Astronomía

Qué telescopio comprar: la apertura manda, los aumentos no

«675 aumentos» en la caja es la señal de que no lo compres. La cifra que decide lo que vas a ver, y por qué unos prismáticos ganan al primer telescopio.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 23 de octubre de 2023 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 10 min de lectura
qué telescopio comprar - Espacio Entrelazado
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En este artículo
  1. Por qué los aumentos no significan lo que crees
  2. La apertura, y por qué el salto es mayor de lo que parece
  3. Empieza por unos prismáticos, en serio
  4. Los tres tipos de telescopio, y para quién es cada uno
  5. La montura: donde se pierde el dinero
  6. Lo que no compensa ningún instrumento
  7. Qué comprar según lo que quieras hacer
  8. Cinco señales de que ese telescopio no vale
  9. Preguntas frecuentes sobre elegir instrumento
  10. ¿Qué es más importante, los aumentos o la apertura?
  11. ¿Qué telescopio comprar para empezar?
  12. ¿Son buenos los prismáticos para astronomía?
  13. ¿Por qué anuncian 675 aumentos si no sirven?
  14. ¿Necesito una montura ecuatorial?
  15. ¿Se puede observar desde la ciudad?

Si en la caja de un telescopio pone «675 aumentos» en letras grandes, no lo compres. Ese número no significa nada, y anunciarlo es la señal más fiable de que el aparato es malo. La cifra que de verdad decide lo que vas a ver es otra, va en milímetros y casi nunca aparece en la portada del embalaje: la apertura.

Lo esencial

La única cifra que importa: la apertura, el diámetro del espejo o la lente. Determina cuánta luz recoges y cuánto detalle puedes separar.

El tope real de aumentos: unas 2 veces la apertura en milímetros. Un telescopio de 100 mm no pasa de 200 aumentos útiles, diga lo que diga la caja.

La mejor primera compra: para mucha gente, unos prismáticos 10×50 antes que cualquier telescopio barato.

El error más caro: gastarse el dinero en el tubo y dejar la montura para el final. Una montura que tiembla inutiliza cualquier óptica.

Por qué los aumentos no significan lo que crees

Los aumentos de un telescopio no son una propiedad del telescopio: dependen del ocular que le pongas. Se calculan dividiendo la distancia focal del tubo entre la del ocular, así que cambiando de ocular puedes conseguir cualquier cifra. Poner «675 aumentos» en una caja es tan informativo como anunciar que un coche llega a 300 porque el velocímetro tiene ese número pintado.

Lo que sí tiene un límite físico es cuánto puedes ampliar antes de que la imagen se convierta en una mancha borrosa. Ese tope depende de la apertura, y la regla práctica es sencilla: el aumento máximo útil son unas dos veces la apertura en milímetros. Con 100 mm, unos 200 aumentos. Pasado eso no ves más detalle: ves el mismo detalle más grande y más difuso.

Y hay un segundo techo que casi nadie menciona: la atmósfera. La turbulencia del aire emborrona la imagen, y en una noche corriente el límite práctico ronda uno o dos segundos de arco, independientemente del instrumento. Por eso, incluso con un telescopio grande, pasar de 300 aumentos rara vez sirve de nada salvo en noches excepcionales.

La apertura, y por qué el salto es mayor de lo que parece

La apertura hace dos cosas a la vez. Recoge luz —y la cantidad crece con el área, es decir, con el cuadrado del diámetro— y determina la resolución, o sea, cuán cerca pueden estar dos puntos sin que se te fundan en uno.

Esa dependencia cuadrática es la razón de que duplicar la apertura no duplique la calidad, sino que la cuadruplique en captación de luz:

Cuánta luz recoge cada apertura

50 mm (unos prismáticos)×1

Aumento útil hasta 100x · separa detalles de 2,3 segundos de arco

100 mm×4

Aumento útil hasta 200x · separa 1,2 segundos de arco

150 mm×9

Aumento útil hasta 300x · separa 0,77 segundos de arco

200 mm×16

Aumento útil hasta 400x · separa 0,58 segundos de arco

La luz recogida se compara con la de unos prismáticos de 50 mm. La resolución sale de una fórmula clásica que la relaciona con el diámetro, y en la práctica la atmósfera suele limitarla a 1-2 segundos de arco.

