
En este artículo
- Una obra montada en el aire
- Veinticinco años sin un día vacía
- Vivir sin peso no es descansar
- Qué se investiga ahí que no se puede investigar aquí
- Cómo verla desde tu ventana
- El final está planificado hasta el detalle
- Quién ocupa el sitio después
- Preguntas frecuentes
- ¿Qué es la Estación Espacial Internacional?
- ¿Cuándo se va a destruir la ISS?
- ¿Cómo se puede ver la ISS desde la Tierra?
- ¿Cómo es la vida diaria en la estación?
- ¿Para qué sirve realmente la ISS?
- ¿Qué estación sustituirá a la ISS?
El objeto más caro que ha construido la humanidad ya tiene fecha de defunción y empresa contratada para ejecutarla. La NASA le encargó a SpaceX un vehículo cuyo único trabajo será empujar la Estación Espacial Internacional hacia la atmósfera para que se desintegre sobre el Pacífico. Ocurrirá a principios de 2031. Hasta entonces seguirá dando una vuelta a la Tierra cada 90 minutos con gente dentro, como lleva haciendo ininterrumpidamente desde el año 2000: hay personas que ya han cumplido 25 años sin haber vivido nunca un solo día con el espacio vacío de seres humanos.
LO ESENCIAL
Qué es: un laboratorio de 420 toneladas y 109 metros de envergadura que orbita a unos 400 km, montado pieza a pieza en el espacio desde 1998 por quince países.
Cuánto costó: del orden de 150.000 millones de dólares. Ninguna otra construcción humana se le acerca.
Se puede ver: a simple vista, desde cualquier ciudad, como un punto muy brillante que cruza el cielo en tres o cuatro minutos sin parpadear.
Y se acaba: fin de operaciones en 2030 y caída controlada a principios de 2031. Cuatro empresas privadas compiten por sustituirla.
Una obra montada en el aire
La Estación Espacial Internacional no se lanzó: se ensambló. El primer módulo, el ruso Zaryá, despegó el 20 de noviembre de 1998, y a partir de ahí fueron llegando piezas en cohetes y transbordadores durante más de una década, cada una construida en un país distinto y ninguna probada previamente junto a las demás. Encajaron. Es probablemente el mayor proyecto de ingeniería coordinada de la historia, y participan quince naciones a través de cinco agencias espaciales: la estadounidense, la rusa, la europea, la japonesa y la canadiense.
El resultado mide 109 metros de lado a lado contando los paneles solares, aproximadamente un campo de fútbol, y pesa unas 420 toneladas. Por dentro es más pequeño de lo que sugiere esa cifra: el volumen habitable ronda los 390 metros cúbicos, comparable al interior de un avión de pasajeros grande. La mayor parte de la estructura no es espacio para vivir, sino armazón, radiadores y las ocho enormes alas de paneles solares que le dan unos 100 kilovatios de potencia.
LA ESTACIÓN, EN CIFRAS
Esquema simplificado: viga central, paneles solares y módulos habitables
La estación completa da 16 vueltas a la Tierra cada día, así que su tripulación ve 16 amaneceres y 16 atardeceres en 24 horas. espacioentrelazado.es
A esa altura todavía queda algo de atmósfera, muy tenue pero suficiente para frenarla poco a poco. La estación pierde altura continuamente y hay que reimpulsarla cada cierto tiempo con los motores de las naves acopladas. Sin esos empujones periódicos, caería sola en cuestión de un par de años. Ese detalle, que parece técnico, es la clave para entender el final que se le ha planeado.
Veinticinco años sin un día vacía
El 2 de noviembre del año 2000 llegó la Expedición 1: un estadounidense y dos rusos. Desde ese día no ha habido ni una sola jornada sin seres humanos a bordo. Se han sucedido más de setenta expediciones y han pasado por allí gente de una veintena larga de países, con relevos que se solapan para que nunca quede sola.
Esa continuidad ha sobrevivido a cosas notables. Al accidente del transbordador Columbia en 2003, que dejó a la flota estadounidense en tierra durante dos años y obligó a mantener la estación con naves rusas. A varios periodos de tensión geopolítica considerable entre los dos socios principales. Y a una pandemia global. Durante todo ese tiempo, arriba, los astronautas de los dos países siguieron compartiendo el mismo pasillo, los mismos víveres y el mismo aire. La historia de la estación tiene bastante de excepción diplomática sostenida en órbita.
Vivir sin peso no es descansar
La imagen de astronautas flotando y dando volteretas oculta que la microgravedad es, sobre todo, un problema médico. Sin peso que soportar, el cuerpo desmantela lo que ya no necesita: los huesos pierden en torno a un 1% de masa al mes y los músculos se atrofian a un ritmo parecido. Por eso el ejercicio no es una recomendación sino una obligación contractual de dos horas diarias, con una cinta a la que hay que atarse con arneses y una máquina de resistencia que simula levantar pesas.
