Misiones espaciales históricas

Mars Pathfinder: aterrizó rebotando y costó 13 veces menos

Llegó a Marte envuelta en airbags, rebotó quince veces y llevó el primer rover a otro planeta. Con un presupuesto trece veces menor que las Viking.

Manuel Sánchez Ruiz Publicado el 27 de diciembre de 2023 Actualizado el 8 de septiembre de 2026 10 min de lectura
Mars Pathfinder - Espacio Entrelazado
Mars Pathfinder - Espacio Entrelazado
En este artículo
  1. Veinte años sin volver
  2. Cómo se aterriza rebotando
  3. Sojourner: el primer vehículo que rodó por otro mundo
  4. Un rover conducido con doce minutos de retraso
  5. La misión que rompió internet antes de que internet existiera del todo
  6. Qué encontró
  7. Pathfinder frente a lo que vino antes y después
  8. Lo que la filosofía barata tuvo de bueno y de malo
  9. Preguntas frecuentes sobre Mars Pathfinder
  10. ¿Cuándo llegó Mars Pathfinder a Marte?
  11. ¿Cómo aterrizó con airbags?
  12. ¿Qué era Sojourner?
  13. ¿Cuánto costó la misión?
  14. ¿Qué descubrió Mars Pathfinder?
  15. ¿Por qué ya no se usan airbags para aterrizar en Marte?

El 4 de julio de 1997, una nave estadounidense llegó a la superficie de Marte a unos 48 km/h, envuelta en una bola de airbags, y rebotó al menos quince veces —uno de los botes la subió quince metros— antes de rodar hasta detenerse. Después se desinfló, se abrió como una flor y dejó salir un vehículo del tamaño de un microondas. La misión Mars Pathfinder hizo todo eso con un presupuesto trece veces menor que el de las Viking de los setenta, y con ello cambió la forma de ir a Marte.

Lo esencial

Qué fue: un módulo de aterrizaje y el primer rover que rodó por otro planeta. Lanzada en diciembre de 1996, aterrizó el 4 de julio de 1997.

Lo que estrenó: el aterrizaje con airbags, sin orbitar antes. Se usó después en Spirit y Opportunity.

Lo que costó: unos 265 millones de dólares, frente a más de 3.000 millones de las Viking ajustados a inflación.

El dato inesperado: su web batió el récord de internet de la época con 566 millones de accesos en un mes.

Veinte años sin volver

Para entender por qué esta misión importó tanto hay que recordar el hueco que llenó. Las dos Viking habían aterrizado en 1976 y funcionado durante años, pero después de ellas Estados Unidos no volvió a poner nada en la superficie de Marte. Las Viking habían costado una fortuna, tardado seis años en desarrollarse y consumido buena parte del presupuesto planetario de la década.

El resultado fue una parálisis de dos décadas, agravada en 1993 cuando la sonda Mars Observer se perdió sin dejar rastro tres días antes de llegar, llevándose con ella casi mil millones de dólares. La pregunta en la NASA de los noventa era si se podía ir a Marte de otra manera: con misiones más pequeñas, más baratas y más frecuentes, aceptando que alguna fallara.

Esa filosofía, que se resumía en tres palabras —más rápido, mejor, más barato—, necesitaba una demostración. Pathfinder fue esa demostración, y salió bien.

Cómo se aterriza rebotando

Lo que abarató la misión fue, sobre todo, prescindir de pasos. Las Viking entraron primero en órbita marciana, estudiaron el terreno durante semanas y solo entonces soltaron sus módulos, que descendieron con retrocohetes hasta posarse suavemente. Todo eso requiere combustible, tiempo y un sistema de propulsión preciso, y cada una de esas tres cosas cuesta dinero.

Pathfinder entró directamente desde la trayectoria interplanetaria, sin frenar para orbitar. Y en lugar de posarse con suavidad, se protegió a lo bruto.

Los cinco minutos del descenso

1

Entrada directa

Sin orbitar antes. El escudo térmico frena la nave desde velocidad interplanetaria.

2

Paracaídas

Se abre en una atmósfera cien veces más tenue que la terrestre, donde frena mucho menos.

3

Se inflan los airbags

Cuatro lóbulos de tejido reforzado envuelven por completo el módulo en menos de un segundo.

4

Retrocohetes y corte del cable

Frenan a unos veinte metros del suelo y la bola se suelta en caída libre.

5

Quince rebotes

Toca el suelo a unos 48 km/h. El primer bote la eleva quince metros. Rueda casi un kilómetro.