Traducido a lo que verás: con 50 mm distingues las cuatro lunas grandes del gigante Júpiter como puntitos. Con 100 mm empiezan a verse las bandas del planeta y los anillos de Saturno separados del disco. Con 150-200 mm aparecen la división de Cassini en los anillos y detalle en las nebulosas. Cada salto de apertura abre una categoría de objetos nueva.

Empieza por unos prismáticos, en serio

El consejo que más se repite entre aficionados con experiencia, y el que menos caso recibe: los primeros prismáticos son mejor compra que el primer telescopio barato. Unos 10×50 —diez aumentos, 50 mm de apertura— hacen cosas que un telescopio de gama baja no hace.

Tienen campo de visión amplio, así que encuentras las cosas: con un telescopio de mucho aumento y buscador malo, localizar un objeto es un ejercicio de frustración. Se usan con las dos manos y sin montar nada. Pesan poco. Y valen para el día. Con ellos se ven los cráteres de la Luna, cúmulos abiertos, las lunas de Júpiter y la galaxia de Andrómeda como una mancha alargada.

Por qué 10×50 y no 20×80

Por dos razones. La primera, el pulso: a partir de unos 10 aumentos el temblor de las manos hace que la imagen baile tanto que pierdes más de lo que ganas, y necesitas trípode. La segunda, la pupila de salida: dividiendo la apertura entre los aumentos sale el diámetro del haz que llega a tu ojo, y en unos 10×50 son 5 milímetros, que encaja bien con lo que una pupila adulta abre de noche. Con 20×80 salen 4 mm y mucho más peso.

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Los tres tipos de telescopio, y para quién es cada uno

TipoCómo funcionaA favorEn contra
RefractorLente en la boca del tuboNo hay que ajustarlo nunca. Muy nítido en planetasCarísimo por milímetro de apertura
Reflector (newton)Espejo al fondo del tuboMucha más apertura por el mismo dineroHay que colimarlo de vez en cuando. Tubo voluminoso
CatadióptricoEspejos y lente combinadosMuy compacto para su apertura. Fácil de transportarPrecio alto y se enfría despacio

Para quien empieza y quiere mirar, la respuesta suele ser un reflector sobre montura Dobson: una base sencilla de madera o metal que se mueve a mano. No tiene motores ni electrónica, y precisamente por eso todo el presupuesto se va al espejo. Es la forma más barata de conseguir 150 o 200 milímetros de apertura, que es donde el cielo empieza a ponerse interesante de verdad.

La montura: donde se pierde el dinero

Es el error clásico. Alguien compra un tubo decente montado sobre un trípode endeble, y al tocar el enfoque la imagen tiembla durante cinco segundos. A 150 aumentos, cualquier vibración se amplifica 150 veces. Con una montura mala, el instrumento es inservible aunque la óptica sea buena.

Hay dos familias. La azimutal se mueve en horizontal y vertical, como un trípode de cámara: intuitiva y suficiente para observar. La ecuatorial se alinea con el eje de rotación de la Tierra, y con un solo movimiento —o un motor— compensa el giro del cielo, manteniendo el objeto centrado. Esa segunda es imprescindible si quieres hacer fotografía de larga exposición, y prescindible si solo vas a mirar.

Ese es justo el punto donde conviene decidir qué quieres hacer, porque los caminos se separan bastante: observar y fotografiar exigen equipos distintos y, sobre todo, prioridades distintas. Si lo tuyo va a ser la cámara, en la guía de astrofotografía para principiantes está el equipo y los ajustes concretos que hacen falta.

Lo que no compensa ningún instrumento

Antes de gastar nada conviene saber esto: el cielo desde el que observas pesa más que el aparato. Un telescopio modesto bajo un cielo oscuro enseña más objetos que uno el doble de grande en el centro de una ciudad, porque la contaminación lumínica levanta el fondo del cielo y las galaxias y nebulosas —que son tenues y difusas— desaparecen contra ese fondo iluminado.

Hay dos excepciones que salvan a quien vive en ciudad: la Luna y los planetas. Son brillantes, así que la contaminación lumínica apenas los afecta y se pueden observar perfectamente desde un balcón urbano. Todo lo demás pide desplazarse.

Y un detalle gratis que mejora cualquier noche: observa lo que esté alto. Cerca del horizonte miras a través de mucha más atmósfera, y la imagen tiembla y pierde nitidez. Un objeto a 20 grados sobre el horizonte se ve claramente peor que el mismo objeto cerca del cenit, el punto más alto del cielo. Planificar la sesión según qué está alto y cuándo no cuesta dinero y cambia el resultado.