Los fluidos también se redistribuyen: al no caer hacia los pies, se acumulan en el tronco y la cabeza. De ahí la cara hinchada característica, la congestión nasal permanente y un problema más serio que la NASA sigue estudiando, la presión sobre el nervio óptico, que ha alterado la visión de una parte considerable de quienes han pasado largas estancias.
El detalle que más incomoda contar
La estación recicla en torno al 98% del agua, y eso incluye el sudor, la humedad del aire exhalado y la orina de la tripulación. El sistema la destila y la filtra hasta dejarla más limpia que la del grifo de la mayoría de las ciudades. Los astronautas bromean con que el café de ayer es el café de hoy. Subir agua desde la Tierra cuesta miles de dólares por litro, así que reciclar no es una excentricidad ecológica: es la única forma de que las cuentas salgan. El resto de la vida cotidiana a bordo funciona con la misma lógica de aprovecharlo todo.
Dormir consiste en meterse en un saco atado a la pared de una cabina del tamaño de una cabina telefónica, para no despertarse flotando contra un panel de instrumentos. Comer implica renunciar a la sal y la pimienta en polvo, que se dispersarían por el aire y acabarían en los ojos de alguien o dentro de un equipo: se usan en forma líquida. Y todo, absolutamente todo, tiene velcro.
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Qué se investiga ahí que no se puede investigar aquí
Es la pregunta legítima ante una factura de 150.000 millones, y la respuesta tiene que ver con que la gravedad estropea muchos experimentos. Cuando algo se disuelve o se enfría en la Tierra, el material denso se hunde y el ligero sube, y esa mezcla constante enmascara los procesos que se quieren observar. En caída libre permanente eso no ocurre.
El caso más rentable es el de los cristales de proteína. Para diseñar un fármaco hay que conocer la forma exacta de la molécula a la que va dirigido, y eso se averigua cristalizándola y bombardeándola con rayos X. En el laboratorio, la convección hace que los cristales crezcan con defectos; en órbita crecen más grandes y más ordenados, y la estructura se lee con mucha más precisión. Varios medicamentos en desarrollo han pasado por ahí.
También hay física fundamental. A bordo funciona un laboratorio de átomos ultrafríos que enfría gases a millonésimas de grado por encima del cero absoluto para producir condensados de Bose-Einstein, un estado de la materia que en la Tierra se desmorona por su propio peso en fracciones de segundo y allí aguanta mucho más. Y montado en el exterior hay un detector de rayos cósmicos de siete toneladas que lleva desde 2011 contando partículas que la atmósfera nunca deja llegar al suelo. Pero el experimento principal, el que justifica el resto, son las propias personas y lo que les hace estar allí: sin esos datos médicos no hay viaje a Marte que planificar.
Cómo verla desde tu ventana
No hace falta ningún instrumento y funciona incluso desde el centro de una ciudad, porque es uno de los objetos más brillantes del cielo. Se ve como un punto blanco muy luminoso que cruza el firmamento en tres o cuatro minutos, con movimiento constante, sin parpadear y sin luces de colores: eso es lo que la distingue de un avión.
Solo es visible en una franja horaria concreta, y el motivo es puramente geométrico. Hace falta que tú estés a oscuras y que la estación siga bañada por el Sol, algo que ocurre entre una y tres horas después del anochecer o antes del amanecer. A veces se apaga a media travesía, sin más: ha entrado en la sombra de la Tierra. La NASA publica los horarios exactos para cada ciudad en su servicio Spot the Station, y merece la pena mirarlo alguna vez sabiendo que ese punto lleva gente dentro.
El final está planificado hasta el detalle
La estructura envejece. Lleva casi tres décadas soportando ciclos térmicos brutales cada 90 minutos, impactos de micrometeoritos y fatiga de materiales, y hay módulos rusos con fugas de aire pequeñas pero persistentes desde hace años. La decisión tomada es terminar las operaciones normales en 2030 y ejecutar una reentrada controlada a principios de 2031.
Dejarla caer sola no es una opción: 420 toneladas reentrando sin control significan fragmentos grandes cayendo en un punto imposible de predecir. Por eso la NASA adjudicó a SpaceX el desarrollo de un vehículo específico, cuyo trabajo consiste en acoplarse a la estación y frenarla para dirigir su caída hacia el Punto Nemo, la zona del Pacífico Sur más alejada de cualquier tierra firme del planeta, a unos 2.700 kilómetros de la costa más próxima. Allí descansan ya los restos de la estación Mir y de cientos de satélites. Es el cementerio de naves espaciales.
