
En este artículo
- Tres movimientos que se confunden constantemente
- Halley lo descubrió comparando con Ptolomeo
- La campeona: la estrella de Barnard
- El Carro se está deformando
- Nosotros tampoco estamos quietos
- Lo que sí se puede ver en una vida
- Cómo se mide todo esto hoy
- Preguntas frecuentes sobre el movimiento de las estrellas
- ¿Se mueven las estrellas de verdad?
- ¿Por qué parece que el cielo gira cada noche?
- ¿Qué es el movimiento propio de una estrella?
- ¿Cuál es la estrella con mayor movimiento propio?
- ¿Cambiarán las constelaciones?
- ¿Quién descubrió que las estrellas se mueven?
Las constelaciones que ves esta noche son casi exactamente las mismas que veían los babilonios hace cuatro mil años. Y sin embargo, cada una de esas estrellas se está desplazando a cientos de kilómetros por segundo. Las dos cosas son ciertas a la vez, y entender por qué explica bastante bien cómo funciona el movimiento de las estrellas: corren muchísimo, pero están tan lejos que apenas se nota.
Lo esencial
Sí se mueven: todas, y deprisa. Lo que ocurre es que la distancia convierte esas velocidades en desplazamientos angulares diminutos.
Cuidado con confundir movimientos: lo que ves cada noche cruzando el cielo no son ellas, eres tú girando con la Tierra.
La más rápida en el cielo: la estrella de Barnard, con 10,3 segundos de arco al año. Tarda 175 años en recorrer el ancho de la Luna llena.
Las constelaciones caducan: dentro de unas decenas de miles de años serán irreconocibles.
Tres movimientos que se confunden constantemente
Cuando alguien pregunta si las estrellas se mueven, casi siempre está mezclando cosas muy distintas. Conviene separarlas, porque solo una es movimiento real de la estrella.
Qué se mueve realmente en cada caso
Se mueve la Tierra, no ellas
El cielo entero gira 15 grados por hora porque el planeta rota. Es el movimiento más obvio y el único que no tiene nada que ver con las estrellas.
Tampoco: es la órbita terrestre
Ves constelaciones distintas en invierno y en verano porque miras hacia lados opuestos del Sol. Las estrellas siguen donde estaban.
PROPIO
Este sí es real
El desplazamiento verdadero de la estrella respecto al fondo, medido en segundos de arco por año. Es minúsculo y hay que acumular décadas para verlo.
RADIAL
Real, pero invisible
Si la estrella se acerca o se aleja de nosotros, su posición en el cielo no cambia. Solo se detecta analizando su luz.
Una estrella suele tener las dos componentes a la vez: se desplaza por el cielo y además se acerca o se aleja.
Los dos primeros son aparentes: pasan porque el observador se mueve. El tercero y el cuarto son los reales, y son los que costó siglos detectar.
Halley lo descubrió comparando con Ptolomeo
Durante toda la Antigüedad y la Edad Media se dio por sentado que las estrellas eran fijas. De hecho se las llamaba así, «estrellas fijas», para distinguirlas de los planetas, que sí se movían visiblemente entre ellas. Parecía obvio: nadie había visto cambiar una constelación jamás.
En 1718, Edmond Halley hizo algo que a nadie se le había ocurrido: comparar las posiciones medidas en su época con las que figuraban en los catálogos griegos de casi dos mil años antes. Y encontró que unas cuantas —Sirio, Arturo y Aldebarán entre ellas— ya no estaban donde deberían. No era un error de los antiguos: las estrellas se habían movido.
La razón de que fueran justo esas es reveladora, aunque entonces no se supiera: son estrellas cercanas. Cuanto más próxima está una estrella, mayor es su desplazamiento angular para la misma velocidad real, exactamente igual que un coche cercano cruza tu campo de visión mucho más rápido que un avión lejano aunque el avión vaya diez veces más deprisa.
Un truco que sigue funcionando
Ese vínculo entre movimiento propio y cercanía se convirtió en una herramienta de caza. Cuando Friedrich Bessel quiso medir el primer paralaje estelar en 1838, eligió a propósito la estrella con mayor movimiento propio conocido, porque eso sugería que estaba cerca y que su paralaje sería más fácil de detectar. Acertó.
