
En este artículo
- Empezó con un susto en la rampa
- De dónde viene el nombre
- Los dos regresos al vuelo
- Un año entero en el espacio, sumado a trocitos
- Las misiones que le dieron nombre
- El telescopio que puso arriba y volvió a arreglar
- El negocio que se acabó entre su primer vuelo y el segundo regreso
- Los primeros pasos hacia Rusia también los dio él
- Dónde está ahora
- Preguntas frecuentes sobre el Discovery
- ¿Cuántas misiones voló el Discovery?
- ¿Por qué fue el elegido para volver a volar tras los accidentes?
- ¿Fue el Discovery el que lanzó el Hubble?
- ¿Cuándo fue el último vuelo del Discovery?
- ¿Dónde se puede ver el Discovery?
- ¿Qué significa OV-103?
El programa del transbordador espacial se detuvo en seco dos veces, y las dos por la misma razón: había muerto una tripulación entera. Las dos veces, cuando llegó el momento de volver a poner gente en órbita, la NASA eligió la misma nave. El transbordador espacial Discovery voló 39 misiones, más que ningún otro vehículo tripulado de la historia, pero su currículo se resume mejor en un detalle: era al que llamaban cuando había que demostrar que el programa todavía funcionaba.
Lo esencial
Qué es: el orbitador OV-103, tercero de la flota. Entró en servicio en 1984 y se retiró en 2011.
Su récord: 39 vuelos y 365 días acumulados en el espacio. Exactamente un año, sumado a trocitos.
Lo que lo define: fue el elegido para los dos regresos al vuelo, en 1988 tras el Challenger y en 2005 tras el Columbia.
Su misión más recordada: puso en órbita el telescopio Hubble en 1990, y volvió dos veces a repararlo.
Empezó con un susto en la rampa
Su carrera arrancó de la peor manera posible. El 26 de junio de 1984, con la tripulación a bordo y la cuenta atrás terminada, dos de los tres motores principales se encendieron y el sistema los apagó cuatro segundos antes del despegue al detectar una anomalía en el tercero. Fue el primer aborto en rampa con motores encendidos de la historia del programa.
Lo que vino después fue peor: el hidrógeno residual prendió alrededor de la base, con un fuego casi invisible a plena luz del día, y hubo que rociar la plataforma con agua mientras los siete tripulantes seguían dentro sin poder salir de inmediato. Nadie resultó herido, se cambió el motor y la misión voló en agosto. Pero el Discovery empezó su vida demostrando exactamente lo que iba a demostrar treinta y nueve veces: que los sistemas de seguridad funcionaban.
De dónde viene el nombre
Todos los orbitadores llevan nombre de barco de exploración, y ese criterio dice mucho de cómo se veía a sí mismo el programa. El Discovery hereda el de al menos dos: el HMS Discovery que acompañó a James Cook en su tercer viaje por el Pacífico en el siglo XVIII, y el RRS Discovery con el que Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton llegaron a la Antártida en 1901.
La elección no era decorativa. Los dos barcos hacían lo mismo que se esperaba del transbordador: llevar gente y equipo a un sitio inaccesible, trabajar allí y volver para repetirlo. Y los dos, curiosamente, acabaron igual que él: el RRS Discovery se conserva hoy como museo flotante en Dundee, en Escocia.
Los dos regresos al vuelo
Esta es la parte que casi nunca aparece en los listados de misiones y es la que explica por qué el Discovery importa. Después de cada uno de los dos accidentes mortales del programa, la NASA tuvo que decidir con qué nave volvía a volar. Es una decisión que no es solo técnica: la nave elegida carga con la demostración pública de que el problema está resuelto.
La primera vez fue en septiembre de 1988, con la misión STS-26, dos años y medio después de que el Challenger se desintegrara en el despegue. Entre medias se rediseñaron las juntas de los propulsores sólidos que habían fallado, se cambió la cultura de decisión de lanzamiento y se añadió un sistema de escape para la tripulación. Voló el Discovery.
La segunda fue en julio de 2005, con la STS-114, dos años y medio después de que el Columbia se destruyera durante la reentrada por un trozo de espuma aislante que le había perforado el ala en el despegue. Entre medias se rediseñó el tanque externo y se implantó el procedimiento de inspeccionar el escudo térmico en órbita antes de volver. Volvió a volar el Discovery.