Todo el proceso, desde la entrada hasta el reposo, dura poco más de cuatro minutos y se ejecuta solo: la señal tarda demasiado en llegar para controlarlo desde la Tierra.

La ventaja del sistema no es solo el precio: también tolera terrenos peores. Un aterrizaje propulsado necesita una superficie razonablemente plana y libre de rocas grandes; una bola de airbags puede caer sobre pedregales que arruinarían cualquier tren de aterrizaje. Eso amplió enormemente la lista de sitios donde se podía intentar. La parte que sigue siendo delicada es el escudo térmico, que tiene que aguantar la entrada de todos modos.

Sojourner: el primer vehículo que rodó por otro mundo

El módulo aterrizado se rebautizó Estación Conmemorativa Carl Sagan, pero la estrella fue lo que llevaba dentro. Sojourner pesaba 10,6 kilos, tenía el tamaño de un microondas y seis ruedas, y fue el primer vehículo que se desplazó por la superficie de un planeta que no es el nuestro.

Sus prestaciones, vistas hoy, dan ternura. Su velocidad máxima era de un centímetro por segundo. Nunca se alejó más de una decena de metros del módulo, porque dependía de él para comunicarse con la Tierra, y en toda su vida operativa recorrió algo más de 100 metros en total. Su misión estaba planificada para siete días y funcionó 83 soles, casi tres meses marcianos.

Pero lo que hizo fue exactamente lo que había que demostrar: que un vehículo podía moverse por Marte, acercarse a una roca concreta elegida desde la Tierra, apoyar un instrumento contra ella y analizarla. Sin ese ensayo de 100 metros no habría existido después ni el rover Curiosity ni el Perseverance, que ya recorren decenas de kilómetros.

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Un rover conducido con doce minutos de retraso

Hay un problema en toda esta historia que conviene explicar porque no es evidente: Sojourner no se pilotaba. Cuando Marte y la Tierra estaban en la configuración de aquel verano, una orden tardaba del orden de diez minutos en llegar, y la confirmación de que se había ejecutado, otros tantos en volver. Conducir en tiempo real era físicamente imposible.

La solución fue trabajar por jornadas. Cada mañana marciana, el equipo recibía las imágenes del día anterior, decidía adónde debía ir el rover, calculaba la secuencia completa de movimientos y se la enviaba entera. Sojourner la ejecutaba sola durante horas, con sensores de contacto y un sistema rudimentario para detectar obstáculos y detenerse si algo no cuadraba. Al día siguiente se veía qué había pasado.

Ese modo de operar —planificar un día entero, enviarlo, esperar y ver el resultado— es el que siguen usando todos los vehículos marcianos, con más autonomía a bordo pero la misma lógica. Y explica por qué recorrer cien metros costó semanas: no era lentitud del vehículo, sino del ciclo de decisión.

La misión que rompió internet antes de que internet existiera del todo

Hay un aspecto de Pathfinder que no era técnico y que resultó igual de influyente. La NASA decidió publicar las imágenes en su web casi en tiempo real, sin esperar a ruedas de prensa ni a la televisión, en un momento en que la web era todavía una novedad para el gran público.

El resultado desbordó todas las previsiones: unos 566 millones de accesos en el primer mes, con 47 millones solo el 8 de julio. Fue, con diferencia, el mayor acontecimiento de internet hasta la fecha, y hubo que montar servidores espejo por medio mundo para aguantar el tirón.

Aquello enseñó algo que hoy se da por descontado y entonces no: que hay muchísima gente interesada en ver Marte, si se le enseña sin intermediarios y en cuanto llega la imagen. Toda la política de comunicación actual de las agencias espaciales viene de comprobarlo aquel verano.

Qué encontró

El lugar de aterrizaje no se eligió al azar: Ares Vallis es la desembocadura de un canal enorme por el que, según todos los indicios, corrió agua en algún momento del pasado marciano. La idea era que una inundación antigua habría arrastrado hasta allí rocas de muchos sitios distintos, ofreciendo un muestrario geológico gratis.

Funcionó. Sojourner encontró rocas redondeadas y cantos que parecían conglomerados, el tipo de formas que produce un líquido al arrastrar y pulir material durante mucho tiempo. Junto a las medidas de composición del espectrómetro, aquello reforzó la idea de que Marte tuvo agua líquida en superficie y un clima muy distinto del actual.

La estación meteorológica del módulo, además, registró durante casi tres meses la presión, la temperatura y el viento, capturando remolinos de polvo y ciclos diarios de temperatura de varias decenas de grados. Sigue siendo una de las series de datos de superficie más citadas sobre el clima del planeta rojo.

