
En este artículo
- Por qué la altura lo decide todo
- Medio segundo se nota, y mucho
- La apuesta contraria: miles de satélites cerca
- El anillo que no da para todos
- De Telstar a hoy
- Qué cabe esperar
- Preguntas frecuentes sobre los satélites de comunicaciones
- ¿Qué tipos de satélites de comunicaciones hay?
- ¿Por qué tiene tanto retardo el internet por satélite tradicional?
- ¿Cuántos satélites hacen falta para cubrir el mundo?
- ¿Cuántos satélites tiene Starlink?
- ¿Por qué las posiciones geoestacionarias están reguladas?
- ¿Cuál fue el primer satélite de comunicaciones?
Con tres satélites bien colocados se puede dar cobertura a casi todo el planeta. El problema es que están tan lejos que la señal tarda más de medio segundo en ir y volver, y eso arruina una videollamada. La alternativa es acercarlos, pero entonces cada uno ve un trozo diminuto de Tierra y hacen falta miles. Ese dilema —pocos y lejos, o muchos y cerca— explica todo lo que ha pasado con los satélites de comunicaciones en los últimos diez años.
Lo esencial
La variable que manda: la altura. De ella dependen a la vez la cobertura, el retardo y cuántos satélites necesitas.
Tres alturas típicas: geoestacionaria a 35.786 km, media entre 8.000 y 20.000, y baja entre 500 y 1.200.
El coste del retardo: desde la órbita geoestacionaria, la ida y vuelta no baja de 240 milisegundos por pura física, y en la práctica ronda los 600.
Dónde está el negocio ahora: en las constelaciones bajas. Starlink supera los 6.400 satélites operativos y ha pedido permiso para decenas de miles.
Por qué la altura lo decide todo
Un satélite de comunicaciones no hace nada complicado: recibe una señal, la amplifica y la reenvía. Es un repetidor colocado muy alto. Toda la ingeniería del sector consiste en decidir cuán alto, porque de esa única cifra se derivan tres consecuencias que tiran en direcciones opuestas.
Cuanto más alto, más territorio ve. Desde 35.786 kilómetros, un satélite abarca casi un tercio de la superficie terrestre. Desde 550, apenas un círculo de unos pocos cientos de kilómetros de radio.
Cuanto más alto, más tarda la señal. Y esto no se puede optimizar: es la velocidad de la luz. Subir a la órbita geoestacionaria y bajar son casi 71.600 kilómetros, que la luz recorre en 239 milisegundos como mínimo absoluto. Sumando el equipo de tierra, la señalización y el enrutado, la latencia real ronda los 600. Desde 550 kilómetros, ese mismo mínimo físico son 4 milisegundos.
Cuanto más bajo, más deprisa se mueve. Un satélite geoestacionario acompaña la rotación terrestre y parece inmóvil: la antena de tu casa apunta a un punto fijo y no se mueve nunca. Uno en órbita baja cruza el cielo en unos minutos, así que hace falta que otro tome el relevo, y otro después. De ahí salen los miles.
Lo que ganas y lo que pierdes con cada altura
Televisión, radiodifusión, conexiones fijas en zonas remotas
Navegación por satélite y enlaces de capacidad media
Internet de banda ancha con latencia baja
El retardo indicado es el mínimo físico de ida y vuelta a la velocidad de la luz. La latencia real que percibe el usuario es bastante mayor: unos 600 ms en geoestacionaria y entre 25 y 50 ms en órbita baja.
Medio segundo se nota, y mucho
Seiscientos milisegundos suena a nada escrito, pero es exactamente la razón de que hablar por satélite tradicional resulte incómodo. Dices algo, tu interlocutor lo oye medio segundo después, responde, y su respuesta tarda otro medio segundo en llegarte. El resultado es esa conversación entrecortada con pisotones constantes que reconocerás de las conexiones en directo de los telediarios.
Para ver la televisión da igual: la señal va en un sentido y medio segundo de retraso no molesta a nadie. Para navegar por internet ya cuesta, porque cada página encadena decenas de peticiones y cada una paga el peaje. Y para jugar en línea o para una videollamada es directamente inviable. Todo el atractivo de las constelaciones bajas está ahí, y no en la velocidad de descarga.
El detalle completo de esa órbita, incluida la razón de que sea exactamente 35.786 kilómetros y no otra cifra, está en el artículo sobre los satélites geoestacionarios.
