Satélites

Órbita baja: la única región del espacio que se limpia sola

A 400 km todavía hay aire, y por eso los satélites de órbita baja caen. Cuánto duran según la altura y por qué SpaceX está bajando 4.400 Starlink.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 22 de octubre de 2023 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 10 min de lectura
órbita baja - Espacio Entrelazado
órbita baja - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. Qué se considera órbita baja, y qué se siente ahí
  2. El detalle que lo cambia todo: ahí arriba todavía hay atmósfera
  3. Cuánto dura un satélite según la altura a la que lo pongas
  4. El Sol decide cuánto dura lo que pongas ahí arriba
  5. Por qué está ahí casi todo, de todos modos
  6. Lo que se rompe cuando la órbita se llena
  7. Lo que todavía no está resuelto
  8. Preguntas frecuentes sobre la órbita baja
  9. ¿A qué altura está la órbita baja?
  10. ¿Por qué caen los satélites de órbita baja?
  11. ¿Cuánto tarda en caer un satélite sin motores?
  12. ¿Cuántos satélites hay en órbita baja?
  13. ¿Por qué la Estación Espacial necesita que la empujen?
  14. ¿Puede una tormenta solar tirar satélites?

A 400 kilómetros de altura todavía hay aire. Poquísimo —una billonésima parte del que respiras—, pero suficiente para que la Estación Espacial Internacional pierda hasta 100 metros de altura al día y haya que empujarla hacia arriba una vez al mes para que no se caiga. Ese detalle incómodo es lo que convierte la órbita baja en la única región del espacio que se limpia sola, y en la razón de que dos de cada tres satélites del mundo estén exactamente ahí.

Lo esencial

Dónde está: entre unos 160 y 2.000 km de altura. Un satélite ahí da una vuelta a la Tierra cada 90 minutos, a 7,8 km por segundo.

La particularidad: queda atmósfera residual, así que todo lo que hay ahí frena y acaba cayendo. Nada más lejos tiene esa suerte.

Cuánto tarda en caer: depende brutalmente de la altura. Meses a 300 km, años a 500, siglos a 800, milenios a 1.200.

Lo que ha cambiado en 2026: SpaceX está bajando 4.400 satélites Starlink de 550 a 480 km justo para que caigan antes.

Qué se considera órbita baja, y qué se siente ahí

La órbita terrestre baja, LEO por sus siglas en inglés, abarca desde los 160 kilómetros —por debajo el rozamiento es tan fuerte que nada aguanta una vuelta completa— hasta los 2.000 kilómetros. Por debajo de ese techo se encuentra la inmensa mayoría de lo que hemos puesto en el espacio: telescopios, satélites de observación, la Estación Espacial Internacional y las megaconstelaciones de internet.

Para mantenerse ahí hay que ir muy rápido: unos 7,8 kilómetros por segundo, que son 28.000 km/h. A esa velocidad la vuelta completa dura entre 88 y 100 minutos según la altura, lo que significa que un astronauta a bordo ve 16 amaneceres y 16 atardeceres cada día. No es una órbita lenta: es la más rápida de todas las que usamos, porque cuanto más cerca estás del planeta más deprisa tienes que moverte para no caer.

La distancia también explica lo que se ve desde ahí. A 400 kilómetros, la Tierra ocupa casi todo el campo de visión y solo se abarca una porción pequeña de superficie a la vez, un círculo de unos 2.000 km de diámetro. Es justo lo contrario de lo que ocurre desde la órbita geoestacionaria, a 35.786 km, donde un solo satélite ve un tercio del planeta pero lo ve pequeño y con retardo.

El detalle que lo cambia todo: ahí arriba todavía hay atmósfera

La frontera del espacio se sitúa por convenio en los 100 km, pero la atmósfera no termina ahí: se va desvaneciendo. A 400 kilómetros la densidad del aire es aproximadamente una billonésima parte de la que hay al nivel del mar. Suena a nada, y para casi todo lo es. Pero un objeto que atraviesa ese vacío casi perfecto a 28.000 km/h choca con suficientes moléculas por segundo como para ir perdiendo energía sin parar.

El resultado es que la Estación Espacial baja entre 50 y 100 metros cada día. Sola no se recupera: cada pocas semanas, una nave acoplada enciende sus motores durante unos minutos y la vuelve a subir. Sin esas maniobras, la ISS reentraría en cuestión de meses. La estación no flota en el espacio: se está cayendo despacio todo el rato, y alguien la empuja.

