
En este artículo
- Cómo puede haber agua líquida tan lejos del Sol
- Encélado: la luna que nos entrega su océano en la mano
- Europa: el océano más grande que conocemos
- Las dos misiones que ya están de camino
- No son las únicas: el sistema solar está lleno de océanos
- Lo que todavía no sabemos
- Preguntas frecuentes sobre las lunas con océano
- ¿Hay agua líquida en Europa, la luna de Júpiter?
- ¿Por qué no se congela ese océano si está tan lejos del Sol?
- ¿Se ha encontrado vida en Encélado?
- ¿Tiene Europa géiseres como Encélado?
- ¿Cuándo sabremos si hay vida en estas lunas?
- ¿Qué otras lunas tienen océanos bajo el hielo?
Encélado, una luna de Saturno de solo 504 kilómetros, tiene la cortesía de escupir su océano al espacio. Por unas grietas de su polo sur salen chorros de agua salada que llegan a cientos de kilómetros de altura, y la sonda Cassini los atravesó y los olió por dentro. Gracias a eso sabemos que ahí abajo hay agua líquida, sales, moléculas orgánicas, actividad hidrotermal y fósforo. Es, aparte de la Tierra, el único sitio del sistema solar donde se han confirmado los seis elementos químicos que necesita la vida tal y como la conocemos.
LO ESENCIAL
Europa: luna de Júpiter con un océano salado de unos 100 km de profundidad bajo una corteza de hielo. Contiene aproximadamente el doble de agua líquida que todos los océanos terrestres juntos.
Encélado: mucho más pequeña, pero con la ventaja decisiva de que su océano sale solo. Cassini analizó los chorros y encontró hidrógeno molecular, señal de actividad hidrotermal en el fondo.
De dónde sale el calor: no del Sol, sino de las mareas. La gravedad del planeta gigante amasa la luna y la fricción la calienta desde dentro.
Qué viene: Europa Clipper y JUICE están de camino ahora mismo. Las dos pasan cerca de la Tierra en los próximos meses para coger impulso.
Cómo puede haber agua líquida tan lejos del Sol
Júpiter está a 5,2 unidades astronómicas del Sol y Saturno a 9,5. A esas distancias la luz solar es entre 25 y 90 veces más débil que aquí, y la temperatura superficial de sus lunas ronda los 160 grados bajo cero. Ahí no hay nada líquido en la superficie, ni lo habrá.
El calor viene de otro sitio: del amasado gravitatorio. Estas lunas no describen círculos perfectos, sino órbitas ligeramente ovaladas, así que la distancia al planeta cambia a lo largo de cada vuelta. Cuando están más cerca, la gravedad del gigante las estira; cuando se alejan, se relajan. Ese estiramiento y relajación constante deforma la luna entera y la fricción interna genera calor, igual que se calienta un alambre si lo doblas muchas veces seguidas.
Por qué esto lo cambia todo
La búsqueda de vida se ha organizado durante décadas alrededor de la franja templada cercana a la estrella. Estas lunas dicen que puede haber océanos estables durante miles de millones de años a cualquier distancia, siempre que haya un planeta grande cerca que los amase. Si eso es común, la cantidad de sitios habitables de la galaxia no la marca la distancia a la estrella, sino cuántos gigantes con lunas hay. Y hay muchos.
LO QUE HAY DEBAJO DEL HIELO
Corte de las dos lunas. No están a escala entre sí: Encélado es seis veces más pequeña que Europa
Los espesores de las capas son aproximados y siguen en discusión, sobre todo el de la corteza de Europa. espacioentrelazado.es
Encélado: la luna que nos entrega su océano en la mano
Encélado es minúscula. Con 504 kilómetros de diámetro cabría entre Madrid y Barcelona sobrada. Durante mucho tiempo se la consideró una bola de hielo muerta más, hasta que en 2005 la sonda Cassini fotografió chorros saliendo de unas grietas del polo sur que los científicos bautizaron «rayas de tigre».

Lo que vino después es de las mejores historias de la exploración espacial. Cassini no llevaba instrumentos diseñados para buscar vida —se lanzó en 1997, cuando nadie sabía que aquellos chorros existían—, pero llevaba un espectrómetro de masas. Así que la NASA hizo lo evidente: bajar la sonda y hacerla atravesar los géiseres, en algunos pasos a menos de 50 km de la superficie, para analizar el material en vuelo.
Agua salada, no hielo cualquiera
Los granos de los chorros llevan sales de sodio, exactamente lo que se esperaría de un océano en contacto con roca. Ese material alimenta además el anillo E de Saturno: la luna lleva eones pintando un anillo entero con su propia agua.