Qué comprar según lo que quieras hacer

1

Solo quiero ver de qué va esto

Prismáticos 10×50 y un mapa del cielo. Con eso pasas meses aprendiendo a orientarte entre las 88 constelaciones, que es la habilidad que de verdad hace falta antes de cualquier telescopio.

2

Quiero ver planetas y la Luna con detalle

Un refractor de 90-100 mm o un reflector de 130-150, sobre una montura estable. Los planetas son brillantes, así que aquí manda la nitidez y la calma de la montura más que la apertura bruta.

3

Quiero ver galaxias y nebulosas

Toda la apertura que puedas cargar y transportar: un Dobson de 200 mm o más. Y salir de la ciudad, que en este caso importa incluso más que el instrumento.

Cinco señales de que ese telescopio no vale

Banderas rojas en la caja

— Los aumentos anunciados en grande y la apertura escondida en la letra pequeña.

— Cifras imposibles: «525x» o «675x» en un tubo de 60 u 80 milímetros.

— Una foto del anillo de Saturno o de una nebulosa de colores en el embalaje: eso no se ve así por el ocular, es una imagen de telescopio espacial.

— Trípode de aluminio finísimo con patas que se doblan al apretarlas.

— Oculares con montura de 0,965 pulgadas en lugar del estándar de 1,25: los recambios buenos no te valdrán.

Y una recomendación que ahorra disgustos: antes de comprar, busca una agrupación astronómica local y ve a una de sus observaciones públicas. En una sola noche miras por cinco o seis instrumentos distintos, compruebas con tus ojos qué se ve realmente con cada apertura y hablas con gente que ya cometió los errores. Sale gratis y evita la compra equivocada. Puedes ver más sobre instrumentos y observatorios en la sección de telescopios y el resto de guías en astronomía.

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Preguntas frecuentes sobre elegir instrumento

¿Qué es más importante, los aumentos o la apertura?

La apertura, sin discusión. Los aumentos dependen del ocular que pongas, así que cualquier telescopio puede dar cualquier cifra; lo que no se puede cambiar es el diámetro del espejo o la lente, que decide cuánta luz recoges y cuánto detalle separas. El aumento máximo útil es aproximadamente dos veces la apertura en milímetros.

¿Qué telescopio comprar para empezar?

Si quieres observar, un reflector sobre montura Dobson de 150 o 200 mm ofrece la mayor apertura por el precio, porque no gasta presupuesto en motores ni electrónica. Si prefieres algo más manejable y te interesan sobre todo los planetas, un refractor de 90-100 mm con montura estable es buena opción.

¿Son buenos los prismáticos para astronomía?

Muy buenos, y para empezar suelen ser mejor compra que un telescopio barato. Unos 10×50 permiten ver cráteres lunares, cúmulos abiertos, las lunas de Júpiter y la galaxia de Andrómeda, con un campo amplio que facilita encontrar los objetos. Además se usan sin montar nada y sirven de día.

¿Por qué anuncian 675 aumentos si no sirven?

Porque es un reclamo comercial fácil de entender y difícil de comprobar antes de comprar. Con un ocular de focal muy corta se puede alcanzar esa cifra, pero la imagen sale enorme, oscura y borrosa. En un tubo de 60 u 80 milímetros, cualquier aumento por encima de 120 o 160 ya no aporta detalle real.

¿Necesito una montura ecuatorial?

Solo si vas a hacer fotografía de larga exposición, porque compensa la rotación de la Tierra y mantiene el objeto centrado. Para observar visualmente, una montura azimutal firme —o una Dobson— es más sencilla de usar y deja más presupuesto para la óptica. Lo que nunca debe faltar es estabilidad: a 150 aumentos, cualquier vibración se amplifica 150 veces.

¿Se puede observar desde la ciudad?

La Luna y los planetas sí, perfectamente, porque son brillantes y la contaminación lumínica apenas los afecta. Las galaxias y nebulosas, no: son tenues y difusas, y el fondo de cielo iluminado se las come. Para esos objetos, un instrumento modesto bajo cielo oscuro rinde más que uno grande en el centro urbano.

FUENTES Y PARA SABER MÁS

— Criterio clásico de resolución angular en función del diámetro del objetivo (límite de Dawes)

— Guías de compra de telescopios para principiantes de distribuidores y agrupaciones astronómicas (2026)

— Escala Bortle de oscuridad del cielo y su efecto sobre la observación de objetos de cielo profundo

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