su telescopio?

Lo publicó en marzo de 1610 en Sidereus Nuncius: que la Luna tiene montañas y cráteres y no es una esfera perfecta, que Júpiter tiene cuatro lunas orbitándolo y que la Vía Láctea está formada por estrellas incontables. Cada uno de esos hallazgos contradecía la cosmología aceptada. Su lente medía 3,7 centímetros.

¿Por qué los telescopios grandes usan espejos y no lentes?

Porque una lente desvía cada color de forma distinta y produce halos, la llamada aberración cromática, mientras que un espejo refleja todos los colores igual. Newton lo resolvió así en 1668. Además, una lente grande solo se puede sujetar por el borde y se deforma por su peso, mientras que un espejo se apoya por detrás en toda su superficie.

¿Cuál es el telescopio más grande del mundo?

En tierra lo será el Extremely Large Telescope del ESO, con 39 metros repartidos en 798 segmentos hexagonales, que se está construyendo en el cerro Armazones, en Chile. Su primera luz técnica está prevista para marzo de 2029. Hasta entonces, los mayores en funcionamiento rondan los diez metros, como los dos telescopios Keck de Hawái.

¿Por qué importa tanto el diámetro de un telescopio?

Porque la luz recogida depende del área del objetivo, así que duplicar el diámetro cuadruplica la luz captada. Entre la lente de Galileo y el espejo del ELT hay un factor de mil en diámetro, lo que supone recoger del orden de un millón de veces más luz. Un diámetro mayor también permite distinguir detalles más finos.

¿Por qué se ponen telescopios en el espacio si son más pequeños?

Porque la atmósfera emborrona las imágenes y bloquea buena parte del infrarrojo y del ultravioleta. El Hubble tenía solo 2,4 metros y aun así superaba a telescopios terrestres mucho mayores. El James Webb, con 6,5 metros desplegados a millón y medio de kilómetros, observa en infrarrojo longitudes de onda que desde el suelo son inaccesibles.

FUENTES Y PARA SABER MÁS

— ESO: Telescope first light for ESO’s Extremely Large Telescope now planned for March 2029 y cronología del proyecto (elt.eso.org)

— NSF-DOE Vera C. Rubin Observatory: primeras imágenes de la cámara LSST (junio de 2025)

— Galilei, G.: Sidereus Nuncius (Venecia, marzo de 1610)

— NASA: Hubble Space Telescope, misión de servicio de 1993 (science.nasa.gov/mission/hubble)

— W. M. Keck Observatory y ESO Very Large Telescope: documentación técnica de sus instrumentos

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