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La apuesta contraria: miles de satélites cerca
Bajar la órbita resuelve el retardo y crea un problema logístico enorme. Un satélite a 550 kilómetros solo es visible desde un punto concreto de la Tierra durante unos minutos, así que para que tu antena no se quede sin señal tiene que haber siempre otro entrando por el horizonte. Multiplicado por todo el planeta, eso son miles de unidades.
Durante décadas la idea se consideró inviable por coste. Lo que la ha hecho posible es que lanzar se abarató: cohetes reutilizables y satélites fabricados en serie, pequeños y baratos, diseñados para durar unos cinco años y ser sustituidos. La constelación Starlink supera hoy los 6.400 satélites operativos, tiene autorización para 12.000 y ha solicitado ampliar hasta decenas de miles.
Hay una pieza de ingeniería reciente que merece atención: los enlaces láser entre satélites. En lugar de bajar cada dato a una estación terrestre y volver a subirlo, los satélites se pasan la información entre ellos por haces ópticos, formando una red en el espacio. Eso permite dar servicio sobre el océano o sobre zonas sin infraestructura, donde antes no había forma de cerrar el enlace. Durante 2026 la constelación además está bajando su capa principal de unos 550 a unos 480 kilómetros, en parte para que los satélites averiados reentren antes.
El precio de llenar la órbita baja
Ya hay más de 10.000 objetos activos en órbita baja, y las solicitudes presentadas suman muchos más. Eso trae dos problemas serios: el riesgo de colisiones en cadena, que podría dejar franjas orbitales inutilizables durante décadas, y la contaminación del cielo nocturno para la astronomía, porque estos satélites reflejan luz solar y cruzan las exposiciones largas dejando trazas. Ninguno de los dos está resuelto.
El anillo que no da para todos
Aquí hay algo que casi nunca se cuenta y que condiciona el sector desde hace décadas. La órbita geoestacionaria no es una región amplia del espacio: es un único anillo sobre el ecuador, de unos 265.000 kilómetros de circunferencia. Y dos satélites que emitan en las mismas frecuencias no pueden estar demasiado juntos, porque sus señales se interfieren.
El resultado es que las posiciones de ese anillo son un recurso finito, y hay que repartirlas. Lo hace la Unión Internacional de Telecomunicaciones, asignando a cada país ranuras orbitales y bandas de frecuencia mediante un sistema de solicitudes y coordinación. Es uno de los pocos casos en que la humanidad se ha visto obligada a administrar formalmente un trozo de espacio, y explica por qué conseguir un hueco para un satélite geoestacionario nuevo puede tardar años de trámites.
Las bandas también se reparten según el uso, y ahí aparece un segundo compromiso tan rígido como el de la altura. Las frecuencias bajas atraviesan bien la lluvia pero transportan pocos datos y exigen antenas grandes; las altas dan muchísima capacidad con antenas pequeñas, pero el agua de la atmósfera las absorbe. Por eso una parabólica de televisión aguanta un chaparrón y una conexión de banda ancha por satélite se degrada justo cuando peor viene:
| Banda | Frecuencia | Con lluvia | Para qué se usa |
|---|---|---|---|
| L | 1-2 GHz | Casi inmune | Telefonía por satélite, navegación, balizas de emergencia |
| C | 4-8 GHz | Muy resistente | Enlaces troncales y difusión en zonas tropicales. Antenas grandes |
| Ku | 12-18 GHz | Se degrada con tormenta | Televisión doméstica. Es la de la parabólica de tu tejado |
| Ka | 26-40 GHz | Muy sensible | Banda ancha de alta capacidad y constelaciones de internet |
Ese es el motivo de que las constelaciones de internet usen bandas altas: son las únicas con capacidad suficiente para dar banda ancha a millones de usuarios. Y también de que su servicio empeore de forma perceptible durante una tormenta fuerte, algo que la televisión por satélite, en una banda más baja, apenas nota.
De Telstar a hoy
El primero que funcionó de verdad fue Telstar 1, lanzado el 10 de julio de 1962. No era geoestacionario: daba vueltas a la Tierra en unas dos horas y media, así que solo servía mientras estaba a la vista de las dos estaciones a la vez, en ventanas de unos veinte minutos. Con eso bastó para hacer la primera retransmisión de televisión entre América y Europa, y para que quedara claro que aquello iba a cambiarlo todo.