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La campeona: la estrella de Barnard
En 1916, Edward Emerson Barnard detectó una enana roja discreta que batía todos los registros: se desplazaba 10,3 segundos de arco al año. Sigue siendo el mayor movimiento propio conocido, y por eso lleva su nombre.
Diez segundos de arco al año suena a nada, y conviene traducirlo. La Luna llena mide unos 1.800 segundos de arco de lado a lado. Eso significa que la estrella de Barnard tarda unos 175 años en recorrer una distancia equivalente al diámetro de la Luna llena. Es la más rápida de todas, y aun así necesita casi dos siglos para cruzar eso.
Compáralo con una estrella típica, cuyo movimiento propio ronda la décima de segundo de arco anual: esa tardaría 18.000 años en el mismo recorrido. Ahí está toda la explicación de por qué las constelaciones parecen inmutables en la escala de una vida humana, o de una civilización entera.
| Estrella | Movimiento propio | Cruzar la Luna llena le lleva |
|---|---|---|
| Estrella de Barnard | 10,3 segundos de arco al año | Unos 175 años |
| Próxima Centauri | Unos 3,9 segundos al año | Unos 460 años |
| Sirio | Algo más de 1 segundo al año | Unos 1.400 años |
| Una estrella corriente | Menos de 0,1 segundos al año | Más de 18.000 años |
No es casualidad que las tres primeras filas sean estrellas del vecindario. Todas las campeonas de movimiento propio están entre las estrellas más cercanas a la Tierra, porque la cercanía multiplica el efecto.
El Carro se está deformando
Hay un ejemplo perfecto para ver esto en marcha, y es el asterismo más conocido del cielo. Cinco de las siete estrellas del Carro de la Osa Mayor no están ahí por casualidad: forman un grupo real, nacieron juntas y se desplazan por la galaxia en la misma dirección y a la misma velocidad.
Las otras dos —las de los extremos de la figura— no pertenecen a ese grupo. Van por su cuenta, en dirección distinta. La consecuencia es inevitable: mientras las cinco del centro mantienen su forma, los dos extremos se van desplazando, y la figura del Carro se irá estirando y deformando hasta dejar de parecer un carro.
Lo mismo le ocurre a todas las 88 constelaciones: son agrupaciones aparentes de estrellas que en general no tienen relación entre sí, situadas a distancias muy distintas y moviéndose cada una a lo suyo. Dentro de unas decenas de miles de años, ninguna de las figuras que hemos heredado será reconocible.
Nosotros tampoco estamos quietos
Parte del movimiento propio que medimos no es de la estrella: es nuestro. El Sol se desplaza respecto a las estrellas de su entorno a unos 20 kilómetros por segundo, en dirección a la constelación de Hércules. Ese punto del cielo hacia el que nos dirigimos tiene nombre propio, el ápex solar, y hace que las estrellas de esa zona parezcan separarse mientras las del lado opuesto parecen juntarse. Es el mismo efecto que ves al conducir por un túnel: las luces de delante se abren hacia los lados y las de atrás se juntan en un punto. Con las estrellas ocurre igual, solo que el desplazamiento anual es de milésimas de grado y hicieron falta catálogos de miles de estrellas para detectar el patrón.
Y por encima de eso está el movimiento grande: todo el sistema solar gira alrededor del centro de la galaxia a unos 220 kilómetros por segundo, y tarda entre 225 y 250 millones de años en dar una vuelta. La última vez que estuvimos en esta posición, por la Tierra empezaban a caminar los primeros dinosaurios. Esa velocidad no genera movimiento propio aparente porque las estrellas vecinas nos acompañan: giramos todos juntos, como los caballos de un tiovivo. Sobre esa marcha conjunta hay más en la velocidad a la que se mueve la Vía Láctea.
Hay además un tercer movimiento que no es de nadie: la precesión, el bamboleo del eje terrestre que cambia lentamente hacia dónde apunta el norte celeste. No mueve las estrellas, pero desplaza todo el sistema de coordenadas, y por eso la estrella polar de los egipcios estaba en Draco y hoy está en la Osa Menor.
