Cosmología

Tipos de galaxias: cuáles hay y en cuál vivimos

Hubble las ordenó en 1926 y se equivocó en el sentido. Cuáles son los cinco tipos, cuál es la Vía Láctea y por qué el choque con Andrómeda ya no es seguro.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 30 de septiembre de 2026 12 min de lectura
tipos de galaxias - Espacio Entrelazado
tipos de galaxias - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. Cinco formas y una equivocación famosa
  2. La nuestra tiene barra, y tardamos en enterarnos
  3. Nuestro barrio: el Grupo Local
  4. El choque con Andrómeda ya no es un hecho
  5. De dónde salieron todas
  6. Lo que todavía no sabemos
  7. Preguntas frecuentes
  8. ¿Cuántos tipos de galaxias hay?
  9. ¿Qué tipo de galaxia es la Vía Láctea?
  10. ¿Va a chocar la Vía Láctea con Andrómeda?
  11. ¿Qué pasaría con la Tierra si chocan dos galaxias?
  12. ¿Por qué las galaxias elípticas no forman estrellas?
  13. ¿Qué es el Grupo Local?

Durante más de una década, todos los documentales repitieron lo mismo: dentro de unos 4.500 millones de años la Vía Láctea chocará contra Andrómeda, y eso era un hecho. En junio de 2025 un equipo revisó las cuentas con datos nuevos, corrió cien mil simulaciones y publicó un resultado incómodo: la probabilidad de que ese choque ocurra es de aproximadamente un 50%. Ni siquiera sabemos con certeza qué le pasará a nuestra propia galaxia. Y para entender por qué, hay que empezar por lo básico: qué tipos de galaxias existen y en cuál vivimos.

LO ESENCIAL

Cinco formas básicas: espirales, espirales barradas, elípticas, lenticulares e irregulares. La clasificación es de 1926 y sigue en uso.

Hubble se equivocó en el sentido: creía que las elípticas eran jóvenes y evolucionaban a espirales. Ocurre justo al revés.

La nuestra: una espiral barrada de unos 100.000 años luz, con una barra central que no se confirmó hasta este siglo.

Y si chocamos, da igual: las estrellas están tan separadas que prácticamente ninguna colisionará con otra.

Cinco formas y una equivocación famosa

Cuando Edwin Hubble empezó a clasificarlas en 1926, ni siquiera hacía una década que se había aceptado que las galaxias eran otras galaxias y no nubes de gas dentro de la nuestra. Ordenó lo que veía en un diagrama con forma de diapasón: a la izquierda las elípticas, en la bifurcación las espirales normales y las barradas, y fuera del esquema las que no encajaban en ningún sitio.

LOS CINCO TIPOS, CON UN EJEMPLO REAL

Esquemas simplificados, no fotografías

Espiral barradaNuestra Vía LácteaEspiralLa del RemolinoElípticaM87, en VirgoLenticularLa del SombreroIrregularLas Nubes de MagallanesEdwin Hubble las ordenó así en 1926, creyendo que era una secuencia evolutiva. No lo es.

Las elípticas se designan de E0 a E7 según lo achatadas que estén, y las espirales como Sa, Sb o Sc según lo apretados que tengan los brazos. espacioentrelazado.es

El error de Hubble no fue clasificar, fue interpretar. Supuso que su diagrama describía una secuencia evolutiva: las galaxias nacerían como esferas elípticas y se irían aplanando y desarrollando brazos con el tiempo. Por eso llamó «tipo temprano» a las elípticas y «tipo tardío» a las espirales, unos términos que los astrónomos siguen usando hoy pese a que la película va exactamente en sentido contrario: las elípticas gigantes son el resultado de que varias espirales se fusionen y pierdan su estructura. Es uno de los fósiles terminológicos más divertidos de la astronomía: un vocabulario entero construido sobre una hipótesis descartada.