Pathfinder frente a lo que vino antes y después

MisiónAñoCómo aterrizóMovilidad
Viking 1 y 21976Orbitando primero y con retrocohetesNinguna: fijos
Mars Pathfinder1997Entrada directa y airbags100 metros en 83 soles
Spirit y Opportunity2004Airbags, heredados de PathfinderDecenas de kilómetros
Curiosity y Perseverance2012 y 2021Grúa aérea: demasiado pesados para airbagsDecenas de kilómetros

La tabla cuenta una historia de escalada: los airbags funcionaron tan bien que se repitieron con Spirit y Opportunity, pero tienen un límite de masa. Cuando los rovers pasaron a pesar toneladas hubo que inventar otra cosa, y de ahí salió la grúa aérea que baja el vehículo con cables. Pathfinder es el eslabón que hizo posible pensar en todo eso, y ocupa un sitio propio en el recuento de todas las misiones enviadas a Marte.

Lo que la filosofía barata tuvo de bueno y de malo

Conviene no idealizar el modelo. La misma política que produjo Pathfinder produjo también dos fracasos sonados poco después: en 1999 se perdieron seguidas la Mars Climate Orbiter, por una confusión entre unidades del sistema métrico e imperial, y la Mars Polar Lander. Los recortes de presupuesto habían reducido las revisiones cruzadas que habrían pillado ese tipo de error.

De aquel golpe salió una corrección de rumbo hacia un punto intermedio, que es donde sigue el programa: misiones más frecuentes que en tiempos de las Viking, pero con controles de calidad que no se sacrifican. Y hay un aprendizaje que se mantuvo intacto: probar cosas nuevas en misiones pequeñas y baratas antes de apostar por ellas en las grandes. Es exactamente lo que se hizo veinticinco años después con el helicóptero Ingenuity.

Un último apunte que suele olvidarse: llegar a Marte no depende solo del dinero sino del calendario. La ventana de lanzamiento favorable se abre cada veintiséis meses, así que un retraso de unas semanas puede costar dos años de espera. Es el mismo problema que condiciona los viajes a Júpiter y al sistema solar exterior. Puedes ver el resto en la sección de misiones espaciales históricas.

Preguntas frecuentes sobre Mars Pathfinder

¿Cuándo llegó Mars Pathfinder a Marte?

Aterrizó el 4 de julio de 1997 en Ares Vallis, tras despegar en diciembre de 1996. La fecha se eligió a propósito para que coincidiera con el día nacional estadounidense, y el módulo se rebautizó después como Estación Conmemorativa Carl Sagan.

¿Cómo aterrizó con airbags?

Entró directamente desde la trayectoria interplanetaria, frenó con escudo térmico y paracaídas, infló cuatro lóbulos de airbags que la envolvieron por completo, cortó el cable y cayó libre. Tocó el suelo a unos 48 km/h y rebotó al menos quince veces, con un primer bote de unos quince metros de altura, antes de rodar casi un kilómetro.

¿Qué era Sojourner?

El primer rover que rodó por otro planeta: 10,6 kilos, seis ruedas y el tamaño de un microondas. Se movía a un centímetro por segundo y no se alejaba más de unos metros del módulo, del que dependía para comunicarse. Recorrió algo más de 100 metros en 83 soles, cuando estaba diseñado para durar siete días.

¿Cuánto costó la misión?

Unos 265 millones de dólares, aproximadamente trece veces menos que las Viking de 1976 ajustadas a inflación, que superaron los 3.000 millones. Ese abaratamiento venía de prescindir de la fase orbital previa y del aterrizaje propulsado, sustituido por airbags.

¿Qué descubrió Mars Pathfinder?

Rocas redondeadas y conglomerados que apuntan a la acción de agua líquida en el pasado, medidas de composición del suelo con un espectrómetro y casi tres meses de datos meteorológicos continuos, incluidos remolinos de polvo y ciclos térmicos de varias decenas de grados entre el día y la noche.

¿Por qué ya no se usan airbags para aterrizar en Marte?

Porque tienen un límite de masa. Funcionaron con Pathfinder y con Spirit y Opportunity, pero cuando los rovers pasaron a pesar toneladas el sistema dejó de ser viable y hubo que desarrollar la grúa aérea, que sostiene el vehículo con cables mientras un módulo con retrocohetes se mantiene suspendido encima.

Cien metros que hicieron posibles los cincuenta kilómetros de después

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