
En este artículo
- Por qué hace falta un telescopio del tamaño de la Tierra
- Cómo se tomó realmente la fotografía
- Qué estás viendo exactamente en esa imagen
- Por qué M87* antes que el de nuestra propia galaxia
- Lo que ha pasado después: la foto se ha vuelto película
- Lo que todavía no sabemos
- Preguntas frecuentes sobre la primera fotografía de un agujero negro
- ¿Cuándo se tomó la primera fotografía de un agujero negro?
- ¿Cómo se fotografía un agujero negro si no emite luz?
- ¿Qué es el Event Horizon Telescope?
- ¿Participó España en la primera foto de un agujero negro?
- ¿Por qué se fotografió antes M87* que el de la Vía Láctea?
- ¿Hizo Katie Bouman la fotografía ella sola?
La primera fotografía de un agujero negro se publicó el 10 de abril de 2019 y no la tomó ningún telescopio: la tomaron ocho a la vez, repartidos por seis puntos del planeta, uno de ellos en Sierra Nevada. Ninguno por separado habría visto nada. Combinados, funcionaron como una única antena del tamaño de la Tierra, capaz de distinguir un objeto de 42 millonésimas de segundo de arco: el equivalente a leer la fecha de una moneda puesta en la Luna.
LO ESENCIAL
Qué se fotografió: M87*, el agujero negro del centro de la galaxia Messier 87, a 55 millones de años luz y con 6.500 millones de veces la masa del Sol.
Cómo: con el Event Horizon Telescope, ocho radiotelescopios sincronizados con relojes atómicos que grabaron unos 4.000 terabytes de datos en abril de 2017.
Qué se ve: no el agujero negro, que es invisible, sino su sombra recortada contra el gas incandescente que lo rodea.
Lo último: en septiembre de 2025 se publicó que el campo magnético de M87* se ha dado la vuelta entre 2017 y 2021. La foto se ha convertido en película.
Por qué hace falta un telescopio del tamaño de la Tierra
El problema no es que los agujeros negros estén lejos: es que son diminutos vistos desde aquí. M87* es un monstruo cuyo horizonte de sucesos mide unos 40.000 millones de kilómetros de diámetro, más que todo el sistema solar. Pero a 55 millones de años luz, ese tamaño se reduce a 42 millonésimas de segundo de arco en el cielo.
La capacidad de un telescopio para distinguir detalles depende de dos cosas: la longitud de onda que observa y el diámetro de su antena. Para ver algo tan pequeño en ondas de radio de 1,3 milímetros haría falta un plato de unos 10.000 kilómetros. No existe forma de construir eso, ni la habrá.
La solución se llama interferometría de muy larga base, o VLBI por sus siglas en inglés, y es un truco elegante: si varios telescopios muy separados apuntan al mismo objeto a la vez y registran la señal con una marca de tiempo exactísima, después se pueden combinar esas señales para reconstruir lo que habría visto una antena tan grande como la distancia entre ellos. No consigues la sensibilidad de un plato de 10.000 km —para eso necesitarías la superficie entera—, pero sí su capacidad de resolver detalles.
LA TIERRA CONVERTIDA EN ANTENA
Los ocho telescopios de la campaña de abril de 2017, en seis lugares del mundo
Las posiciones son esquemáticas. Cada línea entre dos telescopios es una «base»: cuantas más y más largas, más detalle en la imagen final. espacioentrelazado.es
Que uno de los ocho estuviera en el Pico Veleta, en Sierra Nevada, no es casualidad: la antena de 30 metros del IRAM está a 2.850 metros de altitud, donde el aire tiene poco vapor de agua, que es lo que se traga las ondas milimétricas. Es la misma razón por la que hay grandes telescopios en Canarias, como los del Roque de los Muchachos, y por la que España aparece más de lo que la gente cree en este tipo de proyectos: el mapa completo está en los observatorios astronómicos de España.
Cómo se tomó realmente la fotografía
Cinco noches con buen tiempo en seis continentes a la vez
La campaña fue en abril de 2017 y dependía de algo que no se puede comprar: que hiciera buen tiempo simultáneamente en Chile, Hawái, Arizona, México, España y el Polo Sur. Solo se aprovecharon unas pocas noches.
Relojes atómicos y 4.000 terabytes
Cada telescopio grabó la señal cruda en discos duros con una marca de tiempo de un reloj atómico de hidrógeno, porque combinar las señales exige saber cuándo llegó cada onda con una precisión de billonésimas de segundo. La campaña generó del orden de 4.000 terabytes.