TipoFormaGas y polvoNacen estrellas
EspiralDisco plano con brazos y bulbo centralMuchoSí, en los brazos
Espiral barradaIgual, con una barra recta cruzando el centroMuchoSí
ElípticaBalón de rugby, sin estructura internaMuy pocoCasi nada
LenticularDisco sin brazos: un punto intermedioPocoMuy poco
IrregularSin forma definida, a menudo deformadaMuchoSí, a veces a ritmo alto

La columna que importa es la última. Una elíptica no es una espiral vieja porque sí: es una galaxia que ya gastó o perdió el gas con el que fabricar estrellas nuevas, normalmente en una fusión violenta que además le destrozó el disco. Sus estrellas son viejas y rojizas y no hay reemplazo. Una espiral, en cambio, sigue teniendo materia prima en los brazos. Si alguna vez ves una elíptica gigante descrita como «una galaxia muerta», la expresión es exagerada pero apunta a algo real.

La nuestra tiene barra, y tardamos en enterarnos

La Vía Láctea es una espiral barrada de alrededor de 100.000 años luz de diámetro, con un disco de unos mil años luz de grosor y entre cien mil y cuatrocientos mil millones de estrellas. El Sol está a unos 26.000 años luz del centro, en un brazo secundario, y tarda del orden de 230 millones de años en dar una vuelta completa.

Aquí está la dificultad que hace todo esto poco intuitivo: estamos dentro. Nadie ha fotografiado nunca la Vía Láctea desde fuera, y todas esas imágenes preciosas de nuestra galaxia vista de frente que circulan por internet son ilustraciones. Determinar su forma es como intentar dibujar el plano de un bosque estando en medio de él y con niebla, porque el polvo interestelar bloquea la visión hacia el centro. La existencia de la barra central se sospechaba desde los años sesenta, pero la estructura real de la Vía Láctea no se confirmó con solidez hasta bien entrado este siglo, gracias a los telescopios infrarrojos, que sí atraviesan el polvo.

Ejemplos que puedes buscar de cada tipo

Para las espirales clásicas, la galaxia del Remolino y sus brazos perfectos es el ejemplo de manual. Para ver un disco de canto con su banda de polvo atravesándolo, la del Sombrero, con su forma inconfundible. Y como irregular con formación estelar desbocada, la galaxia del Cigarro, deformada por su vecina. Esas siglas raras con las que aparecen designadas, M51 o NGC 5194, tienen su lógica: la explicamos en qué significan los nombres de las galaxias.

¿Te está gustando el artículo?

Suscríbete y recibe los próximos artículos directamente en tu correo.

Suscribirme gratis

Nuestro barrio: el Grupo Local

Las galaxias no están repartidas al azar: se agrupan. La Vía Láctea pertenece al Grupo Local, un conjunto de alrededor de ochenta galaxias repartidas en unos diez millones de años luz. La aplastante mayoría son enanas diminutas; la estructura real la dominan dos gigantes, Andrómeda y nosotros, con la galaxia del Triángulo como tercera en discordia y bastante más pequeña.

Nuestras vecinas más famosas son las Nubes de Magallanes, dos galaxias irregulares visibles a simple vista desde el hemisferio sur, a unos 163.000 y 200.000 años luz. Y Andrómeda se puede ver desde España como una manchita difusa: es el objeto más lejano visible sin instrumentos, a 2,5 millones de años luz.

En cuanto al tamaño, la comparación deja a nuestra galaxia en un lugar modesto. Las elípticas gigantes que ocupan el centro de los grandes cúmulos, como IC 1101, alcanzan diámetros del orden de millones de años luz, decenas de veces la Vía Láctea, y contienen cientos de veces más estrellas. Si quieres el recuento completo de cuántas galaxias hay ahí fuera, está en el artículo dedicado a esa cifra, que es más discutida de lo que parece.