Lo que sí se puede ver en una vida
Aunque las constelaciones no cambien, hay movimientos estelares perfectamente observables sin esperar milenios, solo que no son de traslación por el cielo.
Las estrellas variables cambian de brillo en periodos que van de horas a meses, y algunas lo hacen de forma tan regular que se pueden cronometrar. Las binarias giran una alrededor de la otra, y en las de periodo corto ese giro se aprecia en pocos años con un telescopio modesto. Y cuando una estrella masiva estalla como supernova, el cambio es tan brusco que aparece un punto luminoso donde no había nada.
Conviene tenerlo presente porque muchas veces la pregunta «¿se mueven las estrellas?» esconde en realidad otra: «¿cambia algo ahí arriba?». Y la respuesta a esa es un sí rotundo, con cosas que ocurren esta misma noche.
Cómo se mide todo esto hoy
Detectar un desplazamiento de décimas de segundo de arco desde el suelo exige comparar fotografías separadas por décadas, y aun así la turbulencia atmosférica emborrona el resultado. La solución fue la misma que para los paralajes: medir desde el espacio.
La misión Gaia ha determinado el movimiento propio de más de mil quinientos millones de estrellas de nuestra galaxia, y eso ha cambiado el tipo de preguntas que se pueden hacer. Con las velocidades de tantas estrellas se puede rebobinar la película: reconstruir de dónde vino cada una, identificar grupos que nacieron juntos y se dispersaron, y detectar corrientes de estrellas que en realidad son los restos de galaxias enanas que nuestra galaxia se tragó hace miles de millones de años.
Es decir: el movimiento de las estrellas dejó de ser una curiosidad para convertirse en una herramienta arqueológica. Puedes seguir explorando el asunto en la sección de estrellas.
Sigue explorando el universo
Cada semana un nuevo artículo sobre astronomía y astrofísica. Sin jerga innecesaria.
Preguntas frecuentes sobre el movimiento de las estrellas
¿Se mueven las estrellas de verdad?
Sí, todas y a gran velocidad, con desplazamientos que se miden en cientos de kilómetros por segundo. Lo que ocurre es que están tan lejos que ese movimiento se traduce en un cambio angular diminuto, imperceptible en la escala de una vida humana.
¿Por qué parece que el cielo gira cada noche?
Porque gira la Tierra, no las estrellas. La rotación del planeta hace que todo el cielo parezca desplazarse unos 15 grados por hora. Es un movimiento aparente: las estrellas siguen exactamente donde estaban.
¿Qué es el movimiento propio de una estrella?
El desplazamiento real de una estrella sobre el fondo del cielo, medido en segundos de arco por año. Es la componente perpendicular a nuestra línea de visión; el acercamiento o alejamiento se llama velocidad radial y no cambia la posición aparente.
¿Cuál es la estrella con mayor movimiento propio?
La estrella de Barnard, una enana roja cercana cuyo movimiento propio de 10,3 segundos de arco al año descubrió Edward Emerson Barnard en 1916. Aun siendo la más rápida, tarda unos 175 años en recorrer por el cielo una distancia equivalente al diámetro de la Luna llena.
¿Cambiarán las constelaciones?
Sí, aunque muy despacio. Las estrellas de una constelación no suelen tener relación entre sí y se mueven cada una en su dirección, así que las figuras se van deformando. En el Carro de la Osa Mayor, cinco de sus siete estrellas se desplazan juntas y las otras dos no, de modo que la figura acabará estirándose hasta ser irreconocible.
¿Quién descubrió que las estrellas se mueven?
Edmond Halley, en 1718, al comparar las posiciones de su época con las registradas en los catálogos griegos casi dos mil años antes. Comprobó que Sirio, Arturo y Aldebarán ya no coincidían. Hasta entonces se las llamaba «estrellas fijas» precisamente porque se creían inmóviles.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Edmond Halley (1718): detección del movimiento propio comparando posiciones con los catálogos antiguos
— E. E. Barnard (1916): descubrimiento del movimiento propio de 10,3 segundos de arco anuales de la estrella que lleva su nombre
— ESA / misión Gaia: movimientos propios de más de mil quinientos millones de estrellas de la Vía Láctea