Los datos viajaron en avión, no por internet
Con ese volumen, mandarlos por red habría tardado más que enviarlos físicamente. Los discos se metieron en cajas y se transportaron a los centros de correlación de Massachusetts y Bonn. Los del Polo Sur fueron los últimos: hubo que esperar seis meses a que terminara el invierno antártico y volviera a haber vuelos.
Cuatro equipos a ciegas, para no engañarse
Un array con ocho antenas deja huecos enormes de información, y rellenarlos exige algoritmos que, mal usados, pueden «dibujar» lo que esperas ver. Para evitarlo, la colaboración dividió a su gente en cuatro equipos independientes que trabajaron sin hablar entre sí, con métodos distintos. Solo compararon resultados al final. Los cuatro obtuvieron un anillo.
Sobre Katie Bouman, con precisión
La foto de la investigadora sonriendo frente a su portátil dio la vuelta al mundo, y con ella dos exageraciones opuestas: que había hecho la imagen sola y que su papel fue irrelevante. Ninguna es cierta. Bouman, entonces doctoranda en el MIT, desarrolló uno de los métodos de reconstrucción de imagen y lideró uno de los cuatro equipos del proceso a ciegas. La colaboración la firmaban más de 200 investigadores. Su contribución fue real e importante, y el resultado fue colectivo: las dos cosas a la vez.
Qué estás viendo exactamente en esa imagen
Lo primero: el agujero negro no sale en la foto. No puede salir, porque no emite luz. Lo que se ve es el gas a millones de grados que gira a su alrededor antes de caer, y en el centro, la sombra: la región donde ese fondo brillante desaparece porque la luz que venía de ahí fue tragada o desviada.
Y hay un detalle que casi siempre se cuenta mal. Esa sombra es bastante mayor que el propio horizonte de sucesos: unas 2,6 veces su diámetro. La gravedad curva tanto el espacio alrededor que actúa como una lente y agranda la silueta. Además, parte de esa luz ha dado vueltas alrededor del agujero negro antes de escapar hacia nosotros, así que en el anillo estamos viendo, superpuesta, la imagen del gas por delante y por detrás a la vez.
El anillo tampoco brilla igual por todas partes. La zona inferior aparece más luminosa porque el gas de ese lado viene girando hacia nosotros, y la relatividad predice que un material que se acerca a velocidades cercanas a la de la luz se ve amplificado. Esa asimetría no es un defecto de la imagen: es una de las pruebas de que lo que hay ahí se comporta como Einstein predijo.

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Por qué M87* antes que el de nuestra propia galaxia
Resulta paradójico: el agujero negro más cercano y bien estudiado es Sagitario A*, el del centro de la Vía Láctea, a 27.000 años luz. M87* está dos mil veces más lejos. Y sin embargo, el que se publicó primero fue el lejano.
La razón es el tamaño. M87* tiene 6.500 millones de masas solares frente a los 4,3 millones de Sagitario A*: es unas 1.500 veces más masivo, lo que compensa casi exactamente su lejanía. Los dos se ven en el cielo con un tamaño parecido. Pero hay una diferencia decisiva: el tiempo.
| M87* | Sagitario A* | |
|---|---|---|
| Imagen publicada | 10 de abril de 2019 | 12 de mayo de 2022 |
| Masa | 6.500 millones de soles | 4,3 millones de soles |
| Distancia | 55 millones de años luz | 27.000 años luz |
| Vuelta del gas al agujero | Días o semanas | Minutos |
| Dificultad | Estable durante la observación | Cambia mientras lo fotografías |
Un objeto tan masivo como M87* lo hace todo despacio: el gas tarda días en dar una vuelta, así que durante una noche de observación la escena está prácticamente congelada. En Sagitario A*, el gas completa una órbita en minutos. Es como fotografiar a un niño corriendo con una exposición de varias horas: el resultado es un borrón. Por eso su imagen tardó tres años más y hubo que promediar miles de reconstrucciones distintas para extraer lo que se mantenía constante. Si quieres saber dónde está en el cielo esa región, es en dirección a la constelación de Sagitario.
Lo que ha pasado después: la foto se ha vuelto película
Aquí está la parte que ningún artículo de 2019 podía contar. En 2021 llegó una versión de M87* en luz polarizada, que muestra la orientación de los campos magnéticos alrededor del agujero negro: no solo dónde está el gas, sino cómo está ordenado el magnetismo que lo gobierna. Eso importa porque son esos campos los que lanzan los chorros de partículas que salen de la galaxia a casi la velocidad de la luz.