El choque con Andrómeda ya no es un hecho

Andrómeda se acerca a unos 110 kilómetros por segundo, y eso está medido y no se discute. El problema es que para saber si dos galaxias van a chocar no basta con su velocidad de acercamiento: hace falta conocer también su movimiento lateral, y ese es endiabladamente difícil de medir a 2,5 millones de años luz. Un desplazamiento transversal pequeño puede convertir un choque frontal en un roce a distancia.

En junio de 2025, un equipo dirigido por Till Sawala, de la Universidad de Helsinki, publicó en Nature Astronomy un trabajo con un título que no deja lugar a dudas: Sin certeza de una colisión entre la Vía Láctea y Andrómeda. Combinaron datos del telescopio Hubble y del satélite Gaia, consideraron 22 variables con sus incertidumbres y corrieron 100.000 simulaciones proyectadas 10.000 millones de años hacia el futuro. El resultado: la fusión ocurre en aproximadamente la mitad de los casos.

Lo más elegante del trabajo es de dónde sale la duda. Al meter en las cuentas a M33, la galaxia del Triángulo, que acompaña a Andrómeda, la probabilidad de choque sube. Pero al incluir a la Gran Nube de Magallanes, cuya órbita es aproximadamente perpendicular a la línea que nos une con Andrómeda, el tirón lateral que nos da reduce la probabilidad de encuentro. Es decir: el destino de nuestra galaxia depende en buena medida de un satélite pequeño al que casi nadie prestaba atención en este asunto.

Y si chocan, no chocará casi nada

Es lo más contraintuitivo de cualquier colisión entre galaxias. En nuestro vecindario, las estrellas están separadas por unos 4 años luz y miden algo más de un millón de kilómetros: la proporción equivale a un puñado de canicas repartidas por toda Europa. Dos galaxias pueden atravesarse enteras sin que prácticamente ninguna estrella toque a otra. Lo que sí choca de verdad es el gas, que sí ocupa el espacio intermedio, y de ese choque salen brotes intensos de formación estelar. El desenlace, después de varias pasadas y unos cuantos cientos de millones de años, sería una elíptica gigante sin brazos.

De dónde salieron todas

Las semillas están fotografiadas. En la radiación cósmica de fondo, la luz emitida cuando el universo tenía 380.000 años, hay manchas de temperatura que varían en apenas una parte en 100.000. Esas irregularidades minúsculas marcan zonas donde había algo más de materia de lo normal, y ahí empezó todo.

El primer material en agruparse no fue el que forma estrellas. La materia oscura, que no interactúa con la luz, pudo empezar a colapsar antes, mientras la materia ordinaria seguía atrapada en el plasma. Cuando el gas quedó libre, encontró unos pozos gravitatorios ya excavados y cayó dentro. Por eso cada galaxia vive hoy inmersa en un halo de materia oscura mucho mayor que la parte visible, y por eso las estrellas de los bordes giran más rápido de lo que su masa luminosa justifica.

Lo que vino después se llama formación jerárquica: primero se armaron galaxias pequeñas y luego fueron fusionándose en otras mayores. La Vía Láctea es literalmente un caníbal. En 2018, el satélite Gaia encontró en el halo un grupo enorme de estrellas que se mueven todas de forma anómala, con órbitas muy alargadas y en sentido contrario al disco: son los restos de una galaxia que nos tragamos hace unos 10.000 millones de años, bautizada Gaia-Encélado. Y ahora mismo estamos digiriendo otra, la enana de Sagitario, cuyas estrellas se estiran en una corriente que da varias vueltas alrededor de nuestra galaxia.

Lo que todavía no sabemos

Por qué unas galaxias desarrollan barra y otras no, y si esa barra es permanente o va y viene a lo largo de la vida de la galaxia. Alrededor de dos tercios de las espirales tienen una, así que no es una rareza, pero el mecanismo que la forma y la mantiene sigue siendo objeto de simulaciones que no acaban de coincidir con lo observado.