Hidrógeno molecular, la pista del fondo marino
En 2017 se anunció la detección de hidrógeno molecular en los chorros. Ese hidrógeno se produce cuando el agua caliente reacciona con la roca, así que implica actividad hidrotermal en el fondo del océano. En la Tierra, las fuentes hidrotermales sostienen ecosistemas enteros sin ver la luz del Sol.
Fósforo, el ingrediente que faltaba
En junio de 2023, un análisis de granos del anillo E publicado en Nature encontró fosfatos procedentes del océano de Encélado, y en concentraciones al menos cien veces mayores que en el agua de mar terrestre. El fósforo era el último de los seis elementos esenciales que faltaba por confirmar fuera de la Tierra.
6 de 6
elementos esenciales para la vida, confirmados en el océano de Encélado
Carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre. Es el único sitio además de la Tierra
Conviene decir con claridad qué significa eso y qué no. Significa que en Encélado están la despensa y la cocina: agua líquida, energía química y los ingredientes. No significa que haya nadie cocinando. Tener todos los elementos no es tener vida, igual que tener harina, agua y horno no es tener pan.
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Europa: el océano más grande que conocemos
Europa es un caso distinto: más grande, más prometedor y mucho más difícil de estudiar. Con 3.121 kilómetros de diámetro es algo menor que nuestra Luna, y bajo una corteza de hielo de entre 15 y 25 km esconde un océano salado global de alrededor de 100 kilómetros de profundidad. La fosa de las Marianas, el punto más hondo de la Tierra, tiene 11.
Haz la cuenta y sale que en esa luna, que cabría miles de veces dentro de Júpiter, el gigante gaseoso, hay aproximadamente el doble de agua líquida que en todos los océanos, mares, ríos y acuíferos de la Tierra juntos. Su superficie, además, es de las más jóvenes del sistema solar: apenas tiene cráteres, lo que indica que se renueva constantemente, y está surcada de grietas rojizas que delatan material subiendo desde abajo.
Cuidado con los géiseres de Europa
Casi todos los artículos dan por hecho que Europa también expulsa chorros de agua. La realidad es más incómoda: el Hubble detectó indicios en 2012 y 2016, pero eran señales al límite de la sensibilidad del instrumento y otros equipos no las han reproducido.
En 2023, el James Webb miró expresamente buscando esa actividad y no detectó ninguna pluma: ni agua, ni monóxido de carbono, ni metano. Lo que sí encontró fue dióxido de carbono concentrado en una región llamada Tara Regio, y el análisis apunta a que ese CO2 viene del océano interior, lo cual es una noticia estupenda por otra vía: significa que hay intercambio químico entre el agua de abajo y la superficie de arriba.
Las dos misiones que ya están de camino
Esto no es un plan a futuro: las naves están volando ahora mismo, y las dos hacen maniobras cerca de la Tierra en los próximos meses para robarle impulso gravitatorio.
| Europa Clipper | JUICE | |
|---|---|---|
| Agencia | NASA | ESA |
| Lanzamiento | 14 de octubre de 2024 | 14 de abril de 2023 |
| Dónde está ahora | Sobrevuela la Tierra en diciembre de 2026 | Sobrevuela la Tierra en septiembre de 2026 |
| Llegada a Júpiter | Abril de 2030 | Julio de 2031 |
| Objetivo principal | 49 sobrevuelos de Europa | Ganímedes, Calisto y Europa |
| Qué busca | Grosor del hielo y química del océano | Acabar orbitando Ganímedes en 2034 |
Ninguna de las dos va a aterrizar ni a perforar. Europa Clipper llevará radar capaz de sondear el hielo desde arriba para medir su grosor y detectar bolsas de agua, además de instrumentos para analizar el polvo que la propia luna levanta. Y hay un detalle deliberado en su diseño: orbitará Júpiter y no Europa, sobrevolándola 49 veces, para que la brutal radiación del planeta no fría la electrónica en pocas semanas. Puedes ver el resto de lo enviado a ese sistema en las misiones a Júpiter, y lo que hemos mandado al de al lado en las misiones a Saturno.
No son las únicas: el sistema solar está lleno de océanos
Europa y Encélado son las candidatas fuertes, pero la lista de mundos con agua líquida bajo el hielo no ha parado de crecer, y algunos casos son sorprendentes.
Ganímedes, la luna más grande del sistema solar —mayor incluso que Mercurio—, tiene un océano probablemente más profundo que el de Europa, aunque atrapado entre capas de hielo y sin contacto con la roca, lo que lo hace menos interesante desde el punto de vista químico. Calisto, la más exterior de las cuatro grandes, también parece tener uno. Y Titán, la mayor luna de Saturno y sus anillos, juega en otra liga: tiene océano de agua bajo el hielo y además lagos de metano líquido en la superficie, con lluvia y ríos de hidrocarburos.