Quién ocupa el sitio después
El plan de la NASA no es construir otra estación propia, sino convertirse en cliente: dejar que empresas privadas pongan las estaciones y comprarles plazas y espacio de laboratorio, igual que ya hace con los cohetes. El programa que financia esa transición lleva años en marcha y hay cuatro proyectos compitiendo. Mientras tanto, China ya tiene la suya operativa y funcionando desde 2022.
| Proyecto | Quién | Estado | Rasgo propio |
|---|---|---|---|
| Tiangong | China | En órbita desde 2022 | Tres módulos y tripulación de tres |
| Axiom Station | Axiom Space | Primer módulo hacia 2028 | Nace acoplada a la ISS y luego se independiza |
| Haven-2 | Vast | Primer módulo hacia 2028 | Diseñada para hasta doce tripulantes |
| Starlab | Voyager y Airbus | Finales de esta década | Un único módulo grande lanzado de una vez |
| Orbital Reef | Blue Origin y Sierra Space | Finales de esta década | Módulos hinchables que se despliegan en órbita |
Que ninguna esté todavía en el cielo con esas fechas tan pegadas al final de la ISS es exactamente el motivo de preocupación que se repite en los informes: si los plazos se retrasan —y en este sector se retrasan casi siempre—, podría haber un hueco en el que Occidente se quede sin presencia permanente en la órbita baja terrestre y la estación china sea la única habitada. La cuenta atrás no la marca el desgaste de la ISS, la marca el calendario de quienes tienen que sustituirla.
Mientras tanto, todo lo que se aprende ahí arriba sobre cómo aguanta el cuerpo humano fuera de la gravedad terrestre es el manual de instrucciones de cualquier viaje más largo. Y el funcionamiento técnico de la estación, con su reciclaje de aire y agua en circuito casi cerrado, es el ensayo general de un hábitat que algún día tendrá que sostenerse sin envíos desde casa. El resto de misiones y naves está en la sección de misiones espaciales.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Estación Espacial Internacional?
Un laboratorio orbital de unas 420 toneladas y 109 metros de envergadura que gira alrededor de la Tierra a unos 400 kilómetros de altura, montado módulo a módulo desde 1998 con la participación de quince países a través de cinco agencias espaciales. Da una vuelta completa al planeta cada 90 minutos y está habitada de forma continua desde el año 2000.
¿Cuándo se va a destruir la ISS?
Las operaciones normales terminan en 2030 y la reentrada controlada está prevista para principios de 2031. La NASA encargó a SpaceX un vehículo específico para frenarla y dirigir su caída hacia el Punto Nemo, la zona del Pacífico Sur más alejada de tierra firme, donde ya reposan los restos de la estación Mir y de cientos de satélites.
¿Cómo se puede ver la ISS desde la Tierra?
A simple vista y desde cualquier lugar, incluso una ciudad iluminada. Aparece como un punto blanco muy brillante que cruza el cielo en tres o cuatro minutos sin parpadear y sin luces intermitentes, lo que la diferencia de un avión. Solo es visible entre una y tres horas después del anochecer o antes del amanecer, cuando el observador está a oscuras pero la estación sigue iluminada por el Sol.
¿Cómo es la vida diaria en la estación?
Exige dos horas de ejercicio obligatorio al día, porque sin peso los huesos pierden alrededor de un 1% de masa cada mes y los músculos se atrofian. Se duerme en un saco atado a la pared, se come sin sal ni pimienta en polvo para que no floten, y se recicla en torno al 98% del agua, incluida la orina y la humedad del aire. La tripulación ve 16 amaneceres al día.
¿Para qué sirve realmente la ISS?
Para hacer experimentos que la gravedad estropea. Las proteínas cristalizan más grandes y ordenadas en órbita, lo que ayuda a diseñar fármacos; se producen estados de la materia como los condensados de Bose-Einstein, que aquí se desmoronan por su propio peso; y se miden rayos cósmicos que la atmósfera bloquea. El experimento más importante son las propias personas: sin esos datos médicos no se puede planificar un viaje a Marte.
¿Qué estación sustituirá a la ISS?
Ninguna todavía. La NASA ha optado por comprar servicios a empresas privadas en lugar de construir otra estación propia, y hay cuatro proyectos en marcha: Axiom Station, Haven-2 de Vast, Starlab de Voyager y Airbus, y Orbital Reef de Blue Origin y Sierra Space. Los primeros módulos se esperan hacia 2028. China, por su parte, opera Tiangong desde 2022.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— NASA: ficha técnica y cifras oficiales de la Estación Espacial Internacional (nasa.gov/station)
— NASA: contrato del vehículo de desorbitado y plan de reentrada controlada
— NASA: programa Commercial LEO Destinations y estado de las estaciones privadas
— NASA: Spot the Station, horarios de paso para cada ciudad (spotthestation.nasa.gov)
— ESA: investigación europea en microgravedad a bordo de la estación (esa.int)