POR QUÉ SIEMPRE ÉL
No hubo una razón única y documentada, sino la suma de varias: era el orbitador con el historial de vuelo más limpio, estaba disponible en el punto adecuado de su ciclo de mantenimiento y arrastraba una reputación de fiabilidad dentro del propio programa. En una organización que acababa de perder una tripulación, esa combinación pesa. El resultado es que el Discovery quedó asociado a los dos momentos en los que el programa volvió a levantarse.
Un año entero en el espacio, sumado a trocitos
El Discovery en cifras
Misiones voladas
Más que cualquier otro vehículo espacial tripulado construido hasta hoy.
Tiempo acumulado en órbita
Un año exacto, repartido en veintisiete años de servicio.
millones km
Distancia recorrida
Como ir y volver al Sol ocho veces, sin salir de la órbita terrestre.
Plazas de tripulación ocupadas
Correspondientes a 184 personas distintas: muchas volaron en él más de una vez.
-2011
Vida operativa
Veintisiete años. Se diseñó para durar cien vuelos y se retiró con 39.
Es el orbitador más veterano y más utilizado de los cinco que llegaron a volar al espacio.
Las misiones que le dieron nombre
| Misión | Fecha | Por qué se recuerda |
|---|---|---|
| STS-41-D | Ago 1984 | Su vuelo inaugural, tras un aborto en la rampa con los motores ya encendidos |
| STS-26 | Sep 1988 | Primer regreso al vuelo, 32 meses después del Challenger |
| STS-31 | Abr 1990 | Puso en órbita el telescopio espacial Hubble |
| STS-60 | Feb 1994 | Primer cosmonauta ruso a bordo de un transbordador estadounidense |
| STS-63 | Feb 1995 | Primera aproximación a la estación Mir, con la primera mujer pilotando un transbordador |
| STS-95 | Oct 1998 | Devolvió al espacio a John Glenn, con 77 años |
| STS-114 | Jul 2005 | Segundo regreso al vuelo, tras el Columbia |
| STS-133 | Feb 2011 | Su último vuelo: llevó a la Estación un módulo de carga y un robot humanoide |
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El telescopio que puso arriba y volvió a arreglar
En abril de 1990, la misión STS-31 sacó de la bodega del Discovery el telescopio espacial Hubble y lo soltó en órbita. Semanas después llegó el desastre: las primeras imágenes salían borrosas porque el espejo principal se había pulido con una desviación mínima pero fatal. El instrumento científico más caro construido hasta entonces era, en la práctica, inservible.
Lo que vino después es la mejor justificación que ha tenido nunca el programa del transbordador. Un telescopio lanzado con un cohete convencional se habría quedado así para siempre. Este se podía visitar: en 1993 se le instaló un sistema óptico correctivo y a lo largo de los años recibió cinco misiones de servicio en total, dos de ellas del propio Discovery, en 1997 y 1999. Sin esas visitas, el Hubble sería una anécdota cara en lugar del telescopio más productivo de la historia.
Ese es exactamente el argumento que defendía el programa del transbordador espacial: una nave que sube, trabaja y vuelve. Que el coste real acabara siendo desproporcionado no quita que en este caso concreto la capacidad se aprovechó a fondo.
El negocio que se acabó entre su primer vuelo y el segundo regreso
Hay un cambio de época que se ve muy bien mirando solo las bodegas de carga del Discovery. En su vuelo inaugural de 1984 desplegó tres satélites de comunicaciones comerciales, de clientes privados que habían pagado por el servicio. Esa era la idea original del programa: un camión reutilizable que abarataría tanto el acceso al espacio que se llevaría el mercado mundial de lanzamientos.
El accidente del Challenger acabó con eso de golpe. Tras la investigación, una directiva presidencial prohibió que el transbordador lanzara cargas comerciales salvo excepciones justificadas: era inaceptable arriesgar a siete personas para poner en órbita un satélite de televisión que podía subir un cohete sin nadie dentro. Cuando el Discovery volvió a volar en 1988, ese negocio ya no existía.
El hueco lo ocupó Europa. Los cohetes Ariane 4, que empezaron a volar precisamente en 1988, se quedaron con buena parte del mercado de satélites de comunicaciones durante la década siguiente. Del transbordador que iba a dominar los lanzamientos comerciales salió, sin querer, la consolidación de su competencia.