Dos años después, Syncom 3 se convirtió en el primer satélite geoestacionario operativo y retransmitió los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 a Estados Unidos. Ese modelo —pocos satélites muy altos, antenas fijas apuntando siempre al mismo sitio— dominó el sector durante medio siglo.
Lo curioso es que estamos volviendo, en cierto modo, a la idea de Telstar: satélites bajos que pasan deprisa. La diferencia es que ahora no hay que esperar a la ventana de veinte minutos, porque detrás viene otro. Es la misma órbita que usan los satélites de órbita baja para observar la Tierra, y explica por qué esa franja se ha vuelto tan disputada.
Qué cabe esperar
La geoestacionaria no va a desaparecer. Para difundir la misma señal a millones de receptores a la vez —televisión, radio, avisos de emergencia— sigue siendo imbatible: un solo satélite y antenas baratas que no necesitan moverse. Lo que ha perdido es el mercado de la conexión interactiva, donde el retardo pesa más que la cobertura.
El frente abierto ahora es la conexión directa al teléfono móvil sin antena intermedia, que varias operadoras están probando con satélites de órbita baja. Y el problema pendiente sigue siendo el mismo desde hace años: qué hacer con decenas de miles de objetos en la franja más concurrida del espacio cercano. El resto de usos —desde los satélites meteorológicos hasta los de navegación que hacen funcionar el GPS— comparten ese mismo espacio, igual que los satélites militares y los de vigilancia. Puedes verlos todos en la guía de tipos de satélites.
Sigue explorando el universo
Cada semana un nuevo artículo sobre astronomía y astrofísica. Sin jerga innecesaria.
Preguntas frecuentes sobre los satélites de comunicaciones
¿Qué tipos de satélites de comunicaciones hay?
Se clasifican por su altura. Los geoestacionarios orbitan a 35.786 kilómetros y parecen fijos en el cielo; los de órbita media están entre 8.000 y 20.000; y los de órbita baja, entre 500 y 1.200. Cuanto más alto, más territorio cubre cada satélite y menos hacen falta, pero mayor es el retardo de la señal.
¿Por qué tiene tanto retardo el internet por satélite tradicional?
Por la distancia y la velocidad de la luz. Subir a la órbita geoestacionaria y volver son casi 71.600 kilómetros, que la luz no puede recorrer en menos de 239 milisegundos. Sumando equipos y enrutado, la latencia real ronda los 600 milisegundos, suficiente para estropear una videollamada o una partida en línea.
¿Cuántos satélites hacen falta para cubrir el mundo?
Desde la órbita geoestacionaria bastan tres bien repartidos para cubrir casi todo el planeta, salvo las zonas polares. Desde órbita baja hacen falta miles, porque cada satélite ve un área pequeña y cruza el cielo en pocos minutos: tiene que haber siempre otro entrando por el horizonte para tomar el relevo.
¿Cuántos satélites tiene Starlink?
Más de 6.400 satélites operativos en órbita baja, con autorización para desplegar 12.000 y solicitudes presentadas para ampliar hasta decenas de miles. Durante 2026 la constelación está bajando su capa orbital principal desde unos 550 kilómetros hasta unos 480.
¿Por qué las posiciones geoestacionarias están reguladas?
Porque la órbita geoestacionaria es un único anillo de unos 265.000 kilómetros de circunferencia sobre el ecuador, y dos satélites que usen las mismas frecuencias no pueden estar demasiado próximos sin interferirse. La Unión Internacional de Telecomunicaciones reparte las posiciones y las bandas entre los países mediante un sistema de solicitudes y coordinación.
¿Cuál fue el primer satélite de comunicaciones?
Telstar 1, lanzado el 10 de julio de 1962. No era geoestacionario: orbitaba en unas dos horas y media y solo permitía transmitir durante ventanas de unos veinte minutos, cuando estaba a la vista de las estaciones a ambos lados del Atlántico. Con él se hizo la primera retransmisión televisiva transatlántica.
FUENTES Y PARA SABER MÁS
— Unión Internacional de Telecomunicaciones: registro y coordinación de posiciones orbitales y bandas de frecuencia
— Datos de la constelación Starlink y de su despliegue orbital a 2026
— NASA: misión Telstar 1 (10 de julio de 1962) y Syncom 3, primer satélite geoestacionario operativo