El caso más chocante llegó en 2024 con Mimas, la lunita con un cráter gigante que la hace parecerse a la Estrella de la Muerte. Nadie esperaba nada de ella: su superficie está cubierta de cráteres antiguos, sin las grietas ni la actividad que delatan un interior vivo. Y sin embargo, el análisis de su rotación reveló que esconde un océano subterráneo, además joven en términos geológicos. Si hasta Mimas tiene uno, la conclusión incómoda es que no sabemos identificarlos desde fuera: puede haber océanos en sitios donde ni se nos ocurre mirar.
Lo que todavía no sabemos
No sabemos el grosor del hielo de Europa. Las estimaciones van de unos pocos kilómetros a más de treinta, y la diferencia lo cambia todo: una corteza fina permitiría intercambio químico frecuente entre el océano y la superficie, y haría pensable una futura misión que perforase. Una corteza gruesa deja el océano aislado y fuera de alcance durante generaciones. Esa medición es la razón de ser del radar de Europa Clipper.
Tampoco sabemos cuánto tiempo llevan ahí esos océanos. Para que aparezca vida no basta con que las condiciones sean buenas hoy: tienen que haberlo sido durante cientos de millones de años seguidos. Y el calentamiento por mareas puede ser intermitente, según cómo hayan evolucionado las órbitas. Un océano que se congela y se descongela cada cierto tiempo es mucho peor candidato que uno estable.
Y no sabemos cómo comprobarlo sin contaminar. Cualquier sonda que se acerque lleva microbios terrestres, y encontrar vida en Encélado sería un desastre si resulta ser la nuestra: por eso Cassini terminó su misión en 2017 lanzándose deliberadamente contra Saturno, para no acabar estrellada contra una luna habitable. Esa disciplina se llama protección planetaria y es uno de los pilares de la astrobiología. Todo lo publicado sobre otros mundos está en la sección de exoplanetas de Espacio Entrelazado.
Preguntas frecuentes sobre las lunas con océano
¿Hay agua líquida en Europa, la luna de Júpiter?
Sí, hay un consenso muy amplio de que bajo su corteza de hielo, de entre 15 y 25 km, existe un océano salado global de alrededor de 100 km de profundidad. Contiene aproximadamente el doble de agua líquida que todos los océanos de la Tierra juntos. Se deduce del campo magnético inducido que detectó la sonda Galileo y de la juventud de su superficie.
¿Por qué no se congela ese océano si está tan lejos del Sol?
Porque el calor no viene del Sol sino de las mareas. La órbita de estas lunas es ligeramente ovalada, así que la gravedad del planeta gigante las estira y las relaja en cada vuelta. Esa deformación constante genera fricción interna y calor, suficiente para mantener agua líquida a 160 grados bajo cero en superficie.
¿Se ha encontrado vida en Encélado?
No. Lo que se ha encontrado son las condiciones y los ingredientes: agua salada, moléculas orgánicas, actividad hidrotermal en el fondo y los seis elementos esenciales, incluido el fósforo detectado en 2023. Es el único cuerpo además de la Tierra donde se han confirmado los seis, pero tener los ingredientes no equivale a tener vida.
¿Tiene Europa géiseres como Encélado?
No está confirmado. El Hubble detectó posibles indicios en 2012 y 2016, pero al límite de su sensibilidad y sin reproducción independiente clara. En 2023, el telescopio James Webb buscó expresamente actividad de plumas y no detectó ninguna. Sí encontró dióxido de carbono en la superficie que parece proceder del océano interior.
¿Cuándo sabremos si hay vida en estas lunas?
No pronto. Europa Clipper llega a Júpiter en abril de 2030 y JUICE en julio de 2031, y ninguna de las dos está diseñada para detectar vida: van a caracterizar los océanos y medir el grosor del hielo. Detectarla exigiría misiones posteriores capaces de aterrizar o de atravesar los chorros con instrumentos específicos.
¿Qué otras lunas tienen océanos bajo el hielo?
Ganímedes y Calisto, lunas de Júpiter, y Titán, de Saturno, que además tiene lagos de metano líquido en superficie. En 2024 se sumó una sorpresa: Mimas, una lunita cubierta de cráteres antiguos donde nadie esperaba actividad, esconde un océano subterráneo geológicamente joven. Eso sugiere que no sabemos reconocerlos desde fuera.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Detection of phosphates originating from Enceladus’s ocean, Nature 618 (junio de 2023)
— Waite, J. H. et al.: Cassini finds molecular hydrogen in the Enceladus plume, Science 356 (2017)
— Endogenous CO2 ice mixture on the surface of Europa and no detection of plume activity, Science (2023)
— NASA: Europa Clipper (science.nasa.gov/mission/europa-clipper) y ESA: Juice (esa.int/Juice)
— NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute: imágenes de los chorros de Encélado tomadas por Cassini