PARA ENTENDERLO

Un satélite en órbita baja no está «flotando en el vacío»: está cayendo permanentemente hacia la Tierra y fallando, porque avanza tan rápido de lado que el suelo se le curva por debajo a la misma velocidad a la que él cae. El rozamiento residual le va robando velocidad. Cuando la pierde, deja de fallar el tiro.

Cuánto dura un satélite según la altura a la que lo pongas

Aquí está la clave de todo lo demás, y es una relación que no es proporcional sino brutalmente empinada: unos pocos cientos de kilómetros de diferencia separan «cae en unos meses» de «sigue ahí cuando ya no exista nuestra civilización».

Vida orbital sin propulsión, por altura

200 km

Semanas

Zona de paso. Aquí solo se está de camino a otro sitio.

300 km

Unos meses

Altura de misiones cortas y de satélites de observación muy detallada.

400 km

Uno o dos años

La Estación Espacial. Por eso necesita que la empujen cada pocas semanas.

550 km

Más de cuatro años

Donde estaba la mayor parte de Starlink hasta 2026.

800 km

Décadas o siglos

Satélites de observación polar. Y la altura donde chocaron dos satélites en 2009.

1.200 km

Miles de años

A efectos prácticos, lo que subas aquí se queda para siempre.

Cifras orientativas: la vida real depende también de la masa del satélite, de su superficie frontal y del momento del ciclo solar.

Esa tabla es la que gobierna las decisiones de diseño de cualquier constelación. Poner un satélite alto significa que cubre más superficie y necesitas menos unidades, pero también que si falla se queda ahí durante generaciones. Ponerlo bajo obliga a lanzar muchos más y a reemplazarlos constantemente, a cambio de que cualquier avería se resuelva sola en unos meses.

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El Sol decide cuánto dura lo que pongas ahí arriba

La atmósfera superior no tiene un grosor fijo. Cuando el Sol está activo, la radiación ultravioleta y las tormentas geomagnéticas la calientan y la hinchan, y capas que normalmente están a 250 km se estiran hasta los 400. Un satélite que ayer volaba en un vacío razonable se encuentra de pronto atravesando un aire notablemente más denso, y frena mucho más rápido. Como el Sol tiene un ciclo de unos 11 años, cada satélite en órbita baja vive con una fecha de caducidad variable.

No es teoría. El 3 de febrero de 2022, SpaceX lanzó 49 satélites Starlink a una órbita inicial baja, como hace siempre para poder descartar rápido los defectuosos. Al día siguiente llegó una tormenta geomagnética que ni siquiera era severa, solo moderada. La densidad del aire a esa altura subió lo justo, y el equipo únicamente logró poner a salvo a 11 de ellos: 38 satélites reentraron en la atmósfera y se destruyeron a los pocos días del lanzamiento. Fue el aviso más caro que ha recibido la industria sobre lo que significa operar donde todavía hay aire.

Por qué está ahí casi todo, de todos modos

A pesar del rozamiento, la órbita baja gana por goleada, y los números de 2026 lo dejan claro. Hay del orden de 16.500 satélites activos alrededor de la Tierra, y cerca de 11.000 de ellos —dos de cada tres— son de una sola constelación: Starlink. Para hacerse una idea del cambio, a principios de 2019 los satélites activos no llegaban a 2.000 en total.

Las razones son tres y son contundentes. Llegar hasta ahí cuesta mucho menos energía que a cualquier otra órbita, lo que abarata el lanzamiento y permite meter decenas de unidades en un solo Falcon 9. Estar cerca multiplica el detalle de las imágenes, que es de lo que viven los satélites de observación con fines de inteligencia y buena parte de los sistemas militares en órbita. Y la señal tarda muy poco en ir y volver, que es toda la propuesta de la constelación Starlink y del proyecto Kuiper de Amazon.

ÓrbitaAlturaVuelta completaCuántos hacen faltaSi falla, cae en
Baja (LEO)160-2.000 km90 minutosMiles, para cobertura continuaMeses o años
Media (MEO)2.000-35.000 km2 a 12 horasUnas decenasNunca, en la práctica
Geoestacionaria35.786 km24 horas exactasTres cubren casi todoNunca

Lo que se rompe cuando la órbita se llena

Dos sucesos explican por qué esto preocupa. El 10 de febrero de 2009, el satélite de comunicaciones Iridium 33 y el ruso Cosmos 2251, apagado desde hacía años, chocaron a unos 790 kilómetros de altura y a una velocidad relativa de 11,6 km por segundo. Del impacto salieron más de 1.300 fragmentos catalogados. A esa altura no se limpian solos: seguirán ahí durante siglos.