Y hay un problema más grande, que el telescopio James Webb ha agravado en lugar de resolver. Al mirar el universo muy temprano ha encontrado galaxias demasiado grandes y demasiado ordenadas para su edad: discos bien formados cuando el cosmos tenía apenas unos cientos de millones de años, cuando los modelos predecían que a esas alturas debería haber solo grumos desordenados en proceso de fusión. Nadie sostiene que esto tumbe el modelo cosmológico, pero sí obliga a revisar la parte que describe con qué rapidez se ensamblan las galaxias, que resulta ser mucho mayor de lo que se pensaba. El resto de lo publicado sobre la estructura del cosmos está en la sección de cosmología.

Sigue explorando el universo

Cada semana un artículo. Sin spam.

Quiero seguir aprendiendo

Preguntas frecuentes

¿Cuántos tipos de galaxias hay?

Cinco formas básicas según la clasificación que Edwin Hubble propuso en 1926: espirales, espirales barradas, elípticas, lenticulares e irregulares. Las elípticas se designan de E0 a E7 según lo achatadas que estén, y las espirales como Sa, Sb o Sc según lo apretados que tengan los brazos. Sigue siendo el sistema de referencia un siglo después.

¿Qué tipo de galaxia es la Vía Láctea?

Una espiral barrada de unos 100.000 años luz de diámetro, con entre cien mil y cuatrocientos mil millones de estrellas. El Sol está a unos 26.000 años luz del centro y tarda del orden de 230 millones de años en completar una vuelta. La barra central se sospechaba desde los años sesenta pero no se confirmó con solidez hasta este siglo, gracias a los telescopios infrarrojos.

¿Va a chocar la Vía Láctea con Andrómeda?

Ya no se da por seguro. Un estudio publicado en Nature Astronomy en junio de 2025, con datos de Hubble y Gaia, 22 variables y 100.000 simulaciones, calcula una probabilidad de aproximadamente el 50% de que se fusionen en los próximos 10.000 millones de años. Incluir la galaxia del Triángulo aumenta esa probabilidad, mientras que la órbita de la Gran Nube de Magallanes la reduce.

¿Qué pasaría con la Tierra si chocan dos galaxias?

Casi nada desde el punto de vista de los choques. Las estrellas están separadas por unos 4 años luz y miden poco más de un millón de kilómetros, así que dos galaxias pueden atravesarse sin que prácticamente ninguna estrella colisione con otra. Lo que sí choca es el gas, y eso desencadena brotes de formación estelar. El sistema solar sí podría acabar en una órbita muy distinta.

¿Por qué las galaxias elípticas no forman estrellas?

Porque apenas les queda gas frío, que es la materia prima. La mayoría son el resultado de fusiones violentas entre espirales, procesos que consumen o expulsan el gas y destruyen la estructura de disco. Lo que queda es una población de estrellas viejas y rojizas sin apenas reemplazo. Es lo contrario de lo que suponía Hubble, que las creía una fase juvenil.

¿Qué es el Grupo Local?

El conjunto de galaxias al que pertenece la Vía Láctea: alrededor de ochenta, repartidas en unos diez millones de años luz. La inmensa mayoría son enanas; la estructura la dominan Andrómeda y la Vía Láctea, con la galaxia del Triángulo como tercera. Las Nubes de Magallanes, dos irregulares visibles a simple vista desde el hemisferio sur, también forman parte de él.

FUENTES Y PARA SABER MÁS

— Sawala, T. et al.: No certainty of a Milky Way–Andromeda collision, Nature Astronomy, 2 de junio de 2025

— ESA/Hubble: Hubble casts doubt on certainty of galactic collision (esahubble.org)

— Hubble, E.: Extragalactic Nebulae, Astrophysical Journal (1926), origen de la clasificación

— ESA: resultados del satélite Gaia sobre la estructura y dinámica de la Vía Láctea

— NASA Science: fichas de tipos de galaxias y del Grupo Local (science.nasa.gov/universe/galaxies)

¿Te has quedado con ganas de más?

Cada semana un artículo. Sin spam.

Quiero seguir aprendiendo