Los primeros pasos hacia Rusia también los dio él
Hay otra faceta poco contada. En febrero de 1994, la misión STS-60 llevó a bordo a un cosmonauta ruso, la primera vez que uno volaba en un vehículo estadounidense. Un año después, en febrero de 1995, la STS-63 se aproximó a la estación Mir hasta unos pocos metros sin llegar a acoplarse, ensayando la maniobra que después harían de verdad otros orbitadores.
Esa misión tuvo además un hito propio: la pilotaba Eileen Collins, la primera mujer a los mandos de un transbordador. Y todo aquello no era simpatía diplomática, sino el ensayo general del acuerdo que estaba naciendo entonces y que se cuenta en la historia de la Estación Espacial Internacional.
Dónde está ahora
Su último vuelo, la misión STS-133, despegó en febrero de 2011 y llevó a la Estación Espacial un módulo permanente de almacenamiento y un robot humanoide experimental. Aterrizó el 9 de marzo y no volvió a volar.
En abril de 2012 hizo su último trayecto, a lomos de un Boeing 747 modificado y sobrevolando Washington, hasta el centro Steven F. Udvar-Hazy del Museo Nacional del Aire y el Espacio, donde está expuesto. Ocupó el sitio que hasta entonces tenía el Enterprise, el prototipo que nunca llegó al espacio. El resto de la flota está repartido: puedes ver el destino de cada uno en la sección de transbordadores espaciales, incluido el Atlantis, que cerró el programa.
Se conserva sin restaurar y a propósito: mantiene el tizne de la reentrada en las losetas y las marcas de uso. Es el único orbitador que se exhibe tal como volvió de su último vuelo.
Esa decisión de conservación tiene su lógica y no es estética. Las losetas del escudo térmico están numeradas una a una y cada una registra en su superficie el historial térmico de todas las reentradas por las que pasó. Restaurarlas habría borrado un archivo de datos que todavía se consulta: cómo envejece un material sometido a 1.600 grados treinta y nueve veces es información que no se puede obtener de otro modo, y que importa para diseñar los escudos de las cápsulas que vuelven hoy de la Luna.
Preguntas frecuentes sobre el Discovery
¿Cuántas misiones voló el Discovery?
Treinta y nueve, entre agosto de 1984 y marzo de 2011. Es el récord absoluto de cualquier vehículo espacial tripulado. Acumuló 365 días en órbita —un año exacto— y recorrió unos 240 millones de kilómetros.
¿Por qué fue el elegido para volver a volar tras los accidentes?
Por una combinación de historial de vuelo limpio, disponibilidad en el momento adecuado de su ciclo de mantenimiento y una reputación de fiabilidad dentro del programa. Voló la STS-26 en septiembre de 1988, 32 meses después del Challenger, y la STS-114 en julio de 2005, tras el Columbia.
¿Fue el Discovery el que lanzó el Hubble?
Sí, en la misión STS-31 de abril de 1990. Y además volvió a visitarlo dos veces para tareas de mantenimiento, en 1997 y 1999. El telescopio salió con un defecto en el espejo principal que lo dejaba casi inservible, y solo pudo corregirse porque el transbordador permitía subir a repararlo.
¿Cuándo fue el último vuelo del Discovery?
La misión STS-133, que despegó el 24 de febrero de 2011 y aterrizó el 9 de marzo. Llevó a la Estación Espacial Internacional un módulo permanente de almacenamiento y un robot humanoide experimental. Fue el primero de los tres orbitadores supervivientes en retirarse.
¿Dónde se puede ver el Discovery?
En el centro Steven F. Udvar-Hazy del Museo Nacional del Aire y el Espacio, junto al aeropuerto de Dulles, en Virginia. Llegó allí en abril de 2012 y se exhibe sin restaurar, conservando el tizne de la reentrada, algo que no ocurre con los demás orbitadores.
¿Qué significa OV-103?
Es su designación oficial: Orbiter Vehicle número 103. La numeración empieza en el OV-101, el Enterprise, que solo hizo pruebas atmosféricas; el OV-102 era el Columbia y el OV-099, el Challenger, con un número más bajo por haberse construido a partir de un ejemplar de pruebas estructurales.
Sigue expuesto con el tizne de su última reentrada
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