El 15 de noviembre de 2021, Rusia destruyó con un misil su propio satélite Cosmos 1408, ya inactivo, en una prueba antisatélite. Generó más de 1.500 fragmentos rastreables y miles más demasiado pequeños para seguirlos. La tripulación de la Estación Espacial tuvo que refugiarse en sus naves de escape varias veces mientras la nube de restos cruzaba su órbita.

El escenario que se teme es el llamado síndrome de Kessler: que la densidad de objetos llegue a un punto en el que cada choque genere fragmentos suficientes para provocar otros, en una cascada que haga inutilizable una franja de altura durante generaciones. No estamos ahí, pero la parte alta de la órbita baja —esos 800 kilómetros donde nada se limpia solo— es exactamente donde el margen es más estrecho.

LA DECISIÓN DE 2026

SpaceX anunció en enero de 2026 que bajará unos 4.400 satélites Starlink desde los 550 km hasta los 480 km. El motivo es exactamente el de este artículo: a esa altura, el tiempo que tarda un satélite averiado en reentrar por sí solo cae alrededor de un 80%, de más de cuatro años a unos pocos meses. Es la primera vez que una constelación entera se rediseña usando el rozamiento atmosférico como mecanismo de seguridad.

Lo que todavía no está resuelto

Bajar la altura resuelve la basura pero abre otro frente: cuantos más satélites reentran, más material se vaporiza en la atmósfera superior. Cada uno deja al arder óxido de aluminio y otros compuestos en la mesosfera, y todavía no se sabe con seguridad qué efecto acumulado tiene eso sobre la capa de ozono o sobre el balance de radiación. Con miles de reentradas al año, es una pregunta abierta y seria.

Y luego está lo que nos toca de cerca a quienes miramos el cielo. Las constelaciones en órbita baja reflejan la luz del Sol durante las primeras horas de la noche y dejan trazas brillantes en las exposiciones largas. Los observatorios han tenido que desarrollar programas para predecir los pasos y descartar los fotogramas afectados, y los fabricantes han probado recubrimientos oscuros y viseras con resultados desiguales. No hay todavía una solución que contente a todo el mundo. Puedes ver el resto de tipos de satélite, incluidos los satélites meteorológicos, en la sección de satélites.

Preguntas frecuentes sobre la órbita baja

¿A qué altura está la órbita baja?

Entre unos 160 y 2.000 kilómetros. Por debajo de 160 km el rozamiento impide completar siquiera una vuelta, y a partir de 2.000 km se entra ya en la órbita media. La Estación Espacial vuela en torno a los 400 km y la mayoría de los Starlink, entre 480 y 550.

¿Por qué caen los satélites de órbita baja?

Porque a esas alturas queda atmósfera residual. Es una densidad ínfima, pero un objeto que la atraviesa a 28.000 km/h pierde velocidad de forma continua, va bajando y termina reentrando. Cuanto más baja es la órbita, más denso es el aire y más rápido ocurre.

¿Cuánto tarda en caer un satélite sin motores?

Depende radicalmente de la altura: semanas a 200 km, unos meses a 300, uno o dos años a 400, más de cuatro a 550, décadas o siglos a 800 y miles de años a partir de 1.200 km. También influyen la masa del satélite, su superficie frontal y en qué punto del ciclo solar de 11 años esté el Sol.

¿Cuántos satélites hay en órbita baja?

En septiembre de 2026 hay del orden de 16.500 satélites activos alrededor de la Tierra, y la gran mayoría están en órbita baja. Unos 11.000 pertenecen a Starlink, es decir, dos de cada tres. A comienzos de 2019 el total de satélites activos no llegaba a 2.000.

¿Por qué la Estación Espacial necesita que la empujen?

Porque a 400 km pierde entre 50 y 100 metros de altura al día por el rozamiento con la atmósfera residual. Cada pocas semanas una nave acoplada enciende sus motores para devolverla a su altura de trabajo. Sin esas maniobras reentraría en cuestión de meses.

¿Puede una tormenta solar tirar satélites?

Sí, y ya ha pasado. Las tormentas geomagnéticas calientan e hinchan la atmósfera superior, lo que multiplica el rozamiento a una altura dada. En febrero de 2022, una tormenta ni siquiera severa provocó la reentrada de 38 de los 49 Starlink recién lanzados, a los pocos días del despegue.

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