SEPTIEMBRE DE 2025: EL IMÁN SE DIO LA VUELTA
La colaboración publicó en Astronomy & Astrophysics la comparación de tres campañas. En 2017, el campo magnético de M87* dibujaba una espiral en un sentido; en 2018 se estabilizó; en 2021 aparecía girando al revés. Nadie lo esperaba. Además, la incorporación de dos antenas nuevas en 2021 —Kitt Peak, en Arizona, y NOEMA, en los Alpes franceses— permitió acotar por primera vez con el EHT en qué dirección emite la base del chorro. La conclusión tiene dos caras: la sombra sigue exactamente donde predice la relatividad, pero su entorno es mucho más turbulento y cambiante de lo que se pensaba.
Lo que todavía no sabemos
No sabemos cómo se forman los chorros. Es el problema abierto más importante del asunto: entendemos que el gas cae y que salen disparados dos haces de partículas en direcciones opuestas, pero no está resuelto el mecanismo exacto por el que la energía de la caída se convierte en esos chorros. Las imágenes polarizadas están ahí precisamente para atacar esa pregunta.
Tampoco tenemos aún una película de verdad. El objetivo de la siguiente generación del EHT es sumar antenas y observar en más frecuencias para poder grabar la evolución de Sagitario A* en tiempo real, minuto a minuto. Eso permitiría ver el gas orbitando en directo y poner a prueba la relatividad en el sitio donde más podría fallar.
Y queda lo de siempre: qué hay dentro. Ninguna imagen del exterior puede responderlo, porque el horizonte de sucesos no deja salir información. Sobre eso solo tenemos teoría, y la repasamos en qué pasaría si cayeras en un agujero negro. Si prefieres empezar por lo básico, ahí está la guía de qué es un agujero negro y los tipos que existen según su masa. Todo lo publicado está en la sección de agujeros negros de Espacio Entrelazado.
Preguntas frecuentes sobre la primera fotografía de un agujero negro
¿Cuándo se tomó la primera fotografía de un agujero negro?
Los datos se registraron en abril de 2017 y la imagen se publicó el 10 de abril de 2019. Corresponde a M87*, el agujero negro del centro de la galaxia Messier 87, a 55 millones de años luz. La del agujero negro de nuestra propia galaxia, Sagitario A*, llegó el 12 de mayo de 2022.
¿Cómo se fotografía un agujero negro si no emite luz?
No se fotografía el agujero negro, sino su sombra recortada contra el gas incandescente que gira a su alrededor. Esa sombra es unas 2,6 veces mayor que el horizonte de sucesos, porque la gravedad curva la luz y agranda la silueta. El anillo brilla más por un lado porque el gas de esa zona se mueve hacia nosotros.
¿Qué es el Event Horizon Telescope?
Una red de radiotelescopios repartidos por el mundo que observan a la vez y sincronizan sus señales con relojes atómicos. En la campaña de 2017 fueron ocho antenas en seis lugares: Chile, Hawái, Arizona, México, España y el Polo Sur. Combinadas funcionan como una antena de unos 10.000 kilómetros de diámetro.
¿Participó España en la primera foto de un agujero negro?
Sí. Una de las ocho antenas de la campaña de 2017 fue el radiotelescopio de 30 metros del IRAM en el Pico Veleta, en Sierra Nevada, a 2.850 metros de altitud. La sequedad del aire a esa altura es lo que permite observar en ondas milimétricas.
¿Por qué se fotografió antes M87* que el de la Vía Láctea?
Porque M87* es mucho más masivo, 6.500 millones de masas solares frente a 4,3 millones, y eso hace que el gas tarde días en dar una vuelta a su alrededor. Durante una noche de observación la escena está casi congelada. En Sagitario A* el gas orbita en minutos y la imagen se emborrona, así que hizo falta promediar miles de reconstrucciones.
¿Hizo Katie Bouman la fotografía ella sola?
No, y tampoco fue irrelevante. Desarrolló uno de los métodos de reconstrucción de imagen y lideró uno de los cuatro equipos que trabajaron por separado y a ciegas para evitar sesgos. La colaboración la firmaban más de 200 investigadores. Su aportación fue real y el resultado fue colectivo.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— EHT Collaboration: First M87 Event Horizon Telescope Results, I-VI, The Astrophysical Journal Letters (2019)
— EHT Collaboration: First Sagittarius A* Event Horizon Telescope Results, ApJL (2022) y los resultados de polarización (2024)
— New EHT Images Reveal Unexpected Polarization Flips at M87*, Astronomy & Astrophysics, anunciado en septiembre de 2025 (eventhorizontelescope.org)
— IRAM: radiotelescopio de 30 metros del Pico Veleta (iram-institute.org)
— NASA/JPL-Caltech: imagen de M87 del telescopio espacial Spitzer (photojournal.jpl.nasa.